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Triunfaron las ideas de más gasto público
Esta absurda idea de las virtudes reactivantes de la ortodoxia viene de los tiempos del primer Ministerio de Economía de Cavallo, con Menem. En esa época, la Argentina crecía a tasas de 8% porque estaba recibiendo capitales de manera violenta debido a la baja en la tasa de interés en el mundo desarrollado y a la reforma de mercado que nosotros estábamos haciendo. En esa misma época, Cavallo y sus seguidores decían que no tenía sentido hacer superávit fiscal aprovechando la suba espectacular de la reactivación producida por el crecimiento de la economía, porque si no crecían las presiones para gastar más por parte de terceros como las provincias y/o porque tener superávit fiscal retroalimentaba el ciclo de crecimiento al bajar más todavía el riesgo-país. En realidad, estas dos ideas eran para justificar una política fiscal irresponsable, como la que Cavallo siempre aplicó mientras tuvo financiamiento.
¿Qué hemos conseguido con tanta discusión superflua y mentirosa? Hacer una política fiscal bien procíclica y no anticíclica, como debería ser: se gastó todo durante el ciclo expansivo y ahora que vino el ciclo contractivo, ayudado por todos los dislates de política económica posibles desde marzo para acá, hay que hacer un ajuste fiscal monstruoso que está provocando una implosión de la economía. Hay que ser ortodoxo porque ortodoxo en materia fiscal es simplemente cuidar el peso que se tiene, pero de ahí a adjudicarle virtudes exageradas como las de generar crecimiento a tasas sostenidas, confianza, etc., de manera caprichosa en función de las conveniencias de corto plazo, hay una gran diferencia.
Ante el corte de financiamiento pre 10 de julio quedaban dos alternativas. No hacer déficit cero, mantener el déficit de 4,5% del PBI con el que veníamos hasta el 10 de julio, flotar el tipo de cambio y emitir. Esto hubiera provocado la hiperinflación otra vez. La otra es la adoptada por el gobierno, hacer déficit cero bajando todos los gastos excepto los intereses de la deuda. Si se hubiera decidido el 10 de julio, ante el corte de financiamiento y luego de la oportunidad perdida en la última década, no pagar la deuda, seguramente hubiéramos tenido una crisis en ese preciso momento muy similar a la provocada por la primera alternativa de no bajar el déficit, emitir y flotar.
Combinación explosiva
Entonces, desde el punto de vista normativo es «injuzgable» como buena o mala una política, como la de déficit cero, que nunca fue pensada por los que la lanzaron y que fue ideada sólo como una manera de evitar el «incendio» hoy. ¿Puede evitar el incendio mañana? Difícil. Es claro que rechazar el déficit cero cuando se cortó el financiamiento, emitir y flotar o la otra de plantarnos y bajar todos los gastos incluidos los intereses (reprogramando la deuda), nos llevaba al caos. No hicimos ninguna de las dos, pero de todas maneras es muy probable que vayamos a una crisis más adelante, a pesar de que aparentemente hicimos «la mejor», por la triple y explosiva combinación que se viene de: 1) una economía que ya venía en recesión (dicho sea de paso, es indecente que el Ministerio de Economía diga que la economía creció corregida por estacionalidad en el segundo trimestre del año), 2) recesión que se transforma en implosión económica a partir del «apretón» fiscal del déficit cero y 3) un consenso político poselecciones muy proclive al «jubileo» cuando en realidad hay que cortar gasto público por $ 3.700 millones entre octubre y diciembre (60% del gasto público sujeto a ajuste) en vez de los $ 1.300 millones del tercer trimestre.
Lo que realmente es «juzgable» desde el punto de vista normativo, es la oportunidad perdida en la última década para dejar de hablar de los problemas fiscales cuando hoy el Estado argentino recauda $ 40.000 millones más que hace 10 años. Esto sí que ha sido de terror. Hoy juzgar como buena o mala la política del déficit cero no tiene sentido porque simplemente será un «puente» que nos lleve a la reprogramación de la deuda, principalmente porque Cavallo se gastó todo lo que recaudamos en una década, en particular entre 1991 y 1996.
Reforma previsional
Se está generalizando en la clase política la idea de que la desesperante situación fiscal que estamos sufriendo está causada por la privatización del sistema previsional.
Los que sostienen esto tienen mala fe o son ignorantes. La recaudación de impuestos en la última década creció $ 40.000 millones (100%), con una recaudación previsional que se duplicó respecto del primer trimestre de 1991 a pesar de que el Estado, desde fines de 1994, pierde recursos a manos de las AFJP por cerca de $ 4.000 millones por año. El verdadero problema es que el gasto público sin intereses también creció $ 40.000 millones (120%). Por lo tanto, tenemos un fisco con un resultado igual al del primer trimestre de 1991, cuando el país estaba en el medio de un caos y es obvio que ya estamos casi en el medio de un nuevo tipo de caos en 2001.
Inclusive hoy la recaudación total de impuestos supera a la de 1994 en $ 7.700 millones. Por lo tanto, una primera cosa que debe quedar clara es que la privatización del sistema de seguridad social no es la causa del déficit fiscal. Más aún, si la recaudación de la seguridad social no hubiera caído $ 4.000 millones desde 1994, ¿qué garantía tendríamos de que no se hubieran evaporado rápidamente en las manos de los políticos si son ellos los que se gastaron los $ 40.000 millones de mayor recaudación de una década?
Por el principio de la partida doble, la evolución de la deuda pública tiene que ver con el déficit fiscal. Si hay déficit sería de esperar que la deuda pública aumente y si hay superávit, que baje. Ha sido el déficit fiscal que hemos tenido el que ha hecho «volar» la deuda pública y no la privatización del sistema previsional. Cuando algunos dicen que 40% de la deuda pública se explica por las AFJP, lo que hacen es multiplicar los $ 4.000 millones de pérdida de recaudación entre puntas por 7 (la cantidad de años que lleva el nacimiento de las AFJP en 1994). Usando ese criterio parcial también podría decirse que no son las AFJP las que explican 40% del aumento de la deuda desde 1994 sino el aumento de salarios provinciales que hubo para las elecciones en 1997 y así se podría hacer con todo aumento del gasto que haya ocurrido desde 1994 hasta ahora (el total creció $ 14.000 millones hasta 2000).
Pero hay un punto conceptual fundamental aquí que es superior a lo nombrado antes y sobre el cual es necesario machacar. Lo que hizo la reforma previsional fue blanquear (parcialmente) una deuda implícita del sistema estatal. Si bien es cierto que el sistema estatal perdió recaudación desde fines de 1994, también dejó de generar una deuda implícita con los aportantes que se traspasaron al sistema privado.


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