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REGRESA EL ARTE DE LOS 80

exposiciones sobre las tendencias abstractas. Ahora, con el mismo e incesante interés revisionista, críticos, historiadores y artistas, investigan la nutrida producción pictórica de la década del ochenta.
La muestra «La Transvanguardia Italiana» que la Fundación Proa se apresta a inaugurar en estos días, además de paliar la ausencia de exhibiciones de arte internacional, que ya comienza a hacerse sentir en el ambiente, aporta un excelente material que permitirá analizar y cotejar las obras consagradas en los circuitos internacionales, con aquellas que simultáneamente se gestaron en nuestro país. La exposición italiana gira en torno al movimiento que en la década del '80 marcó un retorno a la pintura figurativa y al gesto expresivo de la pincelada libre, y que junto con el neoexpresionismo alemán y, en menor medida, con la nueva imagen estadounidense, lideró la escena mundial.
El curador de la muestra, Achille Bonito Oliva, ideólogo del movimiento, escaló rápidamente a la fama junto con los artistas Sandro Chia, Enzo Cucchi, Nicola de Maria, Mimmo Paladino y Francesco Clemente, cuando en 1979 la revista «Flash Art» publicó su texto «La transvanguardia italiana» que, redactado al estilo de los manifiestos vanguardistas, propugnaba «un arte totalmente liberado». El conjunto que presenta en Proa reúne pinturas tempranas de gran formato, algunas consideradas históricas, y objetos o esculturas recientes de los cinco artistas.
Más allá de la importancia de traer esta cuidada selección en el difícil contexto de la posdevaluación, la muestra tiene un sabor muy especial para los argentinos. Los principios transvanguardistas que Bonito Oliva difundió durante sus frecuentes viajes a la Argentina, a partir de 1981, calaron hondo en nuestro medio. El interés por su discurso estuvo sin duda favorecido por la arraigada tradición pictórica heredada de Europa, que consolidada por la inmigración española e italiana, nunca llegó a extinguirse. Pero sobre todo, porque como cuenta el artista Juan José Cambre: «El fin de la década del '70, encontró a muchos pintando en el silencio de sus talleres, y aunque la idea de agruparse recién surgió al final de la dictadura, algunos ya habían expuesto en Arte Múltiple pinturas que coincidían con esa estética».
Por otra parte, Duilio Pierri cuenta que luego de un viaje por Italia, comienza a citar en sus obras las formas neoclásicas con un estilo neoexpresionista similar al de la transvanguardia, y señala que en abril de 1976 pintó el primer cuadro de la conocida serie «Los mosquitos». Añade que en esa época, artistas como Marcia Schvartz, Felipe Pino, Eduardo Stupía o Fermín Eguía seguían la misma tendencia, y que sus obras recién serían valoradas al difundirse las teorías de Oliva. «En marzo de 1980 llegué a New York -dice Pierri-, y al ver la primera muestra de la transvanguardia en la galería Sperone, advertí que nosotros veníamos trabajando en la misma dirección. Me pareció que esas obras podían haber sido pintadas por los del grupo con que estaba conectado.»
En Buenos Aires, Charlie Espartaco traduce los textos de Oliva y crea la Anavanguardia -un «furto con destreza»-, o robo con destreza, para decirlo con las mismas palabras que utiliza el crítico italiano para describir las «apropiaciones» del arte del pasado que propone a los artistas. El fugaz movimiento tuvo una única muestra en el Espacio Giesso. En el clima de excitación generado por el inminente retorno a la democracia, Jorge Glusberg funda la Nueva Imagen (1982-1987), tendencia integrada inicialmente por ocho artistas (Kuitca, Juan Pablo Renzi, Pablo Suárez, Ana Eckell, Cambre, Prior, Fernando Fazzolari y Rearte), que presenta en la Bienal de San Pablo (1985).
El grupo se ampliaría al promediar la década con pintores como Pierri, Osvaldo Monzo, Gustavo López Armentía, Héctor Médici, Rafael Bueno y Eduardo-Médici, entre muchos otros. Recordando esos buenos viejos tiempos, Cambre cuenta que en el café Einstein, Luis Frangela pintaba en vivo frente al público, como después lo hizo el grupo Loxon (Bueno, Guillermo Conte y Majo Okner). Estas y otras performances se reiteraron en Cemento, donde Martin Reyna, Rearte, Pierri y Garófalo, que terminaron pintando los Inalambrics en el escenario.
En ese estimulante contexto, Arturo Carrera otorga el Premio Bosta (formas orgánicas que Okner recolectaba en la estancia de su suegra), galardón que llega a ganar Kuitca. Rómulo Macció organiza «Pintura fresca» en la galería Del Buen Aire (Luis Felipe Noé, Cambre, Frangela, Schvartz, Carlos Kusnir, Kuitca, Pietra, Pierri). Y en 1983, Laura Bucellato y Espartaco montan « Expresiones», que según observa Cambre, «fue la 'apropiación' más cabal del espíritu que animó esa década».
ENSEÑANZAS
El desembarco de «La transvanguardia italiana» al barrio de La Boca, se produce justo cuando un significativo grupo de artistas de la última generación retorna nuevamente a la pintura. Hoy, los jóvenes recorren los museos en busca de las enseñanzas de los viejos maestros para estudiar las posibilidades del óleo, y por iniciativa propia estudian la técnica, descartada en las escuelas.
La exhibición de Proa se adivina como una buena señal que marca la continuidad de un programa dedicado a presentar obras de los artistas que fundaron los principales movimientos de la historia del arte del siglo XX. Organizada juntamente con la Embajada de Italia y auspiciada por Tenaris, la exposición tiene un catálogo, con un extenso texto del curador, y abundante documentación. La directora de la institución, Adriana Rosemberg, prepara entretanto una muestra sobre el arte argentino de la década del '80 que permitirá cotejar diferencias y afinidades. Mientras Duilio Pierri trabaja en una selección de ese mismo período -aunque ampliada hacia el pasado y el presente-que exhibirá la Fundación Banco Ciudad en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta.


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