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En vinos dimos un salto cualitativo

Periodista: El premio que recibió hace poco en España, ¿tuvo que ver con sus conocimientos de viajes, vinos y gastronomía?
Elisabeth Checa: El 18 de setiembre en Pamplona, en el Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra Baluarte recibí el Premio Mujer: Tendencias, de los Premios Internacionales Eva que se otorgan a las Mujeres de la Gastronomía. Ese premio lo entregan el Gobierno de Navarra y la Asociación de Mujeres Empresarias a artistas, escritoras, diseñadoras y mujeres de otras disciplinas que, siendo reconocidas gourmet, han usado la gastronomía como materia o inspiración de sus creaciones. En 2007 lo ganaron la inglesa Jancis Robinson en periodismo, la chef francesa Anne-Sophie Pic y a la enóloga italiana Gaia Gaja. Este año, entre otras, se lo dieron en el rubro empresario a Rosa Esteva, una catalana que tiene hoteles maravillosos, y en periodismo a la madrileña Paz Ivison, de la revista «Sibaritas», y a mí con el Tendencias por hacer personales comentarios, que señalan y fijan tendencias en revistas, diarios, televisión e internet.
P.: Fue la primera latinoamericana premiada y en el nuevo rubro Tendencias, casi creado para galardonarla. ¿Cómo empezó con su pasión por vinos, comidas y viajes?
E.Ch.: Empecé haciendo periodismo en diversos medios, por ejemplo colaborando con Luis Gregorich en «La Opinión», después pasé por muchos otros diarios, como «Tiempo Argentino» y Ambito Financiero, donde empecé a escribir específicamente de vinos. En el 80, justo cuando me separé de Bengt Oldenburg, con quien tuve hijos y viajé muchísimo, me llamó Derek Foster para hacer una revista, pionera en su género, que se llamó «Saber beber y saber comer». Además, hacía reportajes para el gigantesco mensuario Metrópolis y no dejaba de seguir trabajando en Tribunales, donde había entrado para poder seguir estudiando en Filosofía y Letras por la tarde.
P.: ¿Cómo era para usted eso de salir de Tribunales para escribir sobre lo gourmet?
E.Ch.: Tenía algo gracioso. Pasaba de tomar declaraciones en el Tribunal de Menores a chorros, villeros, rateritos, madres llorosas a escribir sobre cómo valorar un buen champán. En eso anduve hasta que me pidieron que estuviera en forma permanente en Cuisine & Vines. Ahí estuve hasta 2000, cuando me llamó Dardo Gasparré para que fuera editora de las páginas Web de elgourmet.com. El era socio en ese momento de Pramer. Después se fue y yo quedé.
P.: ¿Cómo se le ocurrió dedicarse al mundo de la gastronomía y, además, especializarse en vinos?
E.Ch.: Miguel Brascó editaba a fines de los 70 la revista «Status», donde trabajaba Bengt, y se le ocurrió hacer un número especial dedicado a bebidas que llamó «Status Bar», y me dijeron de ayudarlos. Así fue como la organicé, la edité (había textos, por ejemplo, de mi amigo el filósofo Ezequiel de Olazo), y yo escribí muchas notas. Ahí conocí a Gasparré, que en ese momento era presidente de Seagram, cuando le hice una entrevista. Fue así como comencé a escribir y a reflexionar sobre gastronomía.
P.: ¿Es cierto que ha viajado mucho?
E.Ch.: Viví en Finlandia, un año en la India, anduve por Europa muchas veces. A mí, como a la gente de mi generación, me gusta París; es una ciudad que me emociona y donde podría vivir. Recorrí el mundo. Ahora viajo cinco estrellas, pero antes fui una aventurera bohemia. Y si pienso en un lugar ideal del pasado, por motivos existenciales, aunque no volví a ir ni volvería a ir porque es complicado, diría Argelia. Me encantó vivir un año en Argelia; trabajaba en una agencia de viajes y allí conocí a mi pareja actual.
P.: Ahora muchos de sus viajes son por encuentros sobre comida y vinos. ¿Cuál considera es el mejor chef a nivel internacional?
E.Ch.: Andoni Luis Adúriz, del restorán Mugaritz, de Gipuzkoa, el País Vasco, uno de los mejores restoranes del mundo. El Mugaritz es un lugar de culto gastronómico donde la seducción del paladar del comensal es la prioridad absoluta, y no sólo el paladar; conquistan todos los sentidos con una atmósfera ideal para disfrutar de los platos. Allí la naturaleza tiene importancia crucial. Adúriz, que es cocinero y científico, considera que cocinando se debe interpretar la naturaleza.
P.: ¿Qué piensa del boom turístico de nuestro país?
E.Ch.: Que lo tenemos merecido. Y estamos haciendo méritos. Cuando acompaño a amigos franceses a esos hoteles boutique nuevos, me dan envidia, me gustaría pasarme una temporada ahí, que me atiendan, que me traten con magnífica hospitalidad.
P.: ¿Qué cambio encuentra en los vinos argentinos?
E.Ch.: Un salto cualitativo. Habrá vinos peores y vinos mejores, pero ya no hay vino malos. En la época de Menem, con el uno a uno se compró tecnología, con la devaluación se empezó a exportar bien, entonces los bodegueros tuvieron plata para contratar asesores. A eso se suma que somos país Nuevo Mundo, pero en realidad somos país Viejo Mundo, hace 500 años que elaboramos vino. Que nos hayan descubierto ahora es otro tema. Es que nos hemos adaptado a un estilo contemporáneo de hacer vinos. Y no es que hagamos los vinos hiperconcentrados del Nuevo Mundo, esos que le gustan a (Robert) Parker. Superamos las vicisitudes del mercado porque tenemos una cultura del vino.
P.: ¿Como los chilenos?
E.Ch.: Los chilenos y uruguayos tienen vinos, pero no tienen una cultura vinera. Los dueños de las bodegas en Chile fueron aristócratas que volvían de Bordeaux con toda la idea de hacer vinos como allí. Acá fueron los inmigrantes que se encontraron con un suelo extraordinario para la uva, para lo que hacían ellos, sus padres, sus abuelos, y trajeron diversidad de uvas. Por eso tenemos que apostar a más, no sólo al Malbec. Ya sabemos que buena parte del mundo descubrió nuestro Malbec y están encantados. Pero debemos apostar a la diversidad de cepajes. Nuestra Bonarda, que no es italiana, sino de origen francés, se da brutal acá. Se está haciendo un Torrontés más internacional. Nuestro vinos crecen de modo vertiginoso. Y son cada vez más apreciados en el exterior.
P.: ¿Cómo surgió la moda de los varietales?
E.Ch.: Eso empezó primero en Estados Unidos, para que el público no vinero se acostumbrara a discriminar sabores distintos. Así es que nosotros heredamos los varietales. Ahora en el consumidor hay cada vez más interés por descubrir varietales poco frecuentados, como el Cabernet Franc, que se usaba en cortes, y los blend. El público está apreciando los blend, que es el arte de enólogo.
Entrevista de M. S.

