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CON LAS MANOS EN LA MASA
Duilio Pierri junto a “Eco y Narciso”, óleo s/tela, 1986.
Un grupo de artistas que se resistió a abandonar los pinceles, aun cuando la crítica local e internacional seducida por el conceptualismo y el arribo de las nuevas tecnologías decretaba otros rumbos para el arte, se apresta a rendir homenaje a su propia perseverancia y darle la bienvenida a los que recién llegan al club. Curada por el artista Duilio Pierri, «Manos en la Masa», la exposición que el 17 de octubre presentará la Fundación Banco Ciudad en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, reúne pinturas que van desde el sesentista Luis Felipe Noé hasta el jovencísimo Nahuel Vecino, pasando por Coco Bedoya, Carlos Bissolino, Rafael Bueno, Juan José Cambre, Guillermo Conte, Fermín Eguía, Roberto Elía, Guadalupe Fernández, Diego Fontanet, Luis Frangella, Germán Gárgano, José Garófalo, Sebastián Gordin, Carlos Gorriarena, Guillermo Kuitca, Maggie de Koenigsberg, Emiliano Miliyo, Osvaldo Monzo, Majo Okner, Jorge Pietra, Felipe Pino, Jorge Pirozzi, Alfredo Prior, Armando Rearte, Juan Pablo Renzi, Martín Reyna, Marcia Schvartz, Eduardo Stupia, Pablo Suárez, Claudia Zemborain y Pierri.
La tradición pictórica tiene largo arraigo en la Argentina, pero estuvo jaqueada a partir de los años sesenta, cuando se anunció la muerte del arte. Por esta razón la muestra está dedicada a exaltar la persistencia, y según dice su curador: «Aspira a rescatar aquellos artistas que resistían en la pintura y en su estilo, pese a los vaivenes de la moda». Hoy, que la pintura vuelve a ser aceptada por los centros internacionales donde se legitima el arte, Pierri cuenta que en la década del ’0 advirtió que «cuando los críticos internacionales, como Bonito Oliva, descubrieron la pintura o el neoexpresionismo de los salvajes de Berlín entre otros grupos, se trató de un redescubrimiento tardío, porque en la década anterior habían centrado su atención en el auge del Pop, el arte conceptual y las nuevas tecnologías, sin advertir a los pintores que trabajaban en la sombra, porque la corriente principal era otra». En este contexto histórico, algunas obras que integran la muestra y que se remontan a mediados de la década del ’0, tienen el valor de un documento.
Periodista: ¿Cuál es, además de la persistencia de los artistas en la pintura, el criterio de la exhibición?
Duilio Pierri: La característica del siglo XX fue la convivencia de diferentes estilos, no hay más escuela ni imposiciones marcadas, por eso al mismo tiempo que Duchamp están los artistas pop, los cubistas, fauvistas y surrealistas. El eclecticismo del comienzo de la etapa vanguardista ya anuncia a mi entender, con artistas como De Chirico, el arribo de la posmodernidad. Esta situación ha contribuido a cambiar el criterio curatorial de las muestras, que ya no se definen más cronológicamente o por estilo, ya que es muy difícil agrupar escuelas, y se tiende a asociar por temas. La muestra trata sobre la pintura y la pintura tradicional argentina, que tiene que ver con lo popular, con su cromatismo especial o sus colores fuertes.
P.: ¿Predominan nombres de artistas de la década
del ’0?
D.P.: Es así, pero no está dedicada especialmente a los ’0 ni a la Transvanguardia. El criterio principal de la muestra es estético, tiene que ver con lo intuitivo, con el ser, porque justo en esta época de masificación creo necesario rescatar los valores que pueden transmitirse con la mano del artista. En esto coincido con Bonito Oliva y por eso el nombre, «Manos en la Masa». A la vez, al rescatar esos valores, esas pinturas y esos artistas que en su momento vivieron en la sombra, se trata de una reparación histórica. La idea es mostrar una continuidad, un estilo cuyas características son lo expresivo, el color, lo casual, un concepto de gracia y también algo que tiene que ver con el enigma. Es un grupo que se interesa por la historia de manera consecuente, que trabajó espontáneamente, con la identidad, y también en cierta medida con el grotesco.
P.: Algunos objetan el criterio de selección de los artistas, aseguran que faltan algunos y sobran otros.
D.P.: La muestra puede ser polémica en ese sentido y porque soy pintor y no crítico de arte, pero estoy contento con la selección. Es verdad que podrían haber estado otros artistas que no pude sumar porque no alcanzaba el espacio, ya que con un tema como la pintura se podría llenar todo el Centro Cultural Recoleta, pero quiero decir también que de los que están, no me arrepiento de ninguno.
P.: ¿En la Argentina, país donde la pintura tiene especial arraigo, cuál fue la respuesta de la crítica en la época que abarca la muestra?
D.P.: Hubo como una vuelta a la pintura a mediados de los años ’0 que la crítica convalidó recién en los ’0. Artistas como Eguía, Pino, Stupia, Schvartz, Cambre o Pietra, se nutrían de la neofiguración, armaban
un grupo de resistencia, que rescataba la pintura
en rechazo de lo conceptual, con una gran tendencia hacia el expresionismo. Era una vuelta a la tradición pictórica, que también se dio en EE.UU., por suerte, porque justo coincidió con lo que yo hacía. La crítica los relanza, ella es la que cambia de visión, dando lugar a algo que ya existía. Un problema que veo en la crítica en la Argentina, es que lo nuevo no se agrega a lo que hay, como sucede en EE.UU. Aquí cuando cambia la tendencia internacional se cree que la tendencia dominante, como en la guerra, anula todo lo anterior. Y no es así. Eso es lo que quiero mostrar, por ejemplo, que en los años ’0 se trabajó siguiendo una línea neoexpresionista de pintura que tiene que ver con la tradición y con la identidad argentina.

