12 de febrero 2001 - 00:00

Una nueva generación de mujeres gobierna en Asia

Hong Kong - Fue en un continente en el que los derechos de la mujer siguen a menudo anclados en la Edad Media donde el mundo conoció a la primera gran generación de líderes femeninas: Indira Gandhi en la India, Benazir Bhutto en Pakistán, Corazón Aquino en Filipinas o Aung San Suu Kyi en Birmania, donde la Premio Nobel de la Paz lleva más de una década desafiando en soledad al brutal régimen de Rangún.

Mientras gran parte de aquellas damas del poder todavía ejercen una gran influencia en la región, una nueva saga de líderes ha tomado el relevo bajo su aureola de heroínas. La llegada al poder de Gloria Arroyo Macapagal en Filipinas ha completado un mapa político que no tiene igual en ninguna otra parte del mundo: tres países con presidentas o primeras ministras (Bangladesh, Sri Lanka y la propia Filipinas), tres con vicepresidentas o cargos similares (Indonesia, Taiwan y Hong Kong) y otras tres liderando la oposición (Birmania, Malasia y la India).

El perfil y la historia detrás de la mayoría de ellas son casi siempre los mismos: hijas o esposas de líderes históricos que un buen día decidieron abandonar su vida tranquila para enfrentarse a dictaduras y gobiernos corruptos.

«Es el sueño cumplido de mi padre», dice Gloria Arroyo, de su reciente regreso al palacio presidencial en el que jugaba siendo una niña. La nueva jefa de Estado filipina vivió en la residencia oficial de Malaca-ñang durante la presidencia de su padre, Diosdado Macapagal, entre 1961 y 1965. Ahora, tras derrumbar al gobierno de Joseph Estrada, la Thatcher de Manila promete «limpiar el país de corruptos».

No muy lejos de Filipinas, en el archipiélago indonesio, la historia podría repetirse. El gobierno de Abdurrahman Wahid se encuentra contra las cuerdas, y el pueblo ha puesto sus esperanzas en la vicepresidenta, Megawati Sukarnoputri.

La hija del héroe de la independencia indonesia también sabe lo que es crecer entre los algodones del palacio presidencial. Aupada por la devoción popular que provoca y unos militares que ven con buenos ojos sus posiciones nacionalistas, Sukarnoputri (que significa hija de Sukarno) tiene ahora en su mano la caída de Wahid y podría tomar las riendas del cuarto país más poblado del mundo en cualquier momento. «Estoy lista si el pueblo me necesita», asegura.

Las nuevas líderes asiáticas admiten que su inspiración viene de la generación que las precedió, de mujeres como Corazón Aquino. «Ambas somos amas de casa y hemos tenido que luchar porque nos cayó una gran responsabilidad encima», aseguraba Aziah Ismail, líder de la oposición de Malasia, al recordar a Aquino, quien en 1986 lideró las revueltas populares contra el dictador Marcos.

Aziah Ismail se ha propuesto ahora derrocar al líder que más tiempo lleva en el poder en Asia, Mahathir Mohamad.

Cuando en 1998 ordenó el encarcelamiento de su marido y ex viceprimer ministro del país, Anwar Ibrahim, el déspota malayo nunca imaginó que su esposa terminaría uniendo a la oposición y amenazando sus dos décadas de poder absoluto.

La nueva estirpe política femenina que recorre Asia tiene a su favor que combina el mito que rodea su personalidad con una preparación mayor que la de sus antecesoras, cuyos gobiernos terminaron decepcionando.

Es el caso de la vicepresidenta de Taiwan, Annete Lu. La líder taiwanesa fue condenada a 15 años de cárcel en 1980 por su oposición al régimen del Kuomintang, y en los últimos meses, su posición firme frente al gobierno de Pekín le ha valido el odio de los dirigentes de la China comunista, que la llaman «lunática» y «escoria de la patria». Al igual que Annete Lu, la recién dimitida Anson Chan, número dos del gobierno de Hong Kong, es una mujer preparada.

Pero ni siquiera en países con presidentas o primeras ministras, como Sri Lanka (
Chandrika Kumaratunga) o Bangladesh ( Sheij Hasina Wazed), la mujer asiática ha visto mejorar su situación. Lejos del personalismo de las líderes que mandan hoy en Asia, los altos cargos en los parlamentos, la Justicia o las empresas siguen en poder de los hombres. «Para nosotros, ella es como una madre», dicen los indonesios cuando se les pregunta por Sukarnoputri. Y es que para liderar un país asiático, una mujer debe tener mucho de madre y de heroína.

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