Más allá de la alegría de los argentinos y de la angustia que representó la derrota de Brasil para su «torcida», los técnicos deberán tomar en cuenta algunos elementos que dejó este encuentro que estaba en la mira del mundo entero. Nadie duda que el equipo que dirige Bielsa tiene fundados elementos como para erigirse en uno de los serios candidatos al título mundial y que, haciendo un repaso de los próximos compromisos, se tiene la sensación de que Scolari tiene razones como para pensar que su equipo finalmente se clasificará para Japón-Corea (a pesar de que pregone lo contrario), a la luz que debe enfrentar a Chile y a Venezuela de local y a Bolivia como visitante.
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Sin embargo, los dos -aun pensando que con realidades diferentes-deben aprender a asimilar que si deben enfrentar a los mejores equipos del mundo, tendrán que tomar ciertos recaudos. Bielsa debe ya tener claro que hoy en día Verón es insustituible en el esquema de juego que plantea. Por ahora Aimar no surge como conductor natural, tal vez porque se desempeña en una posición inusual para su paladar y porque Gallardo se muestra con mayor soltura, pero con altibajos en esa posición de mando.
• Para tener en cuenta
Si la pelota no sale limpia desde atrás, como sucede cuando lo hacen "Kily" González o Sorín (obviamente junto a Verón), es difícil que se produzcan desequilibrios, por no decir que es imposible que llegue con posibilidades ciertas a la zona de definición. De esa forma, por más que estén presentes Crespo o Batistuta, la escasa capacidad de gol será la misma. También habrá que analizar que una pierna desmedidamente fuerte puede disminuir la acción (o chance) de cualquier equipo.
Bielsa acertó -aun pensando que era clamor generalizadoen hacer ingresar a Ortega y a Gallardo. No sólo porque todo el equipo mejoró, sino porque le cambiaron la cara. Por lo menos Roberto Carlos mostró que es un gran jugador atacando, pero que tiene grandes baches a la hora de defender y que con sólo el adelantamiento de Claudio López (también de evidente bajo rendimiento) hizo que Cafú tampoco mostrara vocación para tapar el lateral derecho. Con eso sólo y la gran capacidad de Zanetti para imponer vértigo e ímpetu a «puro pulmón», se trastocó lo que minutos antes se presentaba como un gran incendio.
En el próximo partido no estarán Burgos, Vivas y Simeone por doble amarilla. Fundamentalmente el arquero que estuvo en la lista de los observados, junto a Placente, Aimar y Claudio «Piojo» López. Lugares clave donde pueden surgir variantes, pues de allí parte el andamiaje de conjunto donde Vivas, Ayala, Samuel, Zanetti, «Kily» González y obviamente Verón y Sorín son los intocables para abastecer a Crespo o a Batistuta (o a los dos) en un eventual equipo sin fisuras.
Claro que si Bielsa tiene que tomar recaudos para el futuro, mucho más grave es el problema que se le presenta a «Felipao» Scolari con este inexpresivo e incomprensible Brasil. Que esta vez parece tener un agravante: la falta de conductor. No lo tiene porque Rivaldo (que trabajó medio tiempo auxiliando a los marcadores de punta) no se planta ni como hombre de punta ni como de creación. Se podría decir que es un enlace (que en la jerga le llaman «media punta») que queda lejos de los hombres del medio y también del arco adversario. Tampoco lo es Vampeta, ni Denilson a la hora de tener que construir.
• Un Brasil desconocido
Sin embargo, lo más llamativo de este Brasil es su actitud especulativa o conservadora. Si se toma como base lo realizado en la primera parte (cuando todo el equipo de Argentina se debatía en imprecisiones), sus jugadores se limitaron a hacer circular la pelota en un juego intrascendente, con toques lateralizados, lejos del arco de Burgos y ni siquiera les sirvió ese manejo para tener la pelota, mover el equipo en sentido ofensivo y tampoco crear situaciones de gol. Eso sí, regalando terreno a espaldas de sus hombres de contención. Tanto que pudieron aumentar y también estuvieron cerca de que Argentina empate.
Sin embargo, el que vio a Brasil a través del tiempo y de los años, no podía creer lo que tenían ante sus ojos: un Brasil con dos líneas de cuatro, «rifando» cuanta pelota incursionara dentro o fuera del área y resignados a una tesitura de «aguante».
Se sabe que Argentina estará en Japón-Corea y que casi con seguridad, luego de los resultados del martes-miércoles y repasando lo que vendrá, también estará Brasil. El temor que surge del periodismo de ese país es el reflejo de su déficit futbolístico y de esta realidad actual que «no es producto de la casualidad», porque ni afuera ni dentro de Brasil hasta ahora pudieron conformar un equipo como lo indica su historia. Más allá de lo que marcó el resultado frente a Argentina.
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