Nueve cuadras de esplendor

Secciones Especiales

En avenida Alvear, antes que ese tramo pasara a llamarse Del Libertador, donde ahora está el Automóvil Club Argentino, tuvo su estadio River Plate durante 15 años (1923-1938). Los millonarios llevaban la marca en el orillo desde que se mudaron de La Boca al Barrio Norte. Los extractos vienen en envases pequeños, y al reducirse la extensión catastral de la avenida, se transfiguró, transformándose en una antología de lujo y buen gusto. Son sólo nueve cuadras de esplendor, comparables a la milla de los museos en la Quinta Avenida de Nueva York con el Museo Metropolitano y la casa en que murió Jacqueline Kennedy-Onassis. O el Faubourg St.-Honoré, en París, con el Palais de l'Elysée del presidente de Francia, el hotel Le Bristol y la central Hermès. Las asociaciones no son arbitrarias porque también, en menos de 900 metros, están varios de los mejores hoteles, viven las personalidades más notables, tienen sus locales las grandes marcas y el arte reina por sus fueros.

Las paralelas Quintana y Posadas, lo mismo que las transversales que las van cortando desde Cerrito hasta Schiaffino, parecen afluentes que desembocan en la que se llamó la avenida de los Palacios de Buenos Aires. Precisamente en su nacimiento, donde se llama Arroyo, está la Embajada de Francia, ex residencia Ortiz Basualdo, diseñada por el arquitecto francés Pablo Pater, el mismo del Club Tigre, frente al río Luján, convertido por el intendente Ricardo Ubieto en un museo excepcional de arte argentino.

Y al costado está la Embajada de Brasil, ex residencia de Celedonio Pereda, quien le encargó al francés Louis Martin en 1917 que siguiera el modelo del Museo Jacquemart-André del boulevard Haussmann en París. Allí se había alojado el Príncipe de Gales en su visita de 1925. Y en los departamentos vecinos vivió Goar Mestre, protagonista de excepción de la TV. Otro hecho singular es que en esa cuadra, las dos veredas tienen nombres distintos: la impar es Alvear y la par Arroyo. En la plazoleta que las separa, la estatua de Carlos Pellegrini, de Julio Couteü, parece indicar aquí y es precisamente enfrente donde está la sede del Jockey Club que él fundó, entre muchas otras instituciones, como el Banco de la Nación. Con entrada principal por Alvear 1345, el arquitecto Juan Buschiazzo reinterpretó la ex residencia de Concepción Unzué de Casares. Es notable la historia de la bellísima Diana de Falguière, escultura-símbolo que había llegado al país a la casa de Aristóbulo del Valle porque, además de político, era un coleccionista de arte destacado que vivía en esa calle.

De palacios a rascacielos

A medida que vamos caminando, porque es un paseo peatonal excepcional (lo disfrutamos todos los años desde 2003 en la semana de la Alvear Fashion & Week), comprendemos que no es un espacio nostálgico. Por deslumbrantes que sean los testimonios del pasado, lo más notable es su evolución al compás de los tiempos. Al lado de los palacios fueron surgiendo edificios modernos que tienen placas de premios municipales y no desentonan con los anteriores.

En Alvear 1402, entre Libertad y Montevideo, los arquitectos Pater y Alberto Morea construyeron en 1937 el edificio de renta que es un ejemplo racionalista aunque sus autores venían de la Ecole des Beaux Arts de los palacios que lo rodeaban. Sobre la misma vereda está la vivienda colectiva de Parera 65/69, en cuya obra participó el maestro Mario Roberto Alvarez, en 1953. El mismo que haría sobre un demolido pequeño palacio de la familia Blaquier rodeado de jardines, el rascacielos de Alvear 1491, que re-cibió el Premio Anual de Arquitectura de 1992.

Ya comienzan los locales: Escada, Nina Ricci, Laurencio Adot, Gabriela Capucci, etc. y Natalio Povarche, que tiene telas de Xul Solar y Spilimbergo y hasta de los actuales Antonio Seguí, Luis Felipe Noé o Silvina Benguria. Sobre la Galería Rubbers, en Los Pisos de Alvear 1597, se acaba de concluir una puesta a nuevo del edificio de 1926. Y enfrente, en los altos de James Smart (1598), se reciclan los departamentos para un nuevo hotel. Obviamente, de lujo. Y al lado hay un café, el Celetto, bien tano, para pedir un espresso.

De los papas al Hyatt

Cada cuadra tiene cartel francés, igual que un teatro, con sus títulos. En la esquina de Montevideo se destaca la Nunciatura Apostólica, el ex Palacio Fernández de Anchorena, del año 1909, la mayor obra del arquitecto francés Edouar le Monnier, que también hizo el Yacht Club Argentino en Puerto Nuevo y el Jockey Club de Rosario. Los dueños iniciales, Juan Antonio Fernández y Rosa de Anchorena, nunca lo habitaron. Lo adquirió la señora Harilaos de Olmos, marquesa pontificia. Allí se alojaron en 1934 el cardenal Pacelli, futuro Pío XII, y Juan Pablo II, en las dos visitas y desde su balcón saludó a la multitud que lo ovacionó. El edificio contiguo de Alvear 1651/7, la residencia diseñada para los hermanos Luis y Alberto Duhau por León Dourge en 1934, con jardines que llegaban hasta Posadas, acaba de transformarse en el Park Hyatt. Se mantuvo el edificio original y se le sumó una nueva construcción más alta. Ya había pasado en el ex Hyatt de Posadas (luego Four Seasons).

Es una visita muy recomendable, lo mismo que hacerla al George V de París, el Savoy de Londres o el Ritz de Madrid, para hacer unos pocos nombres. Si vivimos en Buenos Aires no necesitamos alojarnos allí pero podemos tomar una copa o comer frente a un parque interior con terracitas que ha conservado su belleza aunque haya disminuido su tamaño. No es extraño porque la familia propietaria de esa cadena tiene un gran respeto por el arte, más allá de la hotelería. Por eso creó el Premio Pritzker, considerado equivalente del Premio Nobel de Arquitectura. Fue instituido en 1979 y consiste en una recompensa de 100 mil dólares, y entre los distinguidos están, por ejemplo, I.M. Pei, Frank Ghery, Rafael Moneo, Renzo Piano, Norman Foster y, este año, el brasileño Paulo Mendez da Rocha.

La casa fantasmal

Justo en la esquina (1683/85/93) está una de las construcciones más antiguas, el Palacio Duhau, construido en 1890 por Carlos Ryder con los jardines que diseñó Carlos Thays, nuestro «padre verde», porque a él se deben no sólo el Botánico, sino la mayoría de nuestras plazas. El primer propietario fue el ingeniero Alejandro Hume, responsable del tendido de 15.000 kilómetros de ferrocarriles en nuestro país. En los años 20 la compró la señora María F. Duhau y Fonillerac y pasó a ser el Palacio Duhau, con el mismo apellido de la casona vecina. Su actual propietaria es Susana Maguirre. Y poco más es lo que se sabe porque parece deshabitada, aunque los vecinos han visto gente viviendo. Para algunos es una mansión fantasma y para otros es «la casa embrujada». Es el enigma de la avenida Alvear, porque es inexplicable ese edificio semiabandonado. Allí se realizó la primera exposición de arte de Buenos Aires, con objetos provenientes de colecciones particulares, entre ellas la de Aristóbulo del Valle, que vivía en un petit hotel de la otra cuadra. Fue a su muerte, en 1896, que la familia vendió al Jockey Club, a pedido de Carlos Pellegrini, la Diana de Falguière, para instalarla en Florida 571, que acababa de inaugurarse.

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