26 de febrero 2001 - 00:00

La dama que heredará a Caputo

La diputada frepasista Adriana Puiggrós reemplazará al social-alfonsinista Dante Caputo como nueva secretaria de Ciencia y Técnica, cartera que enfrenta un futuro de desguace y hasta perderá el pomposo rótulo de Secretaría para la Tecnología, la Ciencia y la Innovación Productiva. Todo ese lema se lo lleva Caputo a la casa.

La diputada se entrevistó durante la semana anterior con Chrystian Colombo luego de una consulta que hizo con Chacho Alvarez, quien le indicó que la persona patrocinada por el Frepaso era la de Puiggrós. En esas entrevistas, el jefe de Gabinete la impuso de la idea del gobierno de desarmar la secretaría y derivar sus oficinas de esta manera: el área de informática irá a manos de Henoch Aguiar, secretario de Comunicaciones y promotor final del despido de Caputo; el Conicet y la estructura de la vieja secretaría de Ciencia y Técnica (edificio de la avenida Córdoba de la Capital Federal) irá al Ministerio de Educación, de Hugo Juri, y allí radicará la dependencia de la nueva funcionaria; la Comisión Nacional de Energía Atómica, que preside Aldo Ferrer, irá a la Jefatura de Gabinete.

El sábado, De la Rúa habló con Puiggrós y le ofreció el cargo, que ella aceptó de inmediato. Hoy, Puiggrós visitará al Presidente acompañada por Colombo para repasar los borradores de decreto con los cambios que harán en la secretaría y convenir el día (probablemente ma-ñana) y hora de la toma de posesión del cargo.

Puiggrós
es una investigadora en ciencias sociales especializada en historia de la educación. Tiene el grado máximo de doctora obtenido en la Universidad de México, país adonde se exilió después de 1976. Antes de esa fecha, se desempeñó como interventora en la facultad de Filosofía y Letras de la UBA bajo el rectorado de Vicente Solano Lima (su padre fue también rector de esa casa en mismo turno 1973-76).

Puiggrós
ha mantenido su tarea política con un perfil bajo, tanto que hoy no se conoce profesión de fe ideológica, salvo su militancia en el Frepaso. Nunca negará su pertenencia al campo popular ni su referencia vaga al socialismo de antaño. Pero no mucho más. Fue convencional en Santa Fe para reformar la Constitución en 1995 y desde 1997 ocupa una banca de diputada nacional, que seguramente resignará como lo han hecho otros frepasistas que asumieron cargos en el Ejecutivo (como Enrique Martínez, hoy secretario de Py-MEs, o Nilda Garré, en la Secretaría de Interior).

En esa banca, Puiggrós trabajó en un proyecto de ley de ciencia que rescata la existencia del Conicet y busca incentivar la inversión privada en ciencia. Algo que en la letra se diferencia del proyecto que intentó llevar a cabo Caputo desde su cargo. El ex canciller buscaba fusionar el sistema del Conicet con el de las universidades y auspiciar desde el Estado los negocios de informática e Internet. Por eso, Puiggrós se ubicó en las antípodas de Caputo aunque buscó no confrontar públicamente en el debate que se produjo el año pasado.

A diferencia de Caputo, Puiggrós pertenece a la comunidad científica, es investigadora de carrera del Conicet y es profesora titular de la UBA. Una de las razones del fracaso de Caputo en ese cargo fue no tener esos antecedentes ni una dedicación anterior a la investigación. Eso lo reconoció el propio De la Rúa el viernes en Comodoro Rivadavia, cuando admitió que una de las razones de la renuncia había sido la falta de credibilidad del ex funcionario entre los científicos.

Puiggrós
suma ese hecho de ser miembro de la comunidad científica a su posición en favor de la existencia del Conicet y de su convivencia en las universidades. Cree, además, en la necesidad de alentar más la tarea de investigación en las universidades y liberarlos de la burocracia que muchas veces los agobia. «Hay que aliviarlos de todo el papelerío», dijo ayer a este diario. Limita esa condición en la convivencia dentro del sistema científico el pertenecer a las ciencias sociales, un área a la que otros sectores, como el de las ciencias experimentales, le restan entidad científica. Por eso reclaman, con notable exageración, como un derecho innato la conducción para sí de todos los organismos de investigación.

Puiggrós
encarna, además, una especie en extinción en la cultura argentina, que es la del científico que no resigna su actividad y la hace compatible con la tarea política. De hecho, Puiggrós es la primera secretaria de Ciencia y Técnica en la última década que es investigadora científica, algo que hubiera sido un requisito deseable en un área donde la competencia técnica es inexcusable. Otra rareza es que Puiggrós ha publicado 15 libros con su firma y otros 30 en colaboración, algo que desentona en un país que no le exigió un récord equiparable a sus antecesores y que ha consagrado al intelectual oral (sin obra escrita, como Julio Bárbaro, Raúl Matera, Domingo Liotta, Dante Caputo, Darío Lopérfido o Jorge Telerman) como inquilino casi obligado de las oficinas que administran la ciencia y la cultura.

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