22 de abril 2003 - 00:00

Penosa apatía legislativa

No es violencia social. Se trata de organizaciones delictivas institucionalizadas que al amparo de un silencio cómplice y de aterrorizar gozan de la impunidad.

La misma impunidad que da la desidia o la dejadez de los legisladores que hace un año tienen en la Cámara de Diputados un proyecto de ley que castiga con prisión perpetua el homicidio por «odio deportivo».

La ley tiene media sanción del Senado, pero después entró en la amnesia legislativa.

• Referencias

El proyecto, aunque permanezca en el cajón de algún legislador, es factible porque toma como referencias experiencias difíciles de resolver como Italia y Gran Bretaña. En esos países a partir de encuadrar contravenciones como delitos se pudo terminar y bajar en 80 por ciento los índices de hechos violentos en el fútbol.

La ley que fue impulsada por Daniel Scioli, hoy secretario de Deportes y Turismo contempla, entre muchas otras medidas más:

• castigar con dureza los hechos de violencia cometidos en el trayecto hacia el espectáculo y al retirarse de él;

• se eleva a delito la introducción en el estadio, guarda o portación de armas blancas o elementos punzantes, para lo cual prevé penas de 6 meses a 3 años de prisión;

• se considera delito la incitación a la violencia por parte de los organizadores, dirigentes o deportistas incorporando penas de un mes a un año de prisión;

• se crea la figura de homicidio por «odio deportivo» cuya pena es la
prisión perpetua;

• incorpora el derecho de admisión a favor de entidades deportivas y

• crea por ley el Comité de Seguridad en el Deporte.

Cabría preguntarse cuántas muertes más deben haber para que la ley comience a regir. Sobre todo cuando existen antecedentes terribles de enfrentamientos como el que protagonizaron ayer los barras bravas de River y Newell's. Ya el año pasado ambos grupos se habían enfrentado a tiros en cercanías del Monumental o los incidentes que protagonizaron con la hinchada de Rosario Central. Con este panorama poco alentador es difícil prever qué es lo que pueda ocurrir cuando River enfrente a su eterno rival Boca Juniors.

De los 900 demorados todos quedaron libres. Había pocos policías en el lugar y el fiscal hasta sospecha que el encuentro entre los barras bravas fue concertado para dirimir viejas diferencias.

No hay testigos, y si alguien vio algo, su boca calla y su mente olvida.

A decir de un sociólogo, el fútbol hace socialmente lo mejor, pero también lo peor. Y es por eso que resulta incomprensible que hoy se intente mezclar un hecho delictivo (como es un asesinato) con cuestiones sociales. No mata el que tiene hambre, mata el delincuente.

La que se vive y padece en los estadios de fútbol es una violencia ilegal.

Y, aunque debería tener el control del Estado, hoy vive (como la seguridad en general) en un estado de anomia total.

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