13 de noviembre 2001 - 00:00

Se agravó batalla de Ibarra con la Policía de la Capital

Aníbal Ibarra renovó ayer su cruzada por el control de la Policía Federal al afirmar que «la transferencia de la Policía no se hace por falta de decisión política del gobierno nacional». De este modo el jefe del Gobierno porteño alimentó aún más una reservada pulseada que mantiene con el jefe de la Policía Rubén Santos. Desde ambos bandos existe la cuidadosa intención de guardar las formalidades para no caer el pecado de las declaraciones estridentes e intempestivas. Pero el distanciamiento es real y mucho tiene que ver el empeño puesto por Ibarra en controlar a la Federal, algo que no cae demasiado bien en los cuadros medios y altos de la cúpula policial.

La puja se ha hecho un poco más evidente en las dos últimas semanas. El asesinato del empresario Miguel Lecuna, esposo de la actriz Georgina Barbarossa, potenció las diferencias.

Adelanto

Cuando el enojo del ciudadano común parecía dirigirse hacia la labor policial y a la eterna crítica por la falta de seguridad, el diplomático Santos se adelantó a los hechos. Con su conocido y habitual tono medido, el jefe de la Federal reflotó un archivado proyecto para prohibir a los taxis circular sin pasajeros. Y como quien no quiere, hizo alusión a una nota que envió en mayo del año pasado a Enrique Olivera en la que bajo el título «Propuesta Institucional», le recomendaba al entonces jefe porteño la conveniencia de poner en práctica las paradas fijas en todas las cuadras de las avenidas del micro y macrocentro porteño. El proyecto aludido indicaba la forma en que debía instrumentarse, horarios y las ventajas que para el tránsito implicaba la puesta en funcionamiento de este sistema. Además, se dejó trascender que en la Legislatura porteña había un anteproyecto de ley de similares características que nunca fue tratado, pese a que fue presentado en marzo de este año por el diputado aliancista Fernando Caeiro.

Lo de Santos sorprendió y dejó mal parado al gobierno de Ibarra, que tardó 48 horas para sobreponerse del duro golpe que le aplicó su contrincante. Entre los funcionarios hubo reproches cruzados en los que afloraron viejos rencores de la interna política. Se criticó la falta de previsión y la lentitud con que se tomaron las medidas. «Santos nos madrugó, nos faltó reacción», se consolaban algunos funcionarios puertas adentro.

Mientras la propuesta de Santos se instalaba en la sociedad y ocupaba todos los espacios de discusión, Ibarra desempolvó un proyecto de ley (también de Caeiro de marzo de este año) para sancionar con mayor dureza a los propietarios de taxis que alquilaran sus vehículos a terceros. Ibarra acondicionó el proyecto y ordenó a sus operadores tantear y convencer a la oposición para aprobar la ley. La estrategia resultó exitosa y 24 horas después de haber ingresado a la Legislatura, los diputados dieron luz verde a una ley que muchos conocían desde hacía siete meses.

Aristas

El empate parecía sellado, pero la disputa tendría otras aristas. Sobre el fin de semana, Eduardo Thölke subsecretario de Seguridad del gobierno se despachó con golpe seco al hígado policial: acusó a la Federal de financiarse con la prostitución. El funcionario dijo que el escaso presupuesto que tienen las comisarías llevará a la Policía a «recaudar» de la prostitución, es decir del delito. Al parecer en algo habría incidido un listado que Santos envió hace más de un mes en la que le pedía a ese organismo controlar locales que funcionaban con habilitación de casas de lunch y despacho de bebidas, cuando en realidad eran casas de sauna.

«Nos devolvieron la gentileza»,
le dijo un alto funcionario policial a este diario dejando entrever que todo era parte de la contienda. Inclusive reconoció el malestar que provoca las insistentes expresiones de deseo para que la Federal pase a órbita del gobierno porteño. El comentario no es extraño. Incluso Fernando de la Rúa durante un acto del Día de la Policía en la escuela de cadetes dejó en evidencia su poca simpatía al tratamiento que se le da a este tema al señalar que no quería una Policía dividida. «Debemos encontrar el modo que se haga respetando un principio fundamental que es la unidad institucional de nuestra Policía Federal», dijo el Presidente mirando desde el rabillo del ojo a Ibarra. El «alcalde» porteño observó tranquilo al mensajero y deglutió el mensaje.

«El discurso siempre es el mismo, dicen 'queremos la Policía' y se escudan en que Nación demora la transferencia. Que pongan ellos los 700 millones de presupuesto que hace falta a la Policía para funcionar y se acabó la discusión»
, sintetizó el funcionario policial.

Desde el otro bando se recuerda que
«los esfuerzos para tener el control de la Policía han sido constante e insistentes». Y se señala los temores de que Domingo Cavallo logre imponer su idea de traspasar a la Federal, pero sin la partida presupuestaria corriente. «Eso sería un nuevo robo a los ciudadanos», se afirma desde el oficialismo.

Todo indica que en las próximas horas podría haber definiciones y que inclusive podría acudirse al gobierno nacional para que tercie en la polémica.
El pedido no sería otro que una definición tajante y absoluta sobre el traspaso de la Policía bajo la conducción de Aníbal Ibarra.

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