24 de julio 2002 - 00:00

Los 100 barrios, sin voz: murió Castillo

Alberto Castillo, que murió ayer en el Sanatorio Bazterrica a los 86 años, había nacido el 7 de diciembre de 1914 como Alberto de Lucca en Mataderos, y aunque había cantado como Alberto Dual con el guitarrista Armando Neira, Julio De Caro, Augusto P. Berto y Mariano Rodas, descolló como cantante popular, especialmente tanguero, desde la década del '40, ya como Alberto Castillo, cuando junto a un grupo de estudiantes de medicina, como él mismo lo era, formó la Orquesta Típica Los Indios, dirigida por el dentista-pianista Ricardo Tanturi.

Hablar de Castillo, el cantor de los cien barrios porteños, es referirse a quien se convirtió en showman cuando esa palabra aún era desconocida. Es hablar, como decía Aníbal Troilo, del «único cantor que nunca desafinó».

Desde Tanturi hasta Los Auténticos Decadentes, la trayectoria de Castillo se nutrió de innumerables éxitos que lo llevaron a protagonizar como galán, «pese a esta pinta que no me ayudaba mucho» como él mismo decía, nada menos que diez películas, una de ellas, «El tango vuelve a París», acompañado por Pichuco.

Desde la orquesta de Tanturi impuso un estilo que marcaría toda su carrera: con corbatas anchas y el pañuelo volador en el bolsillo superior del saco, fue el primero en no esperar sus entradas detrás del piano sino que se mantuvo siempre en el frente del escenario.

Como solista, acompañado por formaciones que dirigieron Emilio Balcarce y Angel Condercuri, creó verdaderos espectáculos al incorporar a los «negros candomberos» que lo acompañaban con sus bailes y tamboriles. Tangos, candombes, marchas, canciones peruanas, pasodobles, todos los ritmos fueron abordados por el médico cantor que en 1993 tuvo su último gran éxito, cuando Los Auténticos Decadentes lo convocaron para grabar «Siga el baile».

Sus anécdotas son innumerables, desde aquella cuando obligó a que se cortara el tránsito en la avenida Corrientes durante una actuación de 1944 en el Teatro Presidente Alvear. Casado con Ofelia Oneto, alguien le preguntó alguna vez: «¿Cómo un reo como vos pudo conquistar a una piba de la sociedad?». Y él le contestó: «Con el chamuyo, pibe, con el chamuyo».

La desaparecida «Radio Belgrano» lo tuvo entre sus principales figuras y también fue protagonista de los comienzos y el desarrollo de la televisión argentina. Recorrió América latina en largas giras, siempre acompañado por el éxito que sirvió para que el cantor postergara al médico ginecólogo, aunque siempre conservó el consultorio en el mismo edificio en que vivió, en la calle Riobamba, a dos cuadras del Congreso.

Hace unos años dijo, sin falsa modestia, que se sentía plenamente realizado, como artista, como profesional y como hombre.
«Con esta pinta fui hasta galán de cine. Como médico no me puedo quejar, como hombre siempre estuve casado con la misma mujer y con ella tengo tres hijos maravillosos.»

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