23 de mayo 2013 - 08:36

Reforma tributaria, la deuda pendiente

Rubén Giustiniani
Rubén Giustiniani
Por Rubén Giustiniani, especial para ámbito.com.-


Durante la última década el modelo económico se sustentó en la existencia de los superávits gemelos (superávit fiscal primario y superávit comercial externo) y en un tipo de cambio alto e internacionalmente competitivo. El contexto internacional altamente favorable a los países emergentes a partir del año 2002, permitió en ese marco un crecimiento económico sostenido durante un período inéditamente extenso para nuestro país.

Sin embargo, esta década de crecimiento no fue aprovechada para realizar una reforma positiva progresista y redistributiva que nos permita sostener un sendero de crecimiento y desarrollo social con equidad en el tiempo.

Las condiciones de extrema regresividad con que se configura la actual estructura impositiva nos ubica sin duda entre las peores del mundo. Nuestro sistema se basa fundamentalmente en impuestos indirectos como el IVA, que pagan todos los ciudadanos por igual pero que tiene mayor incidencia en los sectores populares, y otros altamente distorsivos como el impuesto al cheque, mientras que los impuestos a las grandes rentas son prácticamente inexistentes. Este escenario de manifiesta inequidad se complementa con mínimos no imponibles para el impuesto a las ganancias que han quedado desactualizados por lo cual cada vez más trabajadores son pasibles de dicho tributo, y una presión impositiva cada vez mayor en los sectores de menores ingresos ya fuertemente castigados por la inflación.

No puede llamar la atención entonces, el magro resultado del modelo económico en términos de equidad social. El deterioro de distribución del ingreso no se ha revertido a pesar del fuerte proceso expansivo que verificó nuestra economía durante la última década. Diez años de crecimiento económico a las tasas más altas del mundo, y la distribución del ingreso es similar a la de mediados de los años noventa.

El 10% de la población más rica gana 22 veces más que el 10% más pobre. En el año 1994 la población más rica ganaba 19 veces más que el 10% más pobre. Más allá de las variaciones, y del pico evidenciado en el año 2002 (esa relación se incrementó a 33 veces), se observa una dificultad al quiebre de los valores verificados en la década del 90. Como ejemplo del deterioro sufrido cabe señalar que en el año 1974, la brecha de ingresos entre los más ricos y los más pobres era solo de 9,5.

Ante el estancamiento económico que hoy sufrimos, se repite la historia y son los sectores más vulnerables los que soportan la carga de la crisis, fundamentalmente a través del deterioro de sus ingresos producto del proceso inflacionario.

En este escenario, los cambios en la estructura impositiva se tornan imprescindibles. Necesitamos un sistema impositivo equitativo, que imprima un sesgo progresista a través de la eliminación del IVA a los productos de la canasta básica, impuesto a la renta financiera en todas sus expresiones, impuesto al juego, y a las exorbitantes ganancias de las empresas mineras.

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