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"Uno no conoce al que va a matar; es sólo por la plata"
El secuestro, revelado ayer, de 10 niños en un centro correccional de Colombia por parte de un grupo paramilitar actualizó el tema de los menores en armas. El año pasado, 355 niños fueron secuestrados en ese país, muchos para servir como sicarios en organizaciones guerrilleras o en simples bandas de delincuentes y narcotraficantes. El testimonio de Germán, un joven de 18 años de la ciudad de Medellín, ilustra este grave problema: confiesa que, presionado por uno de sus jefes, cometió su primer homicidio a los siete años.
Cada días más niños se suman a los grupos guerrilleros y paramilitares
• Asaltos
«Alguna vuelta nos mandaron entonces. Lo primero que uno hace en esos casos es preguntar por dónde se puede entrar y por dónde hay que salir. Eso es lo más importante. Después yo le rezo a María Auxiliadora, la Virgen de Sabaneta, esa que le dicen de los sicarios. Rezo un Padrenuestro y luego le pido que me proteja y que sea todo rápido. Pero no hacemos eso de hervir las balas en agua bendita, como dicen, ni pedirle que tengamos puntería; la Virgen no está para eso. Lo que sí llevo es escapulario y un rosario al cuello.»
«Un día nos pidieron matar a un viejito en una finca. Fuimos cinco parceros (compinches). Había cuatro rottweilers y tres guardaespaldas. Les dimos carne envenenada a los perros y esperamos. Luego matamos a los tres guardaespaldas. Llegué al dormitorio donde estaba el viejito y al verme con la ametralla-dora, el hijueputa se tapó con las sábanas. Le di bala y la sábana se llenó de sangre. A su vieja le dije que se fuera a la otra pieza, que el man estaría bien. Nos pagaron dos millones de pesos (unos 1.000 dólares) y una metralleta.»
«No fue la vuelta que mejor me pagaron. En una ocasión cobré 15 millones de pesos (7.500 dólares). Fue en La Guajira, al norte del país. Nos dieron tanta plata porque era un cacique. El tipo disponía de muchos guardaespaldas y nadie me lo había dicho.»
«Aquella plata nos la farrandeamos. Nos encerramos una semana en una casa los puros parceros, cuatro que ya están muertos y yo, a farrear hasta que nos acabamos la plata. Fumé marihuana y tomé chorro (alcohol) y dale, dale, sin hacer más nada. No llevábamos muchachas, sólo los parces. El perico (cocaína), sólo para controlar la borrachera o para bajarla. A mí siempre me gustó la marihuana, desde los seis años.»
«Cuando Don Pablo pagaba un millón de pesos por tombo (policía), maté a alguno. Uno mataba y llamaba para decir: 'Maté en tal calle con tal'. Ellos lo comprobaban por el radio de los tombos, y después te pagaban.»
«Un día me cogieron con las manos en la masa, como se dice. Estaba el calentado (víctima) en el piso, con los disparos, y yo con la pistola aún calentita. Como era menor sólo pagué unos meses en un correccional. Pero mi hermano sí está caneado (preso) y eso es un dolor grande.»
«Se aprende haciendo polígono (tiro al blanco). Los que no tienen puntería son los cabeceros, los que más se le arriman para no fallar. Eso de la puntería tiene que ver más que nada con el pulso, con que uno se concentre, con que se quede quietecito. La mejor pistola es una wirpol doble carril de 15 o 20 tiros. La botas (tiras) después del trabajo según cómo lo estén pagando o si ves un tombo. Si no, no.»
• Salir sano
«Antes de correr, se toca el pulso al calentado para ver si está muerto. Yo no meto perico ni nada antes de una vuelta, me gusta salir sano.»
«Cuando el cucho lo miraba a uno, lo trastornaba todo feo por la noche. Se le queda a uno la mirada de la gente, presienten la muerte, le miran ahí mismo a uno, como que le marcan. Y uno sabiendo que el otro va a morir, que no conoce a la persona a la que va a matar, y que sólo lo hace por la plata.»
«El que pide perdón antes de morir es el más malo, porque tiene pecado. Gritan siempre: 'Parcero, no me mates'. Esos son los que menos nos importan, pero son los que más consecuencias traen, porque son ajustes de cuentas y resultan una culebra (deuda) que luego crece. Si estoy bien ofendido, en cambio, me da más rabia, y más si me viene llorando. '¿No le dio compasión de la mamá, hijueputa?', le digo. Y le meto todo el plomo.»
«Pero el sicariato está jodido. No hay trabajo, no hay dinero en Colombia. No es como hace unos años. Antes se movía la plata y los dólares. Guardaba el billete debajo del colchón y farriábamos. Siempre manteníamos dólares en el bolsillo porque traen buena suerte.»
«Donde haiga dinero empiezan otra vez a matar gente. Por un ministro se llegaba a pagar 30 palos (millones) en otros tiempos; hoy día se mata por 500.000 pesos (250 dólares) e incluso por 50.000 (25 dólares). Hace poco nos íbamos a ir para Bogotá a una vuelta, pero no salió. Bombas no colocamos, eso es de organización.»
«A veces alguien nos pregunta por qué hemos entrado en esto. Uno mata por el dinero, por poder darle plata a la cucha y a los hermanitos, porque tiene ganas de estar en las calles con motos y carros. Uno por buscar plata hace de todo menos mariquear. Yo no tenía estudios sino las armas y el poder que da la plata. Pero ya es una ruina para uno muy brava; matar por dine-ro ya no le llama a uno la atención. El problema es que así no le mueva la vuelta a alguno, se la mueve otro. Siempre hay algún muchacho que la acaba haciendo. Nosotros ya no hacemos una vuelta si no hay un cruce iniciado, un soplón adentro.»
«Cada vez es más difícil. Hace unos dos años vimos una película, una de Robert de Niro, 'Fuego contra fuego'. Atracaban un carro de valores. Lo copiamos, pero el explosivo no rompió la puerta y se nos vinieron encima los tombos. Nos echaron bala. Muchas veces las películas le enseñan a uno.»


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