22 de agosto 2001 - 00:00

Hacia una Argentina "sostenible"

La Alianza creada por el doctor Alfonsín y la izquierda vernácula han logrado lo que hasta hace poco parecía una tarea imposible: humillar a la República Argentina, poniéndola de rodillas frente a la comunidad de las naciones.

En esta tarea ha ayudado, sin duda, el diagnóstico erróneo y la arrogancia de Domingo Cavallo. Sólo a Cavallo y a Alfonsín puede ocurrírseles pedir el apoyo económico a los EE.UU. a la vez que se critica a los intelectuales conservadores de derecha que representan la base ideológica del partido gobernante de ese país. Tan bajo hemos caído que debemos solicitar llamados de países amigos intercediendo ante organismos financieros y los EE.UU. para que no nos dejen caer porque contagiamos.

No debe sorprender que estemos como estamos cuando estos dos personajes han liderado el debate ideológico de la Argentina durante los últimos 20 años. El fin de esta historia encuentra a Alfonsín y Cavallo tristemente juntos, finalmente compartiendo su antagonismo ideológico hacia los mercados, el liberalismo y los EE.UU. Estos hombres, tanto en sus ideas dirigistas como en sus métodos personalistas, han fracasado y vuelto a reincidir. Sólo un voto democrático y masivo de repudio hacia sus tristes roles podrá apartarlos de la política, al menos por un tiempo suficiente como para que el país pueda recomponerse a través de un cambio genuino.

Contradicción

Las ideas básicas del cambio serían las contrarias a la que nos han llevado a la situación actual. Obviamente la solución no es pedir prestado ni culpar al pasado. Yo creo que la base del problema es que los argentinos pretendemos tener instituciones correspondientes a una economía capitalista de mercado a la vez que elegimos políticos que demagógicamente despotrican abiertamente contra el capitalismo y los mercados. Como el crecimiento en el capitalismo se basa en la inversión y ésta requiere confianza en la continuidad de las reglas básicas del capitalismo, es obvio que la inconsistencia entre la realidad económica y el discurso político lleva al colapso del sistema.

El capitalismo no es inconsistente con izquierdas y derechas moderadas que respeten las reglas básicas del sistema. Todos los países capitalistas tienen un sistema altamente progresivo de impuestos y un gasto social importante y eficiente sin que colapse. De hecho, los pobres están mucho mejor en los países capitalistas que en las economías «progresistas». Los argentinos cuando pueden emigrar (votar con los pies) lo hacen a países capitalistas, no a Afganistán o Cuba. El «capitalismo salvaje» es un cuco usado por la izquierda vernácula para asustar y confundir a la población.

Nuevos políticos

En síntesis, la idea básica del cambio argentino sería que aparezcan nuevos políticos que acepten las reglas de juego del sistema capitalista de mercado y pasen a discutir temas más serios como la progresividad versus la eficiencia de los impuestos y el nivel, calidad y composición del gasto social.

Alrededor de este núcleo deberían orientarse una fuerza política «pro social» y otra «pro negocios» como en la mayoría de los países civilizados. Esto sería un cambio dramático respecto de la Argentina actual en la que todas las fuerzas políticas importantes son de centro, nacionalistas y progresistas.

El cambio político generará la credibilidad y confianza que requiere la vuelta del crecimiento.

Recomiendo implementar un ajuste fiscal a lo largo de la «economía de la oferta» que tanto bien hizo a los EE.UU. durante el gobierno de Ronald Reagan. No hacen falta soluciones drásticas ni políticas discrecionales activas. Sí se requieren reglas claras e iguales para todos los agentes económicos.

Deben reducirse significativamente impuestos y todo gasto público político y subsidios que no estén directamente asociados con la pobreza, la salud, la seguridad y la educación básica: me refiero a la racionalización de la administración pública eliminando todos los cargos políticos innecesarios, revisión de gastos en subsidios de exportación (incluyendo a los puertos patagónicos), del Fondo del Tabaco, de la Biblioteca del Congreso, de los bancos estatales, de los subsidios al cine, teatro, recitales de música, Teatro Colón, radios estatales, subsidios a la educación superior, etc. Debe rediseñarse la política de seguridad interna y externa a la luz de las nuevas reglas de juego de la economía globalizada. Por otro lado, es fundamental reforzar pilares básicos del gasto social como son la educación básica, hospitales públicos y seguridad. Es también importante desregular completamente el mercado laboral y eliminar de cuajo todo tipo de impuesto al empleo.

Alianza

Respecto de la macroeconomía recomiendo cimentar nuestra alianza con el mundo capitalista a través de fortalecer la convertibilidad (la Caja de Conversión, versión 1991, que tan bien funcionó hasta 2001 cuando fue modificada) tratando de llegar a un acuerdo monetario con los EE.UU. y abrir la economía iniciando negociaciones que nos lleven a ingresar como socios plenos al NAFTA. Inmediatamente derogaría la Ley de Convertibilidad Ampliada que introduce al euro en la canasta de monedas.

Mantendría el principio de Déficit Cero a través de una prohibición legal al nuevo endeudamiento estatal. Sin embargo, creo que la disminución horizontal de gastos en caso de haber faltante de ingresos atenta contra una administración eficiente y equitativa del Estado. Frente a una crisis transitoria no es lo mismo disminuir las jubilaciones o sueldos de los policías que disminuir el gasto en una obra pública o en el Teatro Colón. El proyecto de presupuesto 2002 debe instrumentar el Déficit Cero de manera sostenible, creíble y justa. Esto requiere repensar el gasto público argentino.

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