7 de marzo 2023 - 00:00

Ricardo Coler: una indagación a los secretos que conocen los médicos

El autor, que además de escritor y ensayista también ejerce la medicina, desmiente y afirma ciertas leyendas.

Ricardo Coler. Entre la medicina y la imaginación literaria.

Ricardo Coler. Entre la medicina y la imaginación literaria.

Con sus pacientes, ateneos, quirófano, múltiples relaciones, ese espacio donde se vuelve evidente la vida, la muerte, las pasiones y sentimientos, la vida de “Un médico” (Planeta) se vuelve atrapante como lo demuestra Ricardo Coler en su nuevo libro, con momentos tan intrigantes como polémicos. Coler es médico, periodista y un destacado ensayista e investigador, autor de “El reino de las mujeres”, “Ser una diosa”, “Eterna juventud”, “Felicidad obligatoria” entre otros libros. Dialogamos con él.

Periodista: ¿En qué medida los negocios de los laboratorios obstruyen la aparición de nuevos elementos médicos?

Ricardo Coler: Depende de las circunstancias, pero siempre eso es algo que puede durar un tiempo, en un momento se termina. Cuando el invento es fuerte, sustentable y eficaz a la larga aparece, aunque a alguien no le guste. La medicina posee canales que tienen que ver con publicaciones profesionales donde el valor e importancia de ese invento se termina demostrando. Los laboratorios no hacen nada ilegal. No puede haber en televisión, en radio o en gráfica propaganda de medicamentos contra el cáncer. Eso está prohibido. Tampoco pueden difundir tratamientos reumatológicos o de enfermedades neurológicas. Esas cuestiones se resuelven en publicidad directamente dedicada a los médicos. Como los laboratorios son empresas fuertes lo que hacen es trabajar sobre los médicos, ofreciéndoles un montón de cosas, y dirigiéndoles la manera de pensar.

P.: “Un médico”, ¿es una novela autobiográfica?

R.C.: El protagonista, más allá de ser médico, tiene muchas diferencias conmigo. Pero es cierto que, si no se tiene algún tipo de experiencia en las cosas que se relatan en el libro, no se puede escribir una obra de estas características. El aparato que congela algunos tumores, se hace en la Argentina, y se utiliza solamente en el Hospital Italiano. Es un aparato de criocirugía que tiene una indicación específica, no sirve para absolutamente todo, da un resultado fantástico, y la mayoría de los cirujanos desconocen o están en contra. Cuando se busca en las guías oficiales los tratamientos contra determinado tipo de cáncer están todos, y por último hay dos líneas para las criocirugías. Está incorporada al saber médico, pero última y sintética. No es que no la dejen entrar. La forma de pensar del médico está sitiada por algunas cosas, como todos nosotros. Se habla “de lo que se habla” y hay ochocientos millones de cosas que no entran en nuestra conversación habitual.

P.: Junto a esa herramienta médica creada en Israel, el protagonista abre un polémico debate sobre el mundo judío.

R.C.: Si se pone en Internet “judíos y genes”, aparece un montón de trabajos genéticos que muestran que los judíos asquenazis nunca estuvieron en Medio Oriente, y que se trata de una tribu de Europa del Este que se asimiló. ¿Qué es lo loco de esto? Que los judíos se asimilaron con genes del padre, y para los judíos sólo la madre confiere la condición de judío. Además, es raro que viniendo de Europa de la misma madre sean tan diferentes. ¿Cómo puede ser que haya hijos de todos los colores de la misma madre y del mismo padre? En Medio Oriente no había chicos rubios. El libro plantea, de acuerdo con la genética, que es probable que los únicos y verdaderos judíos sean los palestinos. Tanto los israelíes como los árabes se unen para ocultarlo, para no perder el statu quo de la situación. La ciencia cuando avanza demuestra que las creencias se caen a pedazos. Esto tiene que con “La invención del pueblo judío”, el libro de Shlomo Sand, catedrático de la Universidad de Tel Aviv. Después están los que lo contradicen.

P.: Hay momentos en fiestas familiares judías que parecen de una película de Woody Allen.

R.C.: Habían puesto en la contratapa “al mejor estilo Woody Allen”, pero lo sacaron por las acusaciones que tiene. El personaje de “Un médico” es un tipo al que le van pasando cosas. En un momento la socióloga, de un corpazo enorme, y mala con sus alumnos en la facultad, que es su pareja se lo dice.

P.: ¿Pone en discusión la entrega indiscriminada del Viagra?

R.C.: No tengo nada contra los laboratorios, que han hecho muchos descubrimientos, ni contra el Viagra. En “Un médico” se cuenta de un paciente que no tiene ganas porque la mujer es insoportable, y el médico le da Viagra y lo manda de nuevo con ella, lo que el tipo no quiere. Un paciente una vez que vino sin su mujer de acompañante, me dijo: “Mire, doctor, yo con otras puedo”. Muchas veces cuando la gente tiene un problema con la sexualidad va al médico, y el médico no sabe nada, responde a sus creencias, a su formación, a lo que piensa de la vida, en el fondo lo que dice es puro sentido común. No tiene la menor idea y dice cualquier cosa, sin embargo, la gente recurre al médico para eso.

P.: ¿Sus investigaciones en el mundo de las mujeres lo llevaron a que todas las parejas del protagonista sean profesionales?

R.C.: Es posible que de algún modo estén presentes “El reino de las mujeres” y “Mujeres de muchos hombres”. Acaso, por eso libros, al comienzo de la novela el personaje tiene la fantasía de una rubiecita medio tonta, pero después todas sus relaciones son con mujeres inteligentes, activas y profesionales. En cuanto a la relación del médico con la joven viuda es algo que se da en los hospitales, la chica que sufre la muerte de su marido y termina teniendo relaciones con el que era el médico de la familia.

P.: ¿Ahora en qué está?

R.C.: “Un médico” tiene segunda parte, con otros ámbitos y otros personajes. Esta vez ocurre enteramente en la Argentina, y al protagonista le cambia su situación personal. Es posible que incluya una nueva investigación, un nuevo ensayo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar