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La Justicia pone en jaque a Ibarra por los ruidos molestos
Galella reseñó que los su casa se transformó en una extensión del fukin-bar hostigándola, impidiendo su concentración, vulnerando su descanso, y negán-dole la normalidad en su vida social y de relación. «La actividad ilegal del bar sumada a la inoperancia de la administración hacen de mi vida un auténtico calvario», subrayó la denunciante.
Efectivamente, el juez actuante Guillermo Pablo Treacy luego de corroborar la denuncia de Galella hizo lugar a la medida cautelar y ordenó al bar que «se abstenga de ejecutar música (ya sea mediante espectáculos en vivo o la reproducción de música sonora) a partir de las 24 hasta su cierre durante todos los días de la semana». Una medida que debía mantenerse hasta tanto se dictara una sentencia definitiva y se encontrara firme. Además, le ordenó al Gobierno de la Ciudad que fiscalice el cumplimiento de la medida judicial.
• Multas
Hasta allí el problema parecía resuelto, y se suponía que Gale-lla iba a recuperar la paz de su hogar. Sin embargo nada de esto sucedió.
«The Glam» -según la Justicia-siguió reproduciendo música más allá de los horarios permitidos y el gobierno no verificó que esto siguiera ocurriendo. En consecuencia, la Justicia decidió penar al propietario del bar con una multa de $ 500 y a la Dirección General de Verificaciones y Habilitaciones del Gobierno por ser solidariamente responsable. Monto que después se elevó a $ 1.000 al detectarse una nueva infracción.
Pero resultó que el pasado 9 agosto se volvió a comprobar que el negocio incumplió la orden judicial, por lo que el magistrado decidió dar intervención a la Justicia Penal, ante la sospecha de que se cometió un delito de acción pública.
«Durante este tiempo lo que pretendimos fue que cesara esta irregularidad. No nos in-teresa que lo clausuren y dejen 20 familias sin trabajo, pero aquí se han incumplido permanentemente», sostuvo a Ambito Financiero Andrés Nápoli, abogado de los demandantes.
Ahora Galella y varios vecinos que adhirieron a la demanda esperan la sentencia definitiva de este caso. Si la Justicia le da la razón se avecina una avalancha de denuncias, no sólo contra ruidos molestos, sino por las decenas de ordenanzas que actualmente el gobierno no hace cumplir. Entre ellas, el expendio de bebidas alcohólicas a menores, el funcionamiento de algunos quioscos convertidos en minisupermercados y hasta la venta ambulante.


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