El paisaje de la Toscana con sus colinas de variado verde, una casona enorme, vieja y hermosa, lo que por ahí llaman una villa, un actor de fama bien merecida, Liam Neeson, y su hijo, Micheál Richardson, que en algo se le parece, todavía sin alcanzarlo. Esos son los puntales de esta película sencilla, convencional, bien actuada y bastante bien hecha, por ser la primera de su director, James D’Arcy.
D’Arcy es actor. Flaco, cuarentón, entre otros papeles se lo puede ver como el noble Ludovico Sforza de la serie “Leonardo”, el coronel Winnant de “Dunkerke”, o el novio cornudo de “Obsesión” (justo en vísperas de su boda la novia se deslumbra con un desconocido). Aquí se prueba como director, correcto, y libretista, mejorable.
La historia empieza en Londres. Llevado por la situación, el joven gerente de una galería de arte decide vender la villa italiana donde pasó su infancia. Para eso debe acordar con su padre, un pintor retraído en sí mismo a quien no ve desde hace meses, y dejar a punto la casa, que no ven desde hace años. De cómo la dejan a nuevo con la sola ayuda de cuatro viejos, bueno, esas son cosas del cine. Más difícil de arreglar es la mala relación entre padre e hijo. Cuando él era chico la madre murió en un accidente, y ellos nunca supieron compartir el duelo. Todavía deben confesarse sus dolores y sanar los resentimientos. A cierta altura hay un par de escenas, no demasiado fuertes, pero que quizá tuvieron algo de catarsis para sus intérpretes. Como se recordará, Natasha Richardson, esposa de Neeson y madre de Micheál, también murió en un accidente.
Pero no hay aquí ningún desborde. El conjunto tiene siempre un tono moderado, combinando el drama con las situaciones amables y la postal turística (lindos rincones de Monticchiello y de la Villa Fontanella, que se alquiló para el rodaje). El guión pudo ser más agudo, y más atento, porque sobran algunos lugares comunes y quedan algunos cabos sueltos, pero nada es perfecto. A señalar, unos guiños semiocultos (en una escena el pintor se viste como Kirk Douglas haciendo de Van Gogh en “Lust for Life”, en otra los lugareños se juntan a ver la primera de Lina Wertmuller), y la presencia de la veterana Lindsay Duncan, que casualmente también estuvo en “Bajo el sol de Toscana”. Quizá viva por ahí.
“Una villa en la Toscana” (Made in Italy, G.B.-Italia, 2020); Dir.: J. D’Arcy. Int.: L. Neeson, M. Richardson, L. Duncan.
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