“Me di cuenta de que lo primero que bailé fue rikudim, esa danza folklórica israelí que tengo metida en el cuerpo. Más que la danza clásica, esa es mi formación”, dice Diego Rosental, bailarín, actor, director, coreógrafo, docente y acróbata aéreo que estrena “La renuncia”, el viernes 11 a las 22.30 en Espacio Callejón.
Rosental: la danza como marca biográfica
El bailarín, actor y director estrena en Espacio Callejón
“La renuncia”.
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En el espectáculo que Rosental protagoniza y dirige baila en soledad esa danza que aprendió de manera colectiva y conecta un pasado biográfico con uno comunitario que se reactualiza en el presente. Rosental fue integrante de De la Guarda y trabajó con Emilio García Wehbi y Maricel Álvarez (65 Sueños sobre Kafka), Diana Szeinblum (Instrumento para estrellar), Ciro Zorzoli (Estado de Ira, Símil Piel), Ana Frenkel y Carlos Casella (Pura Cepa, Hacia el Fin, Corazón Idiota), entre otros. Dialogamos con Rosental.
Periodista: ¿Cómo surgió el espectáculo?
Diego Rosental: Empecé a elaborarlo el año pasado en Madrid cuando hice un máster en práctica escénica y cultura visual que se da en el Museo Reina Sofía. Confluyen bailarines, artistas plásticos, cineastas, y este lo pergeñé como proyecto final. Mi obra anterior, “Acróstico”, involucraba la danza y me había quedado algo pendiente no explorado. Era un biodrama pero esta vez no quería hablar en primera persona. Había quedado resonando aquello de “La renuncia”, y resultó en un solo donde bailo esa danza folklórica israelí, rikudim, pero no enuncio aquello que bailo, no doy datos.
P.: ¿Cómo aparecieron los rikudim?
D.R.: Viene de los “Rikudei iam”, quiere decir bailes a la orilla del mar, tiene mucho que ver con el origen del estado de Israel y volvió a mi porque lo bailaba cuando era chico en Rosario. Pedí ayuda a amigos, vi muchos videos, me reencontré con esa danza. Parte de esta renuncia es ser fiel a esta danza. No incluyo improvisación ni contemporáneo, elegí bailar esta danza pero de manera muy diferente a lo usual. Bailo en silencio y en forma circular.
P.: ¿Cómo es bailar en silencio?
D.R.: Le fui quitando sonidos hasta que quedó solo el silencio y eso abre más el imaginario. Hay algo en esos pasos y estilos más fuertes que oscilan entre lo masculino, femenino, militar, alegre o melancólico. La principal diferencia con los rikudim es que es una danza colectiva y yo bailo solo, eso revela una ausencia y una renuncia.
P.: ¿Renuncia a qué?
D.R.: Tiene que ver con las decisiones, tomar algunas y renunciar a otras. En relación al espectáculo, bailar solo en silencio sin parar y permitirme que me conecte con cuestiones de mi propia historia. La herencia y algunas heridas, resabios que quedaron. Una manera de reconfigurar y sanar algo, de renunciar a algo con lo que cargaba, dejar atrás para abrir algo nuevo. La renuncia es también aceptación y no rechazar.
P.: ¿Cómo la recibió el público que ya la vio en ensayos generales o funciones previas?
D.R.: Hice seis funciones en agosto y el público entra en trance, es el viaje de cada uno. Muchos dijeron que aunque no hay música podían escucharla a través de mis pasos, hay algo rítmico que empieza a suceder, es entrar en la musicalidad.
P.: ¿Cómo ve este momento de la danza?
D.R.: Difícil como todas las artes pero la danza siempre tiene menos presupuesto que el teatro, eso es histórico. La danza se está metiendo más en el mundo del teatro, por ejemplo, yo hago coreografías para obras de teatro, es algo que se empezó a incorporar. En los teatros oficiales contemplan esa posibilidad que creo antes no era tan común. Danza y performance se expanden y tocan lugares que el teatro no y necesita algo de eso. En Argentina no está tan desarrollado mientras en España todo lo que es performance y artes vivas, como le dicen allá, está proliferando.
P.: ¿Cómo se trabaja con la danza en el teatro independiente?
D.R.: En esta obra somos tres y sólo yo sobre el escenario, es más fácil. Lo difícil en el independiente es coordinar a todo el equipo para ensayar porque no se puede exigir a la gente que deje sus trabajos pagos. Se trabaja de manera precaria lamentablemente pero veo que así y todo no se deja de producir, no sé cómo. Es muy estimulante. A diferencia de Madrid donde lo independiente no tiene el prestigio ni la participación de público que tiene acá. Allá es todo oficial o comercial.


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