13 de marzo 2023 - 00:00

Vitico: el “Canciller” del rock habla de su vida en “Memorias” sin filtro

Diálogo con el confundador de “Riff”, junto con Pappo. y protagonista de varias décadas de música en el país y el exterior.

Vitico. El llamado “Canciller” del rock narra episodios sublimes y sórdidos de su vida en sus flamantes “Memorias”.

Vitico. El llamado “Canciller” del rock narra episodios sublimes y sórdidos de su vida en sus flamantes “Memorias”.

“Cuando me preguntan qué hice en Londres les respondo: Durante media hora toqué con Pete Townshend y Keith Moon, y la puse donde la puso Jimi Hendrix”. Así empieza uno de los capítulos más desopilantes, en su descripción de una vida de sexo, drogas y rock’n roll, del libro “El Canciller-Memorias” del bajista que fundó Riff junto a Pappo, Víctor Bereciartúa, más conocido como Vitico. El capitulo en cuestión es “Mi Swinging London”, donde habla de los tres años que estuvo en la capital del rock mundial entre 1970 y 1973, cuando entabló cierta amistad con Pete Townshend de The Who mientras la banda mod por excelencia grababa “Quadrophenia”, su segunda obra conceptual después de la ópera rock “Tommy”, y donde convivió con Pat Hartley, la exnovia de Jimi Hendrix (aparece con él en su film “Rainbow Bridge”) que en realidad era la pareja de otro amigo cineasta del manager de los Who, Kit Lambert (el bajista asegura, un poco amargado, que él fue la inspiración del tema “The Punk And The Godfather”, por supuesto en el papel del punk).

Entre muchas otras cosas divertidas o dramáticas, pero siempre esclarecedoras como la pintura de cada época, lugar y banda con las que vivió y tocó, en esas páginas londinenses Vitico también cuenta el auge de la heroína en el rock británico y una fiesta que empezó tranquila hasta que vino la policía, y como el aún no entendía el acento inglés se tragó de una las 20 dosis de LSD que tenía para convidar a los invitados. “Los policías solo vinieron a recomendar que no pongamos fuerte la música, pero por suerte pude vomitar los ácidos, si no ahora no te estaría hablando; te juro que conocí alguien que se tragó en serio una cantidad parecida de ácidos y nunca volvió a ser el mismo”, cuenta Vitico en un largo diálogo con este diario sobre su flamante libro, que presentará el próximo 21 de marzo en el Roxy, donde además de hablar de esta autobiografía tocara música –“un set acústico”, dice- junto a su actual socio en el rock, Gabriel Carámbula.

Lo que hace que estas “Memorias” sean tan interesantes es que Vitico escribió sin tapujos ni disimulos –con la ayuda de Fernando García- todas las experiencias, ya sea buenas, malas o feas que lo movilizaron a través de las décadas, ya sea cuando empezó en el mundo beat porteño con bandas amistosas como Los Mods, o luego los muy exitosos La Joven Guardia –reemplazo al bajista original Quique Másllorens, para tocar en grandes hits como “La reina de la canción” entre muchos otros- y luego participó de Billy Bond y La Pesada del Rock para luego probar suerte en Inglaterra, y a la vuelta llegar a formar Riff con Pappo, el gran camarada de las máximas aventuras de su vida.

Mientras otras figuras sólo dejan entrever algo de su pasado, generalmente contando episodios que los hacen quedar bien, Vitico arremete con todo y por eso “El Canciller” narra ese tipo de cosas prohibidas que uno sólo encuentra en biografías no autorizadas. Cuando le mencionamos esto, Vitico se ríe y explica orgulloso; “No escribí este libro para vender millones, sino para contar las cosas que hice y cómo logré pasar por todo eso y terminé, para usar una metáfora, con el culo sano. Quería que fuera divertido y justo, yo no iba a caretearla. Me llevó bastante tiempo escribirlo, firmé el contrato y lo fui escribiendo años antes de la pandemia, y ahí lo retuve un tiempo y escribí una especie de epílogo sobre el tiempo de cuarentena, donde estuve encerrado por mi edad y el Epoc: era una persona de riesgo”.

Nacido en 1948, Vitico pasó por épocas intensas de la historia argentina reciente, y puede contar de primera mano episodios importantes pero con su propia visión, por ejemplo el cierre del Instituto Di Tella o el célebre y aún discutido concierto en el que Billy Bond potenció al público para que rompieran todo en el Luna Park, lo que hizo retroceder años la aceptación de los rockeros por el establishment criollo. Un episodio serio, intenso y muy dramático es cuando en 1977, en plena dictadura militar, fue secuestrado y torturado por toxicomanía. “Mucho tiempo después en una entrevista de TV me preguntaron si no iba a pedir indemnización del Estado, pero es algo a lo que me negué, hay gente que se lo merecía más que yo, que finalmente estaba metido en un asunto de un paquete de cocaína que me quedaba grande”.

Los grandes momentos del libro tienen que ver con Pappo. “Fue mi mejor amigo y mi peor enemigo, los dos juntos éramos terribles y a veces nos tenían miedo. El llegó a la conclusión de que en el rock argentino ‘habían ablandado demasiado la milanesa’ y por eso hicimos Riff. Yo era un poco el que lo tenía cortito, hacía la contabilidad del grupo y también registré el nombre como marca. Y cada vez que Pappo se ponía demasiado loco nos separábamos y él volvía a Pappo’s Blues un tiempo. Él no tenia filtro, era capaz de hacer cualquier cosas que se le pasara por la cabeza, como una vez que sonó el teléfono de línea, y era él que estaba en California y se lo oía avergonzado contándome que en una fiesta con gente top, como la de la película con Peter Sellers, había visto una jovencitas que se desnudaron y se tiraron a la pileta, y el no pudo con su genio y se desnudó y se tiró con ellas, así gordo y maduro como estaba.

‘¿Ahora qué hago?’ Me preguntó, y le dije, ‘¡Qué se yo, volvete!’”.

Vitico también participaba en las bacanales de sexo y alcohol de Pappo, y las cuenta con detalles hilarantes, como el extraño ritual entre rockero y felliniano que hicieron con una prostituta gorda la noche que decidieron armar Riff. “Muchas de estas experiencias de Pappo y también mías incluyen chicas a las que le pregunte si podía mencionar sus nombres, y algunas dijeron que sí. Traté de ser caballeroso pese a todo”. Tambien cuenta que hacía lo posible por evitar los desmanes del público de Riff, incluyendo un raro episodio en Paladium donde Pappo invitó a su novia de entonces, Celeste Carballo (“antes de que ella saliera con Sandra Mihanovich, a la que Pappo le decía el tío Sandro”, cuenta el bajista en el libro) y toda la muchedumbre empezó a insultarla. “Yo paré el show y los reté, les dije que todos tenían madre y debían respeto a las mujeres. Pero nunca supe por qué Pappo no hizo nada”.

En las sucesivas reencarnaciones de Riff, algunas con Oscar Moro y Luciano, el hijo de Pappo, junto a su propio hijo Nicolás, actual guitarrista de los Black Crowes, Vitico también impuso un poco más de orden para evitar antiguos excesos: “Después del show, que los músicos hagan lo que quieran, pero antes no pueden hacer los delirios de Pappo, que una vez en Viña del Mar empezó a tomar platos soperos de Johnny Walker a las 3 de la tarde. Algo que explico bien en el libro es que si sobreviví a todo esto fue por aprender a tener límites”.

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