En “La muerte en este jardín”, Luis Buñuel tomaba varios personajes encarnados por Simone Signoret, Chales Vanel y Michel Piccoli y los ponía juntos en una fuga en medio de la selva. La excusa de una película de aventuras servía para mostrar las cualidades menos humanas de sus criaturas. En esta “El triángulo de la tristeza”, el director sueco Ruben Ostlund intenta algo parecido, partiendo de una pareja de modelos e influencers que consiguen gratis un viaje en crucero de lujo y conocen a gente diversa, todos ricos y con sus características determinadas, y los pone a prueba durante un naufragio y la posterior supervivencia en una isla aparentemente desierta. Está claro que Ostlund no es Buñuel; sin embargo tan mal no lo hace. Esta película ganó la Palma de Oro de Cannes y está nominada a tres Oscar en rubros como mejor film, guion y director.
Un crucero de lujo bizarro, clasista y muy maloliente
-
Internaron nuevamente a Floppy Tesouro y hay preocupación: qué se sabe sobre su salud
-
El Indio Solari envío un mensaje de solidaridad a los trabajadores de FATE: "Estar con ustedes en esta lucha"
Comedia negra con mucho de sátira social, tiene sus puntos altos y bajos, empezando por el uso caprichoso de los recursos del cine catástrofe y aventuras para retratar la frivolidad de los ricos y famosos. A veces logra escenas divertidas, como cuando introduce a un millonario ruso que se presenta a si mismo como “El Rey de la Mierda” por haber amasado una fortuna vendiendo fertilizantes. También la borrachera de debate político entre el ruso y el capitán del barco, Woody Harrelson, quien aprovecha que todos los demás pasajeros sufren náuseas por el mal tiempo para soltar las ideas socialistas de uno versus el anticomunismo exacerbado del otro. Pero en muchas ocasiones el director se excede con sus chistes y sobre todo con las situaciones, por ejemplo al principio con la pareja estelar (Charlie Dean y Harris Dickinson) y sus largas discusiones. Del mismo modo cuando una tempestad, justo la noche de la cena del capitán, pone fin a un supuesto viaje de ensueño, las cataratas de vómitos se repiten sin matices, y en vez de darse vuelta el navío al estilo del Poseidón de la famosa película, sufre un desperfecto asqueroso a partir de las cloacas del barco.
También hay un ataque pirata desdibujado. Y ya en la isla una variación clasista de “El señor de las moscas” pero con la encargada de los baños del crucero (Dolly de Santos) tomando el poder dado que es la única que sabe hacer algo mientras los demás creen que pueden seguir con su estilo de vida parasitaria. Pero más allá de su tono desparejo y sus excesos, este “Triángulo de la tristeza” (título que se refiere tanto a una pequeña zona que tienen los modelos entre las cejas y que deben aprender a relajar como a un auténtico tercero en discordia en una relación) no carece de buenas actuaciones, una estética cuidada e imaginativa y sobre todo resulta divertida a lo largo de sus dos horas y media que apenas se pasan un poco de lo razonable.
D.C.
“El triángulo de la tristeza” (“Triangle of Sadness”, Suecia-EE.UU., 2022). Dir.: R. Ostlund. Int.: C. Dean, H. Dickinson, W. Harrelson.




Dejá tu comentario