Hubo control de daños y furias varias tanto con Elisa Carrió como con la UCR ayer antes de la partida.
Elisa Carrió no estaba contenta ayer. La diputada, fuera del país, bramaba por lo que consideró una mala interpretación de sus dichos en algunos medios. Contra la opinión general que expresó la prensa apurada en diagnosticar rupturas, ayer fue un día de acuerdos en Cambiemos, no de explosiones. La chaqueña, es cierto, está enojada con el macrismo, sobre todo por la falta de alerta ante las crisis que se van desatando, algo que se hizo demasiado habitual en el Gobierno. Tanto que Mauricio Macri se fue anoche a España dejando como tarea un rediseño de su esquema de mando. Una salvedad: no habrá un cambio inmediato o mediato (no parece posible) en el poder que tienen los despachos que están a 10 metros a la redonda del escritorio presidencial. Las correcciones y nuevos controles pasarán por otros caminos, que incluyen el accionar de los ministros.
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Carrió aplica en estos tiempos como método de control de su fuerza, la Coalición Cívica, y del propio Cambiemos, el sabio precepto que mantuvo con vida por décadas y por encima de cada crisis a los sindicalistas argentinos: con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes. Eso es lo que hizo Carrió la noche del miércoles pasado, cuando la sesión en Diputados estuvo a punto de desmadrarse segundos antes de votar la Ley de ART porque el massismo alertó entre bancas que se había modificado el método de cálculo de la actualización previsional. Carrió saltó como una fiera contra el Gobierno con mucha más saña aún que la que mostraban el kirchnerismo o la gente de Sergio Massa. Alineó a toda la bronca detrás de ella en minutos evitando que se desarmara el recinto. Emilio Monzó, al que algunos cándidamente adjudican haber perdido esa noche el control de la sesión , dio la estocada final desde el estrado de Diputados y la ley se sancionó. Sólo un neófito en cuestiones parlamentarias podría no entender esa lección de estrategia que dieron Carrió y Monzó en el recinto en medio de esa nueva crisis macrista.
Ayer, utilizó la misma estrategia. "No puede haber mas errores", dijo públicamente. Obvio: más errores políticos no pudo haber en el Gobierno en la última semana, pero si no decía ella, la fiscal de Cambiemos, lo hubieran dicho, por ejemplo, los radicales díscolos que esta semana la UCR deberá controlar en el retiro de Villa Giardino.
En su último día en Buenos Aires, antes de ausentarse toda la semana, Macri puso en práctica uno de los puntos que anunció tras la crisis por el acuerdo sobre la deuda del Correo Argentino de Socma. El Presidente ordenó activar presentaciones judiciales para volver atrás con ese acuerdo. Busca mostrar una estrategia que lo enfrente con los intereses patrimoniales de su padre y hasta de sus hijos accionistas.
Los radicales transitan por otro capítulo. Tendrán este fin de semana su retiro en Villa Giardino. La cumbre estuvo pensada como un ejercicio de catarsis, también con pronóstico de debacle. Algunos datos desactivan ese panorama:
* Mañana irán a la reunión de la Bicameral Mixta convocada para analizar información sobre el Correo-Gate con la decisión de pedirle allí a la AGN que audite a cada uno de los servicios jurídicos del Estado que intervinieron en la negociación de la deuda del Correo Argentino desde 2001 hasta ahora. Deberán convencer de eso al PJ y a Oscar Lamberto ya que eso significará culpar al kirchnerismo por inacción. Lejos de romper con el Gobierno.
* Ernesto Sanz no estará en el encuentro de Córdoba porque partió a Madrid con Macri. Alfredo Cornejo, uno de los 3 gobernadores de la UCR, tampoco irá: viaja a EE.UU. Mario Negri, a quien se adjudica motorizar un cisma en el bloque Cambiemos, está lejos de motorizar ese suicidio político.
Los díscolos tendrán su escenario, es cierto, pero el partido preparó antídotos. Ayer, Jesús Rodríguez, maestro escriba a nivel partidario, dio a conocer un documento previo al mejor estilo radical. Allí entre otros puntos dice: "La UCR tiene ante sí un extraordinario desafío. Así como hace cien años fue protagonista de la construcción que consagró los derechos políticos de los ciudadanos, fue artífice decisivo de la transición democrática, hoy le cabe la inmensa tarea de ser parte activa de la acción, desde el Gobierno y en la sociedad, para dar vuelta la página de nuestra historia". No parecen palabras escritas para un divorcio.