Investigaciones de la BBC y The Guardian revelaron que el exduque de York reclamó reembolsos por vuelos, hoteles y servicios de masajes durante viajes oficiales. Exfuncionarios admitieron que las solicitudes generaron dudas internas pero igual fueron aprobadas.
Andrew Mountbatten-Windsor fue interrogado durante diez horas en Sandringham en medio de una nueva polémica que vuelve a exponer el uso de recursos estatales durante su etapa como representante comercial.
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El exduque de York habría reclamado el pago de vuelos costosos, múltiples habitaciones de hotel para él y sus allegados y servicios de masajes, durante viajes oficiales entre 2001 y 2011, en su rol de representante comercial británico.
Precisamente por este cargo, el pasado jueves 19, las tapas y portales de todo el mundo amanecieron con una foto de Windsor, tras ser detenido por la policía en su residencia de Sandringham. Es que el expríncipe habría confiado información confidencial al delincuente sexual Jeffrey Epstein. Fue sometido a un intenso interrogatorio y luego de 10 horas, quedó en libertad pero bajo investigaciones.
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Respecto a los innecesarios gastos del hijo consentido de la reina Isabel II, exfuncionarios del Departamento de Comercio británico manifestaron la sorpresa que sintieron durante la década anterior.
“Pensé que estaba mal… Dije que no debíamos pagarlo, pero terminamos pagándolo de todos modos”, declaró uno de los exempleados a la cadena, en relación con un reclamo presentado tras una visita oficial a Medio Oriente a comienzos de la década de 2000.
Otro de los exfuncionarios explicó que cuando le llegó el pedido de reintegro por “servicios de masaje”, luego de una gira oficial por Medio Oriente, dijo que no correspondía. Que no era un gasto institucional.
En un primer momento negó la autorización del pago, aunque la orden bajó desde arriba y el trámite avanzó. Con los años, reconoció que aquella señal de alerta debió haber sido tenida en más cuenta. Tal vez no hubiera cambiado el desenlace, admite, pero sí habría dejado asentado que algo no cerraba en la conducta del entonces representante comercial.
Un sistema que miraba hacia otro lado
Otra fuente, que en ese período supervisaba las cuentas del área, sostuvo que los pedidos no fueron aislados. Según su testimonio, hubo reclamos similares en otros viajes oficiales del exduque y nunca tuvo dudas de que los comprobantes eran auténticos. Nunca estuvo en duda si los gastos eran reales, el problema fue justamente que se consumarán.
De acuerdo con las mismas fuentes, los montos se fragmentaban en distintas partidas presupuestarias. Esa dispersión contable hacía más difícil seguir el rastro completo del gasto y, al mismo tiempo, diluía responsabilidades. En la práctica, los controles terminaban funcionando como un mero trámite administrativo: un sello automático más que un filtro efectivo. Así, los pedidos seguían su curso sin demasiadas preguntas.
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