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Plan Cavallo es un retorno hacia el pasado
Castigo
Una de las principales causas que se esgrimieron para explicar la profundización de la recesión en el año 2000, fue el impuestazo de Machinea. ¿Por qué motivo un nuevo impuestazo va a generar una «vigorosa reactivación»? La baja de depósitos que hemos tenido en las últimas semanas ha hecho caer más todavía la demanda interna y ahora, con el impuestazo de Cavallo, tenderá a deprimirse aun más. La única forma en que impuestazos y reactivación pueden coexistir es que se produzca una masiva e inmediata reversión de los flujos de capital privados. ¿Es lógico esperar una dramática reversión de capitales en este contexto político y económico tan inestable? No es imposible, pero es muy improbable.
El mediano plazo. La Argentina necesita de mayor apertura de la economía (no de menos) para poder exportar más y realmente poder vivir de la producción y el trabajo de la manera que lo exige la globalización: compitiendo con el Primer Mundo, no sólo con un par nuestro como lo es Brasil y dejar de vivir de la entrada de capitales para financiar el déficit fiscal que atrasó el tipo de cambio más de lo que había ocurrido con la peor etapa de Martínez de Hoz. La Argentina sigue siendo de las economías más cerradas de la tierra y tiene los peores indicadores de solvencia externa entre los países emergentes: deuda externa en las nubes respecto del PIB e intereses de la deuda externa que ya equivalen a 50% de las exportaciones. Entonces, cerrar la economía es ir a contramano de lo que necesitamos como país y del rumbo hacia donde va el mundo.
El arancel promedio del Mercosur es de 15%, pero esto «esconde» sectores con protecciones efectivas de más de 100%. Ahora, con el Plan de Competitividad, esta situación se agrava más todavía dado que se bajarán a 0% los aranceles para la importación de bienes de capital y se aumentarán a 35% los correspondientes a los bienes finales. Una política arancelaria que aumenta los aranceles a los bienes finales y desgrava los bienes de capital es exactamente lo opuesto al sentido común. Es un contrasentido incentivar tecnologías capital intensivas con un desempleo de 15%. El cierre de la economía puede, en el mejor de los casos, solucionar el problema de competitividad de algunos amigos del Grupo Productivo afectados por un atraso cambiario absurdo, pero los problemas de competitividad del resto (de los exportadores agropecuarios y del turismo) se agravarán.
Cierre
Frente a la necesidad de pagar intereses crecientes, la «solución» que plantea el Plan de Competitividad es cerrar la economía, con lo cual la cuenta la pagaremos achicando las importaciones en lugar de hacerlo a través de un aumento de exportaciones. Es obvio que introducir más apertura económica es absurdo con el atraso cambiario actual y no puede hacerse mientras no seamos un país mucho más barato en dólares.
Si el diagnóstico de Cavallo es que por falta de competitividad (que, dicho sea de paso, se generó durante su gestión anterior) estamos en depresión económica, desde que existe la ley de gravedad hay sólo dos maneras eficientes de corregir ese problema. O se genera una brutal deflación de precios o se devalúa. Para la primera alternativa habría que bajar el gasto público de manera grosera ($ 15.000 millones como mínimo) y para la segunda, el valor del dólar debería ser un múltiplo del 1x1. Cualquier otra cosa es un engendro que implica un retroceso a los tiempos de la economía cerrada, o sea, hacia la prehistoria.
Pero además, el Plan de Competitividad introduce un segundo retroceso conceptual (además del cierre de la economía) que es una vuelta a la discrecionalidad y abandono del principio de reglas iguales para todos, cuando plantea que las medidas se decidirán en función de los sectores en problemas y las regiones donde ellos estén localizados. Esto implica reeditar la figura del «dictador benevolente» que decide en función de la cara (¿o el bolsillo?) del capitalista nacional en desgracia. Utilizar a la política impositiva y arancelaria para recrear el conjunto de precios relativos que al «dictador benevolente» le parezca justo, es un verdadero disparate controlador digno de nefastas décadas lejanas cuando para que una empresa pudiera aumentar sus precios tenía que ir con su manual de costos a la Secretaría de Comercio para justificar aumentos de precios.
El Plan de Competitividad es una alquimia intervencionista que procura mantener un gasto público insostenible a costa nuevamente del bolsillo de la gente y a resolver caso por caso los problemas sectoriales de algunos a través del cierre de la economía y la utilización casuística del sistema impositivo. ¡Pensar que el progresismo nacional lo tiene a Cavallo por un fundamentalista de mercado! Es en el mejor de los casos un eficientísimo gerente de un capitalismo corporativo y prebendario que está en las antípodas de lo que debe ser una economía de mercado abierta y competitiva que pueda beneficiar a la gente.
Regreso
Si este «engendro» llamado Plan de Competitividad funciona, sólo lo hará por poco tiempo. No nos olvidemos que Cavallo es un campeón en generar ilusiones de corto plazo como fue el período 1991-1994 a tal punto que hoy el ingreso real per cápita de la Argentina es más bajo que el de 1994. En cualquier caso estamos regresando al Tercer Mundo de la mano de una economía cerrada y un capitalismo corporativo, pero eso sí, esta vez nacional y popular. Mientras tanto nuestros hijos emigran. Dios nos libre y nos guarde.


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