Postales: el cannabis en la era del Covid-19

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Contra lo que podía suponerse, las acciones de las principales empresas de la industria cayeron, pese a que el aislamiento social elevó el consumo.

A los humanos de todo el planeta, el coronavirus y en particular las medidas de distanciamiento social y cuarentena nos modificaron nuestros hábitos y consumos como nunca se nos hubiera ocurrido.

(Antes de continuar, todos estos productos parecerían tener un efecto adverso en el caso de una infección de coronavirus).

Un primer ejemplo es el consumo de cigarrillos, considerado tradicionalmente uno de los sectores más estables de la economía (y responsable de unos 8 millones de muertes al año, frente a las 286.078 del coronavirus en poco más de 4 meses). Si bien se especulaba que el aburrimiento, el estrés, la ansiedad y el quedarse en casa -donde no está prohibido fumar- incentivarían el encendido, parece que al final, la condena social y las quejas por el olor a humo pudieron más. Tal vez el ejemplo más extremo es el de la India, con 120 millones de fumadores (12% del total mundial) donde el 58% de los fumadores habrían logrado finalmente abandonar el vicio y el resto redujo su consumo en un tercio (lo peor fue para los cigarrillos electrónicos).

En un principio, esto no se notó demasiado porque, viendo lo que se podía venir, los más precavidos -suena mejor que los más viciosos- comenzaron a acaparar cajetillas a un ritmo incluso mayor que el del papel higiénico. A esto se sumó la prohibición directa de vender cigarrillos en Japón, Sudáfrica, India, etc., por lo que no debiera sorprender que las acciones de Philip Morris (el mayor elaborador de tabacos en el mundo) de un máximo de u$s89,64 en febrero cerrara ayer en u$s72,12, una caída de 19.54%, frente al 13,3% que cede el S&P 500.

Con el alcohol pasó algo parecido (2,8 millones de muertes al año y 107 millones de “alcohólicos”). La idea era que, sin el control social, más tiempo para almorzar y comer y por las mismas razones que el cigarrillo, su consumo hogareño se incrementaría. Para fines de marzo, según la consultora Nielsen, en los EE.UU. -el mayor mercado de bebidas espirituosas del mundo-, el consumo de bebidas duras (tequila, gin, vodka) había crecido 75% frente a lo de un año antes, cervezas 66% y vinos 42%. De entonces -estos números que fueron también influenciados por el “acaparamiento”-, han cedido un poco a un total del 24%, más en línea con la disparada del consumo en el resto del mundo. El fenómeno no es nuevo y lo vimos con la epidemia del SARS en 2003, los ataques del 9/11, el huracán Katrina, etc.

Lo que nos dicen las encuestas es que también estaríamos viendo un cambio en la calidad de lo que se bebe, hacia productos de mayor gama, con una clara tendencia a favorecer más el vino que la cerveza. Vemos así las acciones de Diageo, el mayor fabricante de bebidas espirituosas del mundo (Johnny Walker, Smirnoff, etc.) retrocediendo 15,37% desde los máximos de febrero, frente al 40,5% que pierde Anhauser-Busch InBev, el mayor fabricante de cervezas a nivel global.

La actividad de las productoras de cannabis recreativo y medicinal (unos 147 millones de usuarios a nivel global, no hay estudios sobre las muertes relacionadas) es relativamente reciente y su mercado no tan “completo” como el de las industrias previas. Como sucedió con tantos otros productos, apenas se vislumbró la cuarentena, los consumidores comenzaron a acaparar, pero aquí de manera realmente masiva. Esto se habría vinculado con el uso tradicional de los cigarrillos que son compartidos entre varios, pasándose saliva, y el necesario cambio de hábitos a partir de ahora para evitar el contagio, llevando a que a cada quien dispusiera de su propia reserva (no hay información sobre hasta qué punto estos hábitos han cambiado).

El temor de un cierre indefinido de los negocios de proximidad por la cuarentena, a pesar de que en lugares como San Francisco fueron clasificados como “negocios esenciales”, disparó en California y Washington un incremento del 100% en las ventas de marzo frente a las de un año antes, ante (aún sin datos, las ventas por internet aumentaron también significativamente). La situación fue tal que, en algunos lugares como Chicago los negocios circunscribieron sus ventas únicamente al uso medicinal. Una situación similar se vivió del otro lado del Atlántico, donde el cierre de los “cafés” holandeses llevó a la formación de largas filas, algunas de varias cuadras, de los que buscaban hacerse de sus últimos “brownies”.

Si bien la demanda se disparó, el problema no está en la oferta. A nivel industrial, ya desde el año pasado el sector sufría de una sobreproducción, fruto de las buenas cosechas y el lento incremento de los puntos de venta. Esto ha derivado en una caída de los precios y el cierre de algunas plantaciones, impactando en los resultados de las principales productoras. Así la industria no pudo aprovechar el “buen momento” que le significó la cuarentena por el coronavirus. Vemos entonces cómo las acciones de Canopy Growth Corporation (ex Tweed Marijuana), la mayor empresa del sector, han caído desde los máximos de febrero 32,29%.

Dejando de lado la cuestión bursátil/económica, para los -aburridos- que somos abstemios y adictos al chocolate, si bien la situación del sector a raíz de las cuarentenas no es de la mejor (se espera una caída de entre el 5% y 10% del consumo a nivel global junto a una merma de 3% en la producción), y claramente -¡maldición!- engorda, el mercado apuesta por el chocolate más que por las otras alternativas para que enfrentemos la cuarentena algo más felices (del máximo de febrero los papeles de Mondelez, el mayor productor de chocolates del planeta, ceden apenas 14,89%).

ámbito Hemp 14-5.pdf

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