Aeropuerto El Dorado, Bogotá, Colombia. Domingo 26 de abril, 8 AM.
Los nuevos desafíos para la sostenibilidad corporativa, frente a la polarización en América Latina
En medio de un contexto atravesado por la violencia, la polarización y la desconfianza social, la sustentabilidad aparece como una herramienta clave para reconstruir vínculos y fortalecer el compromiso colectivo.
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Los desafíos sociales actuales también impactan en el mundo del trabajo, las organizaciones y la convivencia cotidiana.
Durante la escala de mi viaje a Popayán, donde iba a disertar sobre sustentabilidad en un Congreso Internacional de Ciencias Empresariales organizado por la Universidad Unicomfacauca, me entero de una noticia impactante.
Casi 24 horas antes, un atentado con coche bomba había dejado 21 víctimas fatales y casi cuarenta heridos, a solo 25 kilómetros de mi destino.
Popayán, capital del departamento del Cauca y antigua capital de Colombia, es una de las ciudades históricas y culturales más emblemáticas del país. Con una bella y destacada arquitectura colonial en su centro histórico, Popayán combina una fuerte tradición religiosa, académica y patrimonial, y tiene tantas iglesias como universidades.
Allí me dirigía para disertar sobre la importancia de la sustentabilidad y la responsabilidad social empresaria en América Latina.
Naturalmente, me invadía la incertidumbre sobre la continuidad del Congreso, donde tenía previsto dictar tres conferencias, un taller para empresarios pymes del Cauca y participar en un conversatorio con investigadores y docentes. Finalmente, la academia pudo más que los violentos y las actividades pudieron llevarse adelante.
Una de mis conferencias se tituló “Sostenibilidad sin fronteras en un mundo en tensión”.
Sin fronteras porque la sostenibilidad empresarial debe atravesar de manera transversal todas las áreas y políticas corporativas, redefiniéndolas desde un modelo de gestión orientado a crear valor para todas las partes interesadas con foco en el triple impacto: económico, social y ambiental.
Sin fronteras porque los desafíos ambientales, sociales y económicos que afectan a América Latina comparten rasgos comunes en toda la región, aunque se manifiesten de distintas formas en cada país.
La violencia terrorista de las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el Cauca dejó un enorme cráter en la ruta Panamericana que une Popayán y Cali, y un profundo dolor en las familias de las víctimas. Aunque esa situación no es comparable con los conflictos políticos que atraviesa hoy la Argentina, la violencia discursiva y la extrema polarización ya están excediendo el plano político, y ese clima empieza a afectar también la convivencia laboral en nuestro país.
Según el Barómetro de Confianza 2026 de la consultora estadounidense Edelman, el 32% de los trabajadores argentinos preferiría cambiar de área antes que responder a un gerente con opiniones políticas distintas de las suyas. Incluso, dos de cada diez le retirarían su apoyo a un líder de proyecto simplemente por pensar distinto.
En la misma línea, otros datos globales sobre la polarización también resultan elocuentes. En 2023, Edelman relevó que solo tres de cada diez personas estarían dispuestas a ayudar a alguien con una ideología distinta si atravesara un momento difícil, y que ocho de cada diez no querrían convivir en el trabajo ni tener como vecino a alguien que piensa diferente.
En la Argentina, este fenómeno se refuerza por un marcado sesgo de confirmación: el 65% de la población se informa solo a través de medios afines a sus propias ideas, según señala Edelman en su informe de 2026.
En este sentido, desde el Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresaria y Capital Social de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, que dirijo y está próximo a cumplir 20 años, realizamos recientemente una investigación nacional sobre hábitos sustentables, compras responsables y capital social, cuyos resultados también aportaron datos reveladores.
En el actual contexto de crisis, las formas más extendidas de compromiso social y ambiental en la Argentina son individuales y de baja barrera de entrada, ligadas al consumo y a acciones solidarias directas. La más frecuente es la donación de ropa o alimentos, mencionada por el 55% de los consultados, seguida por la compra de productos asociados a causas o impactos sociales o ambientales positivos, con un 40,4%. Casi el 30% dijo haber firmado peticiones o acompañado causas, pero solo el 12% participa en organizaciones sociales o ambientales.
La baja participación en espacios colectivos puede explicarse por la falta de tiempo, la desconfianza institucional o un capital social débil. Frente a este escenario, el reto es fortalecer mecanismos de participación más estables y colectivos, y aprovechar la sensibilidad social ya existente para impulsar compromisos más profundos y sostenidos.
Director Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresaria y Capital Social (FCE-UBA)


