Las fuerzas afganas antitalibán deben ejercer un papel significativo en los planes militares y estratégicos de Estados Unidos. Las tropas estadounidenses afrontarán grandes dificultades militares en el interior de Afganistán, con un terreno caracterizado por las grandes montañas y las zonas desérticas.
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Es posible que las fuerzas talibanes se dividan en pequeños grupos guerrilleros con gran capacidad de movimiento.
Las tropas de EE.UU. afrontarían una dura respuesta de los nacionalistas afganos. En los dos últimos siglos éstos derrotaron a los británicos y a los soviéticos.
Sería un desacierto por parte de Washington desplegar tropas de tierra y ocupar pequeñas partes de Afganistán. Las fuerzas especiales de Estados Unidos podrían ocupar una base aérea para facilitar las operaciones, pero bombardear ciudades o tratar de ocuparlas sería algo arriesgado e inútil.
Por el contrario, sería muy prudente por parte de EE.UU. facilitar ayuda militar a las fuerzas antitalibán dentro del país. Este tipo de acciones podría animar las deserciones en el seno de las milicias del régimen de Kabul. Desde el momento en que las fuerzas antitalibán ocupen territorios y ciudades, el Ejército estadounidense necesitará aportar ayuda humanitaria masiva. Los comandantes talibanes afrontarán la presión de su gente para que se rindan.
Con el apoyo de la Loya Jirga -la asamblea para formar gobierno-, EE.UU. podría establecer un orden político postalibán que reuniera el apoyo de todos los grupos étnicos afganos. Pero al tratarse de un proceso político, necesitaría el consenso de la comunidad internacional y el diálogo intenso con todos los países vecinos de Afganistán, incluido Irán.
Negociación
EE.UU. también tendría que negociar con su nuevo aliado, Pakistán, que apoyó a los talibanes y que deberá convencerse de que un nuevo gobierno en Kabul no va a suponer una amenaza. Estados Unidos debe construir una alianza global no sólo para la guerra sino también para la paz. Washington necesita el apoyo de las Naciones Unidas y, en concreto, de la oficina del representante especial de la ONU en Afganistán, Francesc Vendrell, que en los últimos 12 años trató de llevar la paz a este país con la oposición de facciones afganas, de los países vecinos y la falta de apoyo de la comunidad internacional.
Ninguna estrategia militar o política puede tener éxito hasta que Estados Unidos convenza a la comunidad internacional para constituir un fondo de reconstrucción del Afganistán postalibán de al menos 1.000 millones de dólares.
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