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Hay 5.000 policías afectados a cuidar políticos y jueces
•Café a domicilio
«Ya no vienen.Antes se pasaban horas hablando y tomando café, pero últimamente ya ni se los ve. Ahora sólo mandan a pedir el café para que se lo llevemos a sus despachos. Por supuesto, a crédito», comentó el mozo de un bar de la calle Rivadavia.
El miedo de los legisladores empezó a evidenciarse tras el secuestro express en el conurbano bonaerense de Fernando Menem, hijo del senador Eduardo Menem. No fue el primer caso que tocó a un político, antes tuvo lugar el asalto express a Gabriela González Gass, una funcionaria del gobierno de Aníbal Ibarra. Previo a la actual ola, hubo un sangriento asalto a la casa de Eduardo Menem, donde murió un policía.
Ayer, con cierto espanto, asesores y colaboradores de los diputados, a espaldas de sus jefes, realizaban una cronología de los casos de inseguridad que tuvieron como protagonistas a políticos: el robo a Fernando «Aíto» de la Rúa; el asalto al diputado del ARI Eduardo Macaluse, al senador neuquino por el PJ Sergio Gallia; al hijo del presidente de la Cámara de Diputados bonaerense Osvaldo Mércuri; el asalto a la flamante ministra de Educación de Tucumán, Olga Morales, cuando se dirigía a la ceremonia de asunción de su cargo en la Casa de Gobierno, y a Ignacio García Mena, hijo del secretario de Gobierno tucumano.
•Privatización
«Se están acercando», razonaba ayer una coqueta secretaria del Palacio Legislativo mientras degustaba un humeante café de máquina.
Hace unos meses, en el Congreso se discutió sobre los beneficios de contratar a una empresa privada para custodiar a los legisladores una vez que abandonaran el palacio de las leyes. Más aún, la seguridad alcanzaba a las esposas de diputados y senadores, para quienes se ofrecía personal femenino especialmente entrenado para acompañarlas cuando salieran de shopping. Dicen que la propuesta finalmente no prosperó.
Se asegura oficialmente que sólo dos hombres del Congreso tienen custodia oficial. Se trata del presidente provisional del Senado y virtual vicepresidente de la Nación, Juan Carlos Maqueda, y el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño. A ellos se les asignó un auto oficial y dos hombres para cada uno especialmente entrenados.
•En auto
Se dice que el celo puesto en la seguridad de Camaño es tanto, que sus guardaespaldas no lo dejan ni siquiera cruzar la calle. Se comentaba ayer que cuando Camaño quiere dirigirse hasta el anexo del Senado (que está cruzando la calle Entre Ríos), un auto sale de la cochera del anexo de Diputados, que está sobre Riobamba, cruza Rivadavia, entra por Combate de los Pozos, toma por Yrigoyen, gira por Entre Ríos y llega nuevamente a Rivadavia, donde Camaño es introducido en el vehículo en menos de 30 segundos. Es decir que para hacer 200 metros el vehículo recorre 600.
En la seccional de la Policía Federal, ubicada en cercanías de Las Heras y Callao, hay una envidiable larga lista de funcionarios a los cuales las fuerzas de seguridad tienen la obligación de proteger. «Si todos esos policías no tuvieran esa función, ahora estarían en las calles previniendo los delitos», se confesó una fuente policial.
Los casos no dejan de sorprender. Hay un legislador que utiliza un Renault 18 y que obligó a sus choferes a concurrir en jeans y zapatillas. Y cada vez que se ve en peligro, recurre a una acuñada frase para evitar problemas: «Soy de vialidad y también estoy c... de hambre».
Otro que tiene problemas es el ministro de Seguridad y Justicia bonaerense, Juan Pablo Cafiero. Hace pocos días envió 30 cartas a funcionarios, legisladores y jueces federales aconsejándoles que «devuelvan» los dos agentes y patrulleros que tienen asignados como custodia, a los cuales también se les paga el combustible. En realidad, pocos respondieron a la demanda del polémico ministro; la mayoría teme que puedan ser blanco de los delincuentes, que en el conurbano no tienen control. Inclusive, un juez que vive en un country se amparó en sus derechos y fueros para justificar su postura negativa.
Otro de los que llevan fuerte custodia es el ex presidente Raúl Alfonsín, que tiene tres custodios por turno, de 8 horas, con dos autos afectados por la Federal a su protección. Más discreto, Carlos Menem sólo tiene un hombre como custodia personal, aunque el ex presidente suele mover hasta seis autos en situaciones que considera de riesgo.


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