Cada tanto, a los actores les pica el bichito de la dirección. Eso se ve a menudo en el teatro, y no tanto en el cine. Adrián Suar, en 2004 ya había hecho un buen corto, integrando con otros nueve un recordatorio del atentado a la Amia titulado “18-J”. Suar es un productor experimentado, atento a los pormenores de cada trabajo, sabe rodearse de técnicos y ayudantes de primera línea, y tuvo buena experiencia conduciendo parte de la serie “Vulnerables”. Llama la atención, entonces, que haya tardado tanto en dirigir su primer largo. Lo hizo, al fin, y muestra buena mano, incluso al dirigirse a sí mismo como protagonista. Lo que no llama la atención es que la película sea “de fórmula”, pero quizá nadie espera otra cosa. A fin de cuentas, la gente va al cine a ver “una de Suar”, es decir, una comedia sentimental donde él debe bancarse a una mujer fuera de norma, a veces difícil de soportar, hasta que, tras varias vueltas, la relación logra encauzarse, o eso parece. En ese cauce el personaje encuentra, además, algún aprendizaje, un cambio de perspectiva.

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