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Pax Americana: ¿es liderazgo o mesianismo?
En lo que al accionar directo en materia de política exterior se refiere, la doctrina contiene también un interesante punto de vista respecto de la misión de defender y promocionar ciertos valores, a punto tal de afirmar, claramente, que los Estados Unidos deben utilizar su ayuda exterior para promover la libertad en todos los ámbitos, y para ayudar a gobiernos moderados y modernos, especialmente en el mundo musulmán, para «asegurar que las condiciones e ideologías que promueven el terrorismo no tengan un suelo fértil en ninguna nación». De allí nacería, en el pensamiento de Bush, no sólo el derecho sino también la obligación de actuar preventivamente.
Desde el punto de vista del presidente, en momentos de inminente e impredecible peligro no se puede esperar a que deba probarse con anterioridad la existencia concreta de la amenaza para comenzar a actuar.
• Convencimiento
Pero el eje central alrededor del cual gira toda la Estrategia de Seguridad Nacional es el convencimiento de los Estados Unidos en la necesidad del triunfo mundial de la democracia y del libre mercado, y el sentimiento del presidente Bush de que es una responsabilidad propia también de los Estados Unidos, como el único superpoder militar, «defender la paz». Ha dicho Bush: «La gran fuerza de esta nación debe ser usada para promover un poder equilibrado que favorezca la libertad».
Esto ha sido ratificado por Condoleeza Rice al sostener que «los Estados Unidos están hoy en una posición inusual, ya que hay sólo muy pocos estados que a lo largo de la historia han estado en una posición con una preponderancia tal de poder militar». Para la consejera de Seguridad, la actitud asumida por el presidente Bush es tan sólo el «simple reconocimiento de que, como consecuencia de ello, vienen acarreadas ciertas responsabilidades de proveer un entorno seguro».
Del mismo modo en que los americanos pudieron pensar que la Guerra Fría terminó imponiendo el poder y la fuerza así como los valores del mundo occidental sobre el comunismo, hoy piensan y sienten que el Irak de Saddam Hussein es el próximo frente en el cual debe librarse la guerra por la libertad. Y lo curioso que ocurre en aquel país es que, por divididos que estén en tantas cuestiones -la raza, la clase social, la economía, su historia y hasta el propio sistema federal cuestionado desde la Guerra de Secesión-, los estadounidenses comparten la conciencia de poseer una sagrada misión nacional que los enfrenta a un mundo contaminado al que deben purificar para salvarse y protegerse de él. Y en tal sentido, la gran mayoría del pueblo americano se ha encolumnado detrás de su presidente aprobando un eventual ataque bélico contra Irak; aunque difiriendo los márgenes de aprobación -57% y 79%- para el caso en que el ataque se resuelva unilateralmente o con la intervención de las Naciones Unidas.
El presidente Bush ha sostenido: «No dudaremos en actuar solos, si es necesario, para ejercer nuestro derecho de autodefendernos...». Nadie puede poner en duda el flagelo que significa, para todo el mundo civilizado, el terrorismo internacional; tampoco que existen estados y gobiernos que lo protegen y fomentan; menos aún que debe existir un firme compromiso de la comunidad internacional en su conjunto, de prevenir estas acciones antes de que ocurran, y combatirlas enérgicamente una vez ocurridas. Pero ello siempre dentro del marco y las reglas que la misma comunidad internacional ha escogido en el ámbito de los organismos internacionales. Sin pecar de ingenuos debemos diferenciarnos de quienes pretendemos combatir.
Sin embargo, esta nueva Doctrina de la Seguridad Nacional -aunque contiene en su estructura muchas verdades- parece exceder un manifiesto de principios y acciones, para convertirse en una suerte de mensaje para la constitución de una Pax Americana, de similar contenido a la antigua Pax Romana, en la cual las reformas de Augusto no estaban limitadas a aspectos económicos, políticos y sociales solamente sino que también incluían reformas fundamentales en la cultura en sí misma, convirtiendo a Roma en la nueva capital del mundo, enseñando a los romanos a identificar su destino con el destino de la humanidad. ¿Hombres elegidos que pueden brindar paz y estabilidad a un mundo cambiante y violento? Hoy, más de 2.000 años después de aquella Pax Romana, ante el intento de construcción de una nueva Pax -esta vez Americana-, debemos formular votos porque la razón prime sobre las emociones; y la prudencia sobre el arrebato.
(*) Especialista en crisis y coautor de la Ley de Quiebras 24.522.


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