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Una nueva generación de mujeres gobierna en Asia
«Es el sueño cumplido de mi padre», dice Gloria Arroyo, de su reciente regreso al palacio presidencial en el que jugaba siendo una niña. La nueva jefa de Estado filipina vivió en la residencia oficial de Malaca-ñang durante la presidencia de su padre, Diosdado Macapagal, entre 1961 y 1965. Ahora, tras derrumbar al gobierno de Joseph Estrada, la Thatcher de Manila promete «limpiar el país de corruptos».
No muy lejos de Filipinas, en el archipiélago indonesio, la historia podría repetirse. El gobierno de Abdurrahman Wahid se encuentra contra las cuerdas, y el pueblo ha puesto sus esperanzas en la vicepresidenta, Megawati Sukarnoputri.
Las nuevas líderes asiáticas admiten que su inspiración viene de la generación que las precedió, de mujeres como Corazón Aquino. «Ambas somos amas de casa y hemos tenido que luchar porque nos cayó una gran responsabilidad encima», aseguraba Aziah Ismail, líder de la oposición de Malasia, al recordar a Aquino, quien en 1986 lideró las revueltas populares contra el dictador Marcos.
Cuando en 1998 ordenó el encarcelamiento de su marido y ex viceprimer ministro del país, Anwar Ibrahim, el déspota malayo nunca imaginó que su esposa terminaría uniendo a la oposición y amenazando sus dos décadas de poder absoluto.
Es el caso de la vicepresidenta de Taiwan, Annete Lu. La líder taiwanesa fue condenada a 15 años de cárcel en 1980 por su oposición al régimen del Kuomintang, y en los últimos meses, su posición firme frente al gobierno de Pekín le ha valido el odio de los dirigentes de la China comunista, que la llaman «lunática» y «escoria de la patria». Al igual que Annete Lu, la recién dimitida Anson Chan, número dos del gobierno de Hong Kong, es una mujer preparada.
Pero ni siquiera en países con presidentas o primeras ministras, como Sri Lanka (Chandrika Kumaratunga) o Bangladesh ( Sheij Hasina Wazed), la mujer asiática ha visto mejorar su situación. Lejos del personalismo de las líderes que mandan hoy en Asia, los altos cargos en los parlamentos, la Justicia o las empresas siguen en poder de los hombres. «Para nosotros, ella es como una madre», dicen los indonesios cuando se les pregunta por Sukarnoputri. Y es que para liderar un país asiático, una mujer debe tener mucho de madre y de heroína.


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