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Tuvo su "corralito", pero devolvió todo en dólares
El congelamiento de Ecuador no fue voluntario de cada entidad, fue impuesto a todos los bancos, recuerda Javier Game, economista y asesor del presidente del Banco Central de Ecuador, que recibió a Ambito Financiero en sus oficinas ubicadas en la entrada del barrio colonial de Quito. Así, cada banco emitió certificados de depósitos reprogramados (CDR) que cotizaban en la Bolsa y servían, además, para pagar deudas dentro del mismo banco. Como código de ética, se estableció que las personas vinculadas al banco (accionistas) no podían cancelar sus créditos con estos documentos que se conseguían en el mercado con descuentos de entre 5% y 90%, según el banco emisor.
• PROPUESTA
«Al principio, se propuso que todos los CDR se canjeen por un bono del Estado, para que no haya discriminación entre bancos, pero se decidió finalmente que, al tratarse de entidades privadas, el Estado no estaba autorizado a salir en rescate de estos bancos. Y se descartó esa opción», explicó Game. En la Argentina, también se propuso algo similar. Pero se descartó esa opción para evitar, justamente, que quienes tenían depósitos de un banco más solvente salieran más favorecidos que quienes tenían depósitos de bancos más insolventes.
En Ecuador existió tal discriminación, pero los resultados parecen haber sido más exitosos: el sistema financiero ya recuperó 80% de los depósitos que tenía antes de la crisis.
• DEPURACION
Hubo una gran cantidad de bancos que quebró. Hoy apenas quedan 22 bancos en pie de los 100 que llegaron a funcionar y algunas pocas financieras. La mayoría de los Bancos privados que quedaron en pie se adelantó al cronograma de devolución fijado, y prácticamente ya han cancelado sus pasivos con los ahorristas.
En cambio, los ahorristas de bancos que quebraron aún siguen cobrando sus carteras en la medida que estos bancos van liquidando sus activos. Transitando las calles céntricas de Ecuador, se puede ver hoy un parque automotor totalmente renovado que parece muy distante de lo que indican las cifras de pobreza de ese país: es la forma de gastar el dinero que encontraron los ecuatorianos que sí quedaron dentro del «corralito» en la medida que fueron recuperando sus depósitos.
Es que todos los depósitos bancarios contaban con garantías ilimitadas, lo cual garantizó el cobro, aunque significó un altísimo costo para el Estado, que se estima superior a los u$s 2.000 millones. Una cifra elevada para un país con un nivel de producto en ese momento de u$s 13.000 millones.
• ZAR DE LAS DEUDAS
Las deudas que mantenían los ecuatorianos con estos bancos no se terminaron de cobrar aún a la gente: hace tres semanas Ecuador nombró al «Zar de las deudas», un economista chileno, Roberto Tozo, que deberá cobrar unos u$s 500 millones que se adeudan, fundamentalmente por créditos otorgados a sectores vinculados al poder político y que por esa misma razón hasta ahora no se habían intentado recuperar. El gobierno de Ecuador espera sumar así recursos a sus arcas que necesitan más que nunca contar con abundante excedente fiscal. Pero si bien la presencia de Tozo se ganó la atención de todos los medios de Ecuador, en la calle poco entusiasmo generó su presencia: pocos confían en que la gente vinculada al poder finalmente pague lo que adeuda.
En tanto, los bancos que siguieron funcionando renegociaron con sus clientes los créditos en dólares, alargando plazos y reduciendo tasas de interés, aunque no pudieron evitar el aumento en la tasa de morosidad.
• POSITIVO
Las cifras del sistema financiero de Ecuador muestran signos positivos, y en eso no hay que quitarle los méritos a la confianza que generó la dolarización.
• NEGATIVO
Igualmente, el sistema financiero aún no logra despegar: las inversiones extranjeras en el sistema que se pensaron llegarían de la mano de la dolarización no aparecen y tampoco hay señales de que podrían llegar en el corto plazo. Apenas hay dos bancos privados extranjeros (el Citibank y el Lloyds Bank) que ya estaban desde antes de la crisis, y al estar cerrado el crédito externo para Ecuador, las altas tasas de financiamiento del país poco ayudan al aparato productivo.


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