20 de septiembre 2001 - 00:00

Aerografía: una técnica con múltiples aplicaciones

Aerografía: una técnica con múltiples aplicaciones
Escribe Christian Daneri

La aerografía es una técnica para ilustrar superficies cuyos orígenes se remontan a fines del siglo XIX, pero que permaneció relativamente desconocida por la mayoría de los argentinos hasta no hace mucho. En contraposición con este anonimato en el cual se mantuvo durante años, en los últimos tiempos esta actividad ha ganado una notoria cantidad de adeptos.

Según los especialistas consultados por SU DINERO Personal, este creciente interés por aprender las técnicas de la aerografía se debe no sólo al fuerte impacto visual que provocan las pinturas aerográficas en general, sino también a que dentro del contexto económico recesivo y de altísimos índices de desocupación que sufre la Argentina, algunos ven en esta actividad una posibilidad concreta de empleo. Es que, como explica Ignacio Otero, diseñador gráfico que se desempeña desde hace casi veinte años en el área de ilustración y aerografía, y que dicta cursos sobre esta disciplina, «la inversión que hay que hacer para dedicarse a esta actividad es baja, y si se trabaja de manera profesional, ésta puede recuperarse en poco tiempo».

Para dar una idea de lo fructífera que puede llegar a ser la aerografía, la ilustración del capó de un auto -uno de los trabajos más solicitados por los clientes- se cobra entre $ 500 y $ 700, una cifra que puede parecer excesiva, pero que es razonable si se analiza el proceso completo por el cual tiene que atravesar la obra. «Después de pintar la figura sobre la superficie, a ésta hay que aplicarle una capa protectora, que requiere 14 manos de pintura, de manera que el trabajo quede realmente bien hecho. Por eso el precio es tan alto», dice Otero. El artista admite que en el mercado pueden encontrarse presupuestos mucho más bajos por un trabajo similar, pero también aclara que en ese caso el cliente debería dudar seriamente de su calidad.

internacional

Ahora bien, como lo demuestra la experiencia de Luis Alberto Capdevila, quien también se dedica desde hace muchos años a la aerografía, el interés que despierta esta disciplina no es patrimonio exclusivo de la Argentina, ni mucho menos. «Hasta hace poco estuve viviendo en Toluca, México, haciendo trabajos en aerografía. Y anteriormente también tuve la posibilidad de residir un tiempo en los Estados Unidos (Orlando, Florida), estudiando y viviendo de esta actividad que me apasiona», cuenta el dibujante.

Por otra parte, como bien destaca Otero, «la aerografía te da mucha libertad e independencia, porque uno no tiene jefes ni horarios fijos, sino que maneja sus propios tiempos». Además, «se puede hacer desde cualquier lado, incluso desde el domicilio particular, ya que no se necesita mucho espacio para trabajar». Los instrumentos que se requieren para dedicarse a esta actividad son:

•Aerógrafo ($ 80/$ 230): de tamaño y forma parecidas a una lapicera y cuya función es expeler aire y pintura simultáneamente.
•Compresor de aire ($ 150/$ 700): que se conecta con el aerógrafo para trasladar la pintura.
•Pinturas ($ 20): dependerán de la superficie sobre las que se deseen aplicar.
•Film de enmascarar ($ 16/$ 45 el rollo de 4 metros): se usa para «enmascarar», esto es cubrir la superficie que no se quiere pintar.

A estos elementos hay que agregarles cortantes, pinceles y cartulinas.

Aspectos tecnicos

Respecto de los aspectos técnicos, una de las particularidades que distinguen a la aerografía es que el instrumento con el que se trabaja no debe apoyarse sobre la superficie en la cual se aplica la pintura. Y a diferencia de muchas otras técnicas de ilustración, no deja relieves sobre la superficie. «La pintura se pulveriza de tal manera que es imperceptible al tacto», asegura Otero. Asimismo, el artista y docente destaca la importancia que tiene el proceso de «enmascaramiento», que necesariamente tiene que incluir todo trabajo aerográfico de calidad. «El enmascaramiento consiste en cubrir con diferentes técnicas aquellas partes del original que no se quieren pintar. Una vez hecho esto, el artista dibuja la figura y la recorta, de manera que la pintura abarque únicamente la parte seleccionada. En realidad, el secreto de la aerografía reside en estos dos últimos procedimientos. Es la parte más importante. Después, pintar es relativamente fácil.

El enmascaramiento hace posible que la obra adquiera una definición fotográfica, porque un trabajo hecho a ‘ano alzada’(es decir, sin cubrir primero la superficie que no se quiere pintar) jamás tendrá la definición de aquel al cual se le apliquen las diferentes combinaciones de máscaras.»

