El gobierno de Hugo Chávez acaba de pactar con la oposición la realización de un referéndum eventualmente revocatorio de su mandato presidencial, el próximo 19 de agosto. El acuerdo se alcanzó justo a un año del golpe de Estado que privara a Chávez del poder, por un par de días. El referido acuerdo se logró el día mismo en que se cumplió la mitad del largo mandato presidencial de Chávez, de seis años; un logro para la OEA y para las naciones que (con la notoria -y lamentable- ausencia de la Argentina) integran el «grupo de amigos» que trabaja en encontrar una solución pacífica para la crisis venezolana.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Enfrentado con una sociedad profundamente dividida, Chávez parece ahora haber consolidado su poder, que tambaleará a fines del año pasado, en medio de una ola de protestas populares.
No obstante, la tensión puede volver a crecer a medida que se acerque la fecha elegida para la consulta popular. Mientras tanto, dos líderes de la dividida oposición han sufrido: Carlos Fernández, que está preso, y Carlos Ortega, refugiado en Costa Rica.
• Gobierno débil
Cabe suponer que si la oposición no consigue unificarse detrás de un liderazgo común, podría ocurrir que Chávez (conforme a lo previsible) perdiera -feo- el referéndum y, luego, se impusiera en la elección que debe realizarse inmediatamente, aunque con sólo 30 por ciento de los votos. Esto supondría una crisis no resuelta, una sociedad en larga conmoción y un gobierno débil. Lejos de lo ideal.
Mientras tanto, la poderosa empresa petrolera estatal venezolana (Pedevesa) sigue aumentando su producción. Después de despedir a 17.000 de sus 33.000 empleados, que se plegaron a la huelga, incluyendo algo así como a 90% de los funcionarios de mayor jerarquía. Sin marcha atrás. El gobierno estima que la producción de Pedevesa ya está en un orden de 3 millones de barriles diarios. Esto es, cerca de los guarismos anteriores a la huelga. Los observadores estiman, en cambio, que el nivel es de 2,5 millones. Pero la recuperación es notable, aunque las refinerías siguen a 60% de su capacidad.
Para apuntalar esta mejoría, Pedevesa debe entonar sus inversiones. Venezuela necesita que -a su vez- los inversores privados pongan en marcha las suyas, hoy recortadas o suspendidas. Mucho depende de la recuperación petrolera. De allí provienen la mitad de los recursos fiscales y 80% de las divisas por exportaciones.
Además, la situación fiscal es delicada y la deuda externa equivale a 34% del PBI venezolano, con vencimientos del orden de los 1.200 millones de dólares concentrados este año.
• División
En el timón de la empresa estatal está Alí Rodríguez, un ex guerrillero que -luchando originariamente con Pérez Jiménez- vivió en la clandestinidad por dos décadas. Recién volvió a la normalidad en 1979. Abogado, de 64 años, ex legislador e izquierdista, está ahora dividiendo la empresa en tres para evitar así que su dirigencia se concentre y mantenga el «poder», de hecho, que pusiera en jaque al gobierno de Chávez a comienzos del año. Inteligente, trabajador e implacable, tiene de alguna manera la llave de la suerte de su gobierno en sus manos. La empresa ha perdido, por la crisis, unos 400.000 barriles diarios de producción, particularmente en los yacimientos de baja presión del oeste del país, cuyos pozos se han llenado de arena. Esto es, 10% de su capacidad. Y su moral está baja. Sobre todo, porque los despedidos tenían una antigüedad promedio de 17 años.
Este año el petróleo aportará al tesoro de Venezuela unos 5 billones de dólares, menos de la mitad que el año pasado. A pesar del elevado nivel de precios. Lamentable. Algunos sugieren que, precisamente por esto, se estaría estudiando la venta de activos en el exterior. Particularmente, refinerías y estaciones de servicio. Las de la subsidiaria americana que trabaja con la marca Citgo. Veremos. Pero la escasez de ingresos manda, particularmente en una economía que se contrajo 9% el año pasado y que va a contraerse del mismo modo este año.
(*) Embajador. Ex representante permanente de la Argentina en la ONU
Dejá tu comentario