«Adrenalina.
La mejor
adrenalina. Eso es lo que siento al levantar un Fórmula Uno a 270 kilómetros por hora. Y es para mí una adicción», comenta Alluard.
Los relojes de entre 3 mil y 20 mil dólares hoy tienen en la Argentina una aceptación y una divulgación enormes, insospechable, el mercado ha repuntado de una forma increíble», puede comentar al pasar Philippe Alluard, directivo para América Latina y el Caribe de Luis Vuitton Moët Hennessy (LVMH), el primer grupo mundial de productos de lujo, para volver de inmediato a dar testimonio de su pasión por los autos, y explicar la adictiva adrenalina que sintió al llevar un Fórmula Uno a 270 kilómetros por hora, o detallar por qué viajar es para él algo absolutamente imprescindible, y explicar que -a pesar de tener una familia de lo más normal, mujer, dos hijas, nietos- vive 150 días por año en hoteles, recorriendo América.
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Conocer la Argentina fue para Alluard una meta juvenil. Nacido a comienzos de 1950 en París, al poco tiempo su padre -que era médico- trasladó a su familia a un pueblito de las afueras con pocos habitantes y pocos atractivos que lo volcaron a la lectura. Se fascinó con «Las aventuras del Capitán Grant» de Jules Verne, y la Argentina quedó fijada como una meta, dentro de su sueño de viajar, cuando leyó cómo los hijos del Capitán Grant venían a buscar a su padre en la Patagonia. El azar y su genio deportivo -en rugby, esquí y remo a nivel de competencia- hicieron que no pasara mucho tiempo sin que visitara nuestro país. Vino en 1968, con el equipo de Francia para un partido de rugby universitario. Ese mismo año, las revueltas estudiantiles de mayo en París hicieron que no entrara a la Facultad de Arquitectura, y se inscribiera en la más prestigiosa Business School de Francia. «Cuando me gradué, busqué un trabajo que estuviera vinculado con América latina y el Caribe. Por suerte, me propusieron un trabajo radicado en Barbados. Pensé en quedarme allí no más de tres años, pero al abrirse la puerta del avión sentí que me envolvía una sábana transparente, caliente y húmeda, que me transformaba de europeo en un hombre tropical. Me quedé 10 años. Trabajaba para una compañía de productos de lujo (Baccarat, Lalite, Christopher, Nina Ricci, Cartier), y si bien mi gusto es por los autos y los barcos, el ambiente del lujo me fascinó.
Tuve idas y vueltas a París. En el 88 formé mi propio grupo de distribución de productos de lujo con sede en Florida, Miami, porque es la puerta a América latina. Representé a Tag Heuer, otras marcas de relojes, joyas, perfumes y regalos, que tuvieron muy buen desarrollo internacional. Cuando en 1999 Tag Heuer fue comprada por LVMH, que cuenta con 46.000 empleados en el mundo, me ofrecieron comprar mi compañía e incorporarme como presidente para relojes y joyas para el Caribe y América latina.»
Conduciendo un F-1
Esa carrera ascendente empresarial llevó a Philippe Alluard a disfrutar de otras carreras. «Nosotros vinculamos nuestra imagen de marca con artistas y deportistas conocidos, pero no por la figuración, sino porque hay valores compartidos: la búsqueda de la perfección, la calidad, la precisión.» Su lista comienza con Tiger Woods, Juan Pablo Montoya, Brad Pitt, Uma Thurman, y las Fundaciones Ayrton Senna y Juan Manuel Fangio, «que son nuestros embajadores», sostiene, y recuerda sus charlas con Ayrton Senna. «Si hay un deporte que me fascina, es el automovilismo. Manejo todo el día un Jensen Interceptor de 1976, que está como salido de fábrica. Con Tag Heuer tenemos una vinculación con la única escuela de Fórmula Uno del mundo, y voy un par de veces al año a manejar uno de esos coches. Es impresionante estar en un auto de 700 kilos y 750 caballos de potencia, que apenas se pisa el acelerador se pasa de 80 a 270 kilómetros por hora. El sólo hecho de contarlo me hace subir la adrenalina. Ahora voy para allá con cuatro amigos argentinos.»
Un boom esperable
El boom del turismo en la Argentina no sorprende al empresario Philippe Alluard. «Este es un país que nunca deja de sorprender en forma positiva. Buenos Aires, la ciudad del tango, está activa las 24 horas. Tiene, como París, cafés con mesas en la vereda, donde la gente acostumbra leer el diario o encontrarse con amigos, algo que no existe en San Pablo, ni en Santiago, ni en México DF, ni en Londres. Aquí están las Cataratas, que son una de las bellezas naturales más impresionantes del mundo. Hace 4 meses, gracias a una huelga de Aerolíneas Argentinas, tuve que alquilar un auto y venirme de Bariloche a Buenos Aires, fue una experiencia maravillosa. Pasé de la nieve de los Andes a los valles frutales de Cipolletti, que hacen pensar en el norte de Italia, crucé paisajes de una inmensa belleza que no se los encuentra en Europa. Cada vez que puedo descubrir un poco más de la Argentina, es un nuevo encantamiento, comprendo lo que les sucede a los que la descubren por primera vez, quedan arrobados, con ganas de más.»
La Argentina lleva a Philippe a su profesión, al tema de los objetos de lujo. «Aquí, después de la crisis de 2002, el mercado ha repuntado de modo inimaginable. Hay un consumo de relojes de lujo que no existía ni aun antes de la crisis. Antes el mercado era muy compartido por marcas establecidas, tradicionales: Rolex, Tag Heuer, Cartier, Gucci, Omega. Hoy han surgido marcas de alta relojería que cuestan entre 3 mil y 20 mil dólares cada reloj, y tienen una divulgación en el país increíble. Es que no es suficiente tener un Rolex para identificarse en un grupo. Tenerlo es el primer paso. Cuando se tienen cinco o diez años de éxito, surge la necesidad de diferenciarse y pasar a algo más exclusivo. Bueno, éste no es un fenómeno argentino, es mundial.»
La filosofía de vida de Philippe se ha forjado a partir de grandes pensadores y filósofos, considera que hay un trípode que lo sustenta basado en Platón, Montaigne y Nietzsche, que le permiten comprender la aventura del individualismo y la soledad tanto como encontrar la forma de «trabajar para conseguir el placer, tomar conciencia del placer de cada instante y concentrarse a vivirlo en ese momento». Desde esa perspectiva, Alluar reflexiona sobre los objetos de lujo. «A principio del siglo XXI estamos viendo al ser humano cada vez más anónimo. La elección de productos de lujo -carteras, relojes, joyas, lapiceras, notebooks, celulares o ropas caras- contribuye a posicionar a cada individuo en la sociedad. La primera impresión que uno ofrece es lo que muestra, lo que tiene. Por eso el mercado de productos de lujo está creciendo a una velocidad inconcebible. Nuestro grupo en 2005 tuvo ventas por 13.910 millones de euros, con un resultado neto de 2.743 millones de euros y un crecimiento de 16 por ciento. Nuestros competidores también han crecido. En 2005 Apple vendió 34 millones de I-pod en el mundo, la gente no sólo quiere escuchar música, también mostrar que está en onda.»
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