Charlas de quinchos

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El impacto inicial por el avance del Coronavirus va dando paso a la ansiedad (con récord de insomnes), y la problemática sanitaria comienza a compartir cartel con los crecientes problemas financieros y económicos que desvelan a grandes y pequeños.

El impacto inicial por el avance del Coronavirus va dando paso a la ansiedad (con récord de insomnes), y la problemática sanitaria comienza a compartir cartel con los crecientes problemas financieros y económicos que desvelan a grandes y pequeños. En medio, la conmemoración por los 38 años de Malvinas; el cumpleaños 115 de Boca Juniors (3 de abril de 1905) y, para quienes profesan la fé católica, un domingo de Ramos inédito, también virtual (se pudieron seguir los oficios religiosos por la web), todo lo cual, y un poco más, se vio reflejado en los Quinchos que siguen aprovechando las múltiples plataformas que aparecen para teleconferencias múltiples. Por supuesto que además hubo una extraordinaria cantidad de “reuniones” virtuales, públicas y privadas, como el periódico encuentro que el Estudio Broda realiza con empresarios en la Ucema donde se le sigue el pulso a la economía, entre otros muchos encuentros. La sacudida mayor de la semana, sin embargo, fue política y la constituyó el traspié oficial del viernes cuando se habilitó el postergado pago a los jubilados, y que provocó una inmanejable aglomeración de gente en la calle, justamente del sector más vulnerable, y que desnudó la desconexión (y el desconocimiento) en muchas áreas del gobierno y del sindicalismo.Veamos:

Mientras no terminaban de acallarse aún, los comentarios sobre el sobredimensionado elogio público que hizo Alberto Fernándeza a Hugo Moyano, que provocó malestar hasta en la CGT, explotó el viernes la cuestión de los jubilados (y las interminables colas a la intemperie, en plena exigencia de “distancia social” para evitar contagios), y que casi provocó los primeros esmeriles adelantados del Gabinete, en especial, con Alejandro Vanoli de la Anses quien hoy y mañana volverá a pasar por otras sendas pruebas de fuego. Las fuertes críticas públicas se sumaron a las que ya había recibido el Ministro Ginés Gonzalez García, de Salud, pero que en este caso se extendieron también hasta al titular de la Bancaria, Sergio Palazzo, quién hasta la semana pasada resistía la apertura de las entidades financieras, quizás el tema más reclamado hoy por hoy por las empresas, imposibilitadas ya de operar sin bancos. Lo cierto es que tanto Vanoli como Palazzo fueron el blanco de la furia presidencial y, aunque no hubo “despidos” aún, en el entorno se dice que las relaciones quedaron muy dañadas al punto que puede llegar a haber cambios, aún antes de que se supere totalmente el cuadro de la pandemia.

Mientras entre los privados se seguía con bastante alarma la evolución política de estas cuestiones, también se recibía el “bombardeo” de cantidad de temas operativos, la mayoría de ellas producto del voluntarismo de funcionarios nóveles que lo único que aportaron fue más complicación a la operatoria. Desde los intendentes que siguen restringiendo la circulación, en especial de camiones, por sus localidades, hasta nuevas exigencias superpuestas a las ya existentes (por ejemplo en carne), mientras otros sectores del comercio no son controlados; operativos sorpresa de precios (como el del Mercado Central) más del estilo de Guillermo Moreno e igual de inútiles, o la casi persecución que denunció el dueño de una importante cadena de supermercados, de parte de un encumbrado intendente bonaerense, todo contribuyendo a acrecentar el malestar empresario, cada vez más preocupado por las condiciones que deben enfrentar sus negocios. El caso es que la mayoría de ellos ya no descarta que Argentina caiga, finalmente, en default, con una situación interna terriblemente estrecha ante la baja de más de 12% del PBI en la última década. “El Estado grande se paga, y frente a una pandemia que nos va a llevar entre 3 y 5 meses por lo menos, necesitamos urgente un programa económico de corto plazo, o cerraremos nuestras empresas en cadena”, sostenía el titular de una poderosa Cámara, en un chat con sus “bases”.

“Si no podes pagar, al prohibir los despidos te transforman, automáticamente, en moroso de salarios y de cargas sociales”, decía un abogado especialista en derecho laboral, al tiempo que señalaba que la imprescindible “flexibilidad” laboral que se necesita, hoy es imposible, entre otras cosas, porque el Congreso ni está funcionando. Sin embargo, reconocía el hombre que con la legislación que ya hay se pueden implementar medidas de ayuda para las empresas dentro de un marco transparente también para los empleados. “Hay una normativa laboral que se puede activar, que es el Procedimiento de Crisis, que habilita el artículo 223 bis de la Ley de Contratos de Trabajo que, en acuerdo con el sindicato, puede establecer una reducción salarial como una contribución, sin pago de aportes patronales”, explicaba el especialista en un break de la obra de teatro “on line”, Campo Minado, escrita y dirigida por Lola Arias, que Cultura de la Nación y de la Ciudad repusieron el jueves para conmemorar Malvinas. La pieza, constituye un alegato antibélico profundo y emotivo interpretado por ex combatientes de uno y otro ejército.Las “marcha atrás” no ayudan, aunque se entiende que algunas son fruto de la urgencia , y otras varias del desconocimiento sobre como funcionan los sectores. Los exportadores, por caso, se quejan de la falta de un plan marco de emergencia que contemple, por ejemplo, las devaluaciones de todos los países de alrededor. “En lo que va del año, Brasil devaluó 33% y Argentina el 9% y, para colmo, los cariocas tienen apenas 8% de inflación”, señalaba para explicar la pérdida continua de competitividad local. A esto se suman distintos costos en alza en logística, por ejemplo, por falta de containers, o por “flete falso” ya que al desplomarse las importaciones, se debe pagar la ida y la vuelta de los contenedores.

Otro aumento impensado hace semanas atrás es el que empiezan a imponer algunas intendencia, con el supuesto argumento de “financiar” la lucha contra el virus pero que, en realidad, pasan a constituir aduanas internas, y provocan una alarmante catarata de costos. Un caso fue el de Castelli que llevó a que la ruralista Carbap explotara en una fuerte denuncia por el “oportunismo del intendente Francisco Echarren del municipio de Castelli que excediendo sus competencias, atribuciones y deberes, y recostado sobre esta pandemia que estamos atravesando todos los argentinos”, señaló en un comunicado, mientras que otra fuerte acción, en este caso de CATAC, logró retrotraer una medida similar en Arroyo Seco, Santa Fe, al repudiar de forma enérgica el incremento de 100% en la Tasa de Organización Portuaria para todos los camiones que ingresaban al Puerto ADM-Agro, justificando tal arbitraria medida para “afrontar los costos de la pandemia al municipio”. Pero los casos siguen en aumento y las restricciones se multiplican, como el aislamiento al que fueron sometidos los habitantes de Tres Sargentos, respecto al resto del partido de Carmen de Areco, a apenas 150 km de Buenos Aires, al quedar “cercado”el casco céntrico al punto que, ni siquiera, tendrían acceso a las farmacias, y sin lograr ninguna respuesta de parte de las autoridades.

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