12 de diciembre 2002 - 00:00

Preocupación por independencia de medios en EE.UU.

Para quienes observamos, preocupados, cómo el pesado endeudamiento de las empresas argentinas propietarias de medios de comunicación masiva podría estar afectando su «objetividad» al tiempo de informar a la gente (por el «conflicto de intereses» resultante de esa situación), una nota reciente de Paul Krugman -en «The New York Times-» parece darnos la razón.

A partir de un explosivo comentario de Al Gore, que acaba de sugerir que algunas importantes instituciones periodísticas norteamericanas son hoy, en realidad, «voceros» del Partido Republicano, Krugman se pregunta si los medios de comunicación masiva de su país tienen hoy -o no-«agenda política». Con excepción de los noticieros de la cadena Fox, que él supone inclinados a favor de la administración de George W. Bush, y del inefable Dan Rather, tradicionalmente «ladeado» hacia la izquierda. Concluye -sin embargo-que no.

Pero sigue planteado un interrogante: «¿Podrán los intereses económicos de los medios socavar el principio de objetividad en la difusión de las noticias?»

Pregunta que es realmente pesada, y flota sin respuestas adecuadas desde hace décadas. Grave, por su impacto en la defensa de las libertades civiles y políticas. Que parece, de pronto, haber adquirido en la Argentina renovada trascendencia atento la preocupación creciente que se detecta en diversos ambientes sobre este espinoso tema. Porque la intimidad de los medios con el poder, por el motivo que fuere, es peligrosa para la democracia. Siempre.

Hasta ahora, en los Estados Unidos, según recuerda Krugman, la objetividad de los medios se defendió mediante una combinación de restricciones regulatorias (que alejan la posibilidad de que la información esté en manos de algún monopolio) y de pautas operativas informales (medianamente respetadas por todos).

En función de ello, los medios norteamericanos actúan tradicionalmente en el marco de la «doctrina de la equidad». Que supone que debe asegurar igual cobertura a quienes, sobre un tema en particular, tienen posiciones políticas opuestas o divergentes. Y que, desde luego, deben separar lo que es «noticia» de lo que es «opinión». A diferencia de lo que suelen hacer algunos de nuestros «comentaristas» televisivos de noticias, sistemáticamente de espaldas a lo que los anglosajones llaman «media bias». Despreocupados. Como si eso no fuera un problema.

Pero Krugman expresa su preocupación al advertir que ese marco de protección de la objetividad, que históricamente funcionó razonablemente bien, está ahora desarmándose. Tanto, que la misma Federal Communications Commission estaría inclinándose hacia abolir las restricciones que aún quedan. Permitiendo una mayor concentración en las empresas o «grupos» que manejan los medios.

En teoría, porque «el mercado habría cambiado». Atento a que muchos sugieren que existe un cambio motivado por el crecimiento del cable, la aparición de nuevos medios y, sobre todo, por la presencia creciente de la Internet a la que nadie puede manejar efectivamente y que difunde todo tipo de pareceres, casi sin fronteras.

La realidad -sin embargoes muy otra, alerta Krugman. Hay, en los Estados Unidos, solamente cinco fuentes informativas que transmiten noticias por televisión, medio que es el que -claramente-tiene la mayor «llegada» a la gente. Pertenecientes, todas ellas, a «conglomerados». La Inter-net, por lo demás, todavía no es proveedora habitual del tipo de información, ma-siva y sistemática, que diariamente quiere digerir la gente. Cual liturgia vital.

Por todo eso, Krugman concluye preguntándose con razón si los «conflictos de intereses entre la situación económica de los medios y su deber de mantener la objetividad en aquellas realidades en las que la propiedad de los medios está fuertemente concentrada en pocas manos pueden, o no, constituirse en una amenaza para la democracia. Como él bien dice: «Al final, es usted quien decide».

El tema es serio. Porque la difusión de la verdad está, en cualquier ambiente, garantizada tan sólo cuando los medios son efectivamente independientes del poder político.

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