21 de noviembre 2008 - 00:00

Gente de códigos

Gente de códigos
Los códigos hacen que en un espacio reducido no haya casi nunca peleas. Permiten a la vez una autorregulación. Los milongueros son los encargados de hacer respetarlos. Las puertas de las milongas no están abiertas a cualquiera: hay que saber escuchar, entender cómo funciona, aprender, antes de ingresar. Hace muchos años, se enseñaban primero los códigos, y después cómo bailar.
«La milonga tiene sus pautas. Hay quienes las respetan, siguen y reivindican, pero también hay gente más desestructurada, que generalmente habla mal de esas reglas», cuenta Rubén Vieyra. «Estos últimos son -en su mayoría- gente joven, tal vez más informales en su forma de vestir y desprolijos al momento de bailar. Un claro ejemplo es La Viruta. Es otra cosa, allá usted saca a bailar y si la mujer es linda mejor, acá no importa la apariencia. El secreto es saber bailar y respetar ciertos códigos. Además hay que preservar un nivel, un estilo, ser elegante, por ejemplo», sintetiza.
Para Raquel Waisman, «es muy desagradable ir a un lugar y que te saquen tocándote el hombro y preguntándote directamente: '¿bailás?', como sucede en algunos boliches. En las milongas todo funciona a la perfección porque hay respeto y sobre todo porque hay códigos, que permiten socializar sin problemas. No nos olvidemos de que el tango es, ante todo, un respetuoso y ceremonioso baile social».

Consejos para milongueros

 No necesariamente todos los que van a la milonga saben bailar. Algunos de hecho ni siquiera saben lo que es el tango, y muchas veces el que vayan al recinto donde el tango se convierte en danza tiene que ver más con un deseo de aprender, descubrir o simplemente experimentar. ¿Qué hace uno cuando quiere descubrir?... pregunta. ¡Grave error! La pista es para bailar, no para conversar. Por algo el límite es donde empiezan las mesas.
 La pista no es para «jugar»: por lo tanto, bailar con la mejor intención, pero sin saber hacerlo con propiedad cae mal. Bailar como si fuera salsa, chamamé, en forma graciosa o exagerada, puede costar hasta la expulsión de la milonga.
Por ende, es recomendable aprender primero antes que innovar. Se pueden producir golpes, empujones, y hasta pisotones, que con un taco aguja no es cosa menor.
 A la gran mayoría de los milongueros no le agrada la exposición. Hay que ser cuidadoso y discreto a la hora de sacar una cámara. Hay lugares en donde directamente está prohibido sacar fotos o filmar.
 Prestar atención a la vestimenta: en especial cuando uno va a conocer un lugar. No es lo ideal dejar en evidencia el carácter de foráneo. Es tan simple como si alguien cayera en una fiesta punk con un traje Armani y zapatos de charol. Para las milongas, un elegante sport para empezar no está mal.
 En general, es costumbre bailar la tanda entera de tangos (cuatro) antes de irse a sentar (salvo en las prácticas, donde no suele haber tandas, o al menos pausa entre ellas). Si terminan antes es porque el baile fue malo, y algún integrante de la pareja (generalmente la mujer) prefirió interrumpir anticipadamente. Es decir, dejar de bailar antes de la finalización de la tanda es un «corte de rostro», como le suelen llamar.
 Tradicionalmente, los milongueros van rotando en la elección de parejas de una tanda a otra. No está bien visto que un bailarín saque dos veces seguidas a la misma dama.
 Una vez que el hombre tiene marcada a su posible pareja deberá ser cauto y fijarse si está acompañada. Por ende, es aconsejable esperar a que suene la música para sacarla.
 Se debe bailar en el sentido contrario de las agujas del reloj para que haya un orden, necesario para que cada pareja pueda moverse sin chocar a otra.
 Para invitar a bailar, hay que hacerlo por cabeceadas, por miradas o por guiños, nunca por invitación verbal directa, una forma criticada por los milongueros más tradicionales.
 Hay que mirar y aceptar ser mirado como forma de intercambio entre todos los bailarines. Miradas de aprobación y de rechazo, tímidas y desafiantes, seductoras y odiosas, de solidaridad y de competencia.
 La cortina musical entre las tandas de baile es la excusa perfecta para cambiar de pareja.
 En cuanto a la vestimenta, los tangueros prefieren el traje oscuro y las damas usan por lo general polleras y tacos bien altos que se compran en zapaterías especiales.
 Los zapatos de mujer llevan los tacos más altos, pulsera para sujetar el pie y muchas veces colores vistosos para destacarse en la pista.

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