2 de enero 2003 - 00:00

Melancolía bonaerense en una Brasilia carnavalesca

Duhalde aprovechó la asunción de Lula para escuchar del propio Hugo Chávez un informe sobre la situación en Venezuela.
Duhalde aprovechó la asunción de Lula para escuchar del propio Hugo Chávez un informe sobre la situación en Venezuela.
Hombres pasablemente melancólicos, Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín contemplaron con ojos extrañados el espectáculo de la asunción de Luiz Inácio Lula Da Silva, ayer, en Brasilia. La ceremonia fue descripta por el titular de la cámara industrial de Sao Paulo como «bagunca» festiva, es decir, un «quilombo alegre» por dar la versión más aproximada. Pero los dos argentinos más destacados entre los invitados por Lula confesaron, cada cual a su turno, que las ceremonias les habían resultado demasiado largas y, por momentos, aburridas. Esa melancolía bonaerense, contrastó con el clima electrizado que se vivió en la capital de Brasil.

En su paso por la ceremonia, Duhalde cosechó, sin embargo, un par de fotos para recordar. Breve intercambio de palabras con Fidel Castro, un informe de Hugo Chávez sobre la tensión en Venezuela y, una vez más, la noticia de Robert Zoellick -representante comercial de los Estados Unidos- acerca de que el G-7 ya aprobó políticamente el acuerdo del Fondo Monetario Internacional con la Argentina.

Duhalde viajó a Brasil en el Tango 01 acompañado por Alfonsín, Carlos Ruckauf y Aníbal Fernández. Se podría suponer que con tantas incógnitas políticas por despejarse, desde la posibilidad de tratar la ley de lemas en el Congreso hasta el desenlace incierto de la interna radical, la charla con el caudillo radical sería imperdible. Pero, según todas las versiones, casi no se cruzaron palabra.

Don Raúl se hizo acompañar por su hija Marcela, quien seguiría con él de viaje con la excusa de otra reunión de la Internacional Socialista. Y durante la travesía se enfrascó en una larga conversación con el ministro Fernández acerca de los proyectos del Ministerio de la Producción. ¿Algún pedido especial para Chascomús? Seguramente ya que antes que otra cosa Alfonsín es un lobbysta empecinado.

Llegados a Brasilia, los funcionarios se dirigieron al palacio de Itamaraty, para participar del besamanos de Fernando Henrique Cardoso, quien se despedía del poder y, breve-mente, de Brasil para viajar a París durante un par de meses. Allí se cruzaron un par de formalidades con diplomáticos brasileños, en general fríos con la comitiva argentina dada la animadversión que en esa casa sienten por Ruckauf: siempre recuerdan que, siendo gobernador de la provincia de Buenos Aires, propuso la ruptura del Mercosur y acusó a los brasileños de todos los males nacionales. En cambio Alfonsín aprovechó para saludar a su amigo Celso Lafer, el canciller de Cardoso, especialista en Annah Harendt, una de las pasiones intelectuales del ex mandatario.

• Impresionado

Desde ese edificio, en el que se encuentra el mejor despacho de Brasilia (es la oficina de Lafer, que el propio presidente reclamó en vano para sí durante todo su mandato), los argentinos se dirigieron al Palacio del Planalto, para asistir a la transmisión del mando. Duhalde quedó impresionado con la dimensión del «eje monumental», que es la gran avenida que organiza la disposición de los edificios públicos de la ciudad. Más todavía lo embriagó la visión de la multitud: un carnaval cívico, de banderas verdes, amarillas y, ahora, con el ascenso del PT, también coloradas. Allí el Presidente aprovechó para hacer sociales con algunos invitados de Lula, también provenientes de Buenos Aires. Saludó a Elisa Carrió, también a Estela de Carlotto. De Víctor De Gennaro se mantuvo alejado, por más que a Duhalde le resulta uno de los sindicalistas más familiares. Alfonsín, por su parte, no se perdió detalle de la ceremonia con la guía de su amigo Alberto Ferrari Etcheberri, un lulista exótico, que fue funcionario de Fernando de la Rúa pero, al mismo tiempo, suele afirmar que «la llegada de Lula al poder es lo más importante que pasó en América latina desde la revolución cubana».

Gracias a Ferrari, Don Raúl tuvo acceso a datos que a Duhalde le eran negados: por ejemplo, la identificación de la plana mayor del PT, en general integrada por legisladores que no pisaban la Casa de Gobierno brasileña desde hace 8 años.

Simpatía y brillo hubo en la ceremonia, en la que Cardoso dio la nota al pasar la banda a su sucesor: se enredó, dejó caer los anteojos al piso, quiso levantarlos y se topó con la cabeza de Lula, en fin, dio ocasión a salir del protocolo que es lo que más le gusta a un brasileño en estos casos. Entre los invitados especiales, mientras tanto, Alicia Castro no se perdía detalle detectando «celebrities». Desde el genial Djavan hasta la incomparable-mente frívola Vera Loyola, pasando por el teólogo de la liberación Leonardo Boff, quien anunciaba una revolución en un rincón del palco, mientras a un metro el economista Henri-que Meirelles hacía declaraciones tratando de tranquilizar los mercados. Es el nuevo presidente del Banco Central en Brasil.

• Halagos

Duhalde aprovechó la prolongada ceremonia para conversar brevemente con Castro, quien también se detuvo en una charla con Aníbal Fernández. Mientras tanto Ruckauf halagaba a cuanto norteamericano se cruzaba por el camino: no le alcanzó con Zoellick y siguió con John Maisto, el segundo del Consejo Nacional de Seguridad, experto en política latinoamericana, con quien se demoró más tiempo aprovechando que con él puede prescindir del traductor. Maisto habla español. Ruckauf sólo se distrajo de esas zalamerías cuando vio a Elisa Carrió, a quien saludó llamándola Lilita.

Duhalde prefirió, mientras tanto, escuchar cómo Chávez le describía con lujo de detalles la huelga con la que los venezolanos inauguraron 2003. Chávez le contó que hoy tendría su propia entrevista con Lula, igual que Fidel.

Apenas terminó la ceremonia, los argentinos se dirigieron al Palacio de la Alvorada para un nuevo besamanos, esta vez del presidente ya instalado en el cargo. De allí Duhalde se llevó una perla de ésas que tanto le agradan. Escuchó que Marisa da Silva, la esposa de Lula aclaraba que «no seré primera dama sino primera compañera». «Qué lindo para Chiche», le comentó Duhalde a uno de sus colaboradores, a quien le dio a entender que ya se ha transformado en jefe de campaña de su esposa.

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