Como quedó dicho, los trabajos más solicitados provienen de la decoración vehicular, como las pinturas sobre capó, puertas, o bien las ilustraciones sobre cascos de motocicletas -un trabajo por el cual se cobra un promedio de $ 400, pero que es sumamente complejo, debido a que el artista tiene que desarmar la pieza para poder pintarla-. De todas maneras, el campo de aplicación de la aerografía no se agota allí, ni mucho menos; por el contrario, la vasta aplicación que tiene esta técnica abarca desde la industria textil -ilustración de remeras- hasta la decoración de tortas, del maquillaje para eventos a la restauración de muebles. Por ejemplo, Otero se dedica desde hace bastante tiempo a la aerografía editorial, haciendo ilustraciones para libros. «Una vez que se aprenden bien las técnicas, que son las mismas que se utilizan en todas las superficies, el resto es práctica», asegura el especialista.

Otras alternativas

Otra de las fuentes de trabajo en las cuales abrevan los aerógrafos es la industria del packaging, que suele requerir los servicios de estos artistas para plasmar sobre los envases los diseños que utilizará la empresa para promocionar sus productos en el mercado. En estos casos, al igual que en la industria editorial, el profesional tiene que estar capacitado para terminar los trabajos en la menor cantidad de tiempo posible. Aunque Otero destacó que en los últimos años, habida cuenta de la gran competencia que se registra en el mercado, esta premisa también se aplica para la mayoría de los casos. «Hay ocasiones en las cuales los clientes piden que uno termine un pedido en 5 días, cuando en circunstancias normales llevaría unas dos semanas trabajando a un promedio de 6 horas diarias.

Pero son las reglas del juego, y si hay que estar 4 días sin dormir, no queda otra», dice con un dejo de resignación el docente, sin dejar de aclarar que debido a la pasión que siente por esta actividad incluso estos encargos los cumple con gusto. Por lo general, el cliente tiene una idea de qué tipo de ilustración desea para su auto, moto, casco o remera. Pero también se dan los casos en los cuales la persona no está muy segura respecto de qué es lo que quiere, de manera que siempre es conveniente que el aerógrafo tenga a mano carpetas con distintos diseños para sugerir, así como fotos de trabajos realizados por él.

Los artistas consultados relativizaron los aportes que puede hacer la informática a la aerografía, considerando que es sólo una buena herramienta de trabajo -sirve para hacer los diseños y los bocetos-, tanto más cuanto que la parte más importante del trabajo es manual.

Otero coincidió en que la aerografía reúne determinadas características que podrían convertirla en una interesante salida laboral -baja inversión, escasos instrumentos, poco espacio para trabajar, demanda estable-, pero también advirtió que «para llegar a hacer buenos trabajos se necesita mucho esfuerzo y mucha práctica. Es cierto que las técnicas se aprenden rápido, pero lograr aplicarlas con calidad es más difícil. La persona que quiera dedicarse a esta actividad no necesariamente tiene que saber dibujar, pero sí tiene que poner mucha dedicación, ser prolijo y creativo», enumera, convencido.

Oferta academica

En la Argentina hay una amplia oferta de cursos sobre aerografía, muchos de los cuales se promocionan a través de Internet, como el caso de Otero (webs.sinec-tis.com.ar/aerografia), quien dicta cursos de 8 clases de 3 horas cada una, tanto presenciales como a distancia. Estos últimos, a través de CD ROM especialmente editados por él.

«En ocho clases el alumno aprende las técnicas de la aerografía, pero después tiene que practicar mucho. Además, siempre les digo que no practiquen con el cliente; antes de comprometerse a hacer un trabajo, hay que estar lo suficientemente capacitado.»

De todas maneras, el docente consideró imposible estimar cuánto tiempo puede llevarle a una persona estar en condiciones de dedicarse a esta actividad de manera profesional. «Hay alumnos que enseguida me preguntan cuándo van a poder dibujar como yo. Y les contesto que eso es imposible de saber; quizás alguien tiene muchas condiciones y ganas, y puede hacerlo en muy poco tiempo, y hay otros a los cuales probablemente les lleve mucho más.»

Una breve recorrida por las clases de aerografía que se dictan en el país basta para comprobar que la edad de los alumnos va desde los 14 hasta los 72 años, un espectro por demás heterogéneo, que incluye a estudiantes secundarios, universitarios, profesionales, jubilados, etc. Aunque la mayor cantidad de la gente que decide estudiar aerografía estudió previamente diseño gráfico o fotografía.

Durante los cursos, además de enseñar las técnicas propias de la actividad, también se suelen explicar algunos conceptos de la teoría de los colores y de perspectiva.

En suma, la aerografía reúne diversas condiciones que la convierten en una actividad digna de ser tenida en cuenta a la hora de elegir una profesión independiente y original, con la cual obtener unos ingresos. Claro que, al igual que cualquier otro oficio, sin esfuerzo y dedicación, el éxito quedará recluido al ámbito de la mera utopía.

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