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8 ideas simples que hicieron millonarios a sus creadores

Desde juguetes hasta indumentaria, estas invenciones sencillas, por astucia o por casualidad, fueron una mina de oro.

¿Quién no sueña con tener una idea brillante y millonaria que lo salve para el resto de su vida? Lejos de la fantasía, hay cientos de casos curiosos que de forma inesperada, por error, casualidad, o ingenio, les aseguraron futuros prósperos a sus creadores. Veamos algunos ejemplos:

1| Crocs

La historia de las mundialmente famosas Crocs comienza a principios del milenio. Allá por 2002, George Boedecker Jr., Scott Seamans, y Lyndon Hanson, eran tres amigos que buscaban crear un calzado tipo sandalia para usar en balnearios. Probablemente, pensando en reemplazar las típicos calzados playeros por algo que sea más cómodo de usar en la arena.

Partiendo de un modelo de suecos ortopédicos, conocieron en Canadá la célula de Croslite, un material que no es ni plástico ni goma y por sus propiedades es antimicrobiana, elimina los olores, impide el desarrollo de bacterias, hongos y no es tóxica. Desde sus comienzos, las Crocs fueron un éxito. Las usan todos y en todos lados. Desde los chicos, hasta los adultos; ignotos y celebridades; en la playa, pero también en el hogar.

Hasta 2007 la empresa vendía 50 millones de pares al año y tenía ganancias por más de u$s200 millones. Sin embargo, un año después, con la crisis global que azotó al mundo de los negocios, la compañía pasó a números rojos. Tras un período de turbulencia, el gigante de las inversiones Blackstone apostó por el negocio de las sandalias Crocs e hizo una fuerte inyección de fondos para reflotarlas.

Con una estrategia de “volver a los orígenes”, eliminando modelos que no funcionaban en ventas, las Crocs volvieron a la escena grande del calzado y hoy su facturación anual está cerca de los u$s 1.000 millones.

Slinky

2|Slinky

Es un resorte, pero está en el hall de la fama de los juguetes más vendidos de la historia gracias a sus 350 millones de unidades despachadas. El Slinky fue creado por casualidad por Richard James, cuando intentaba desarrollar un resorte de tensión. El objeto cayó al suelo, pero lejos de detenerse siguió camino.

Tras dos años de desarrollo en los que James buscó perferccionar el juguete logró salir al mercado. Las ventas de Slinky superan hasta el día de hoy los u$s3.000 millones.

Doogle

3| Doggles

Corría el año 2004 cuando la estadounidense Roni Di Lullo jugaba con su perro y notó algo llamativo. “Un día en particular cuando Midknight -su perro- perdió el disco volador y nunca, nunca se perdía el disco volador. Así que pensé: ‘Bueno, ¿por qué no hacer que lleve lentes de sol, también?’”, contó a la cadena CNBC. Así fue como nació Doggles.

La idea de Di Lullo fue que los perros podían protegerse del sol, el viento y otros factores externos, como el polvo. Pero además, incorporó cristales con graduación para aquellos que tienen problemas en la vista. Los lentes tienen un diseño que se adapta perfectamente a la cabeza de los animales, sin intervenir en su comportamiento natural.

Antes del emprendimiento, Di Lullo era programadora para Hewlett-Packard y decidió apostar u$s25.000 a su idea. La hoy empresaria comenzó vendiendo el par de lentes de sol en entre 14 a 20 dólares, y solo en el primer año tuvo ganancias de u$s100.000 dólares. Para 2016 ya facturaba u$s 3 millones al año.

Bata

4| La “batamanta”

A Scott Boilen, presidente of Allstar Products, se le ocurrió que era una buena idea vestirse con una manta. Y parece que no solo le pareció oportuno a él porque desde 2008 más de 30 millones de personas han comprado un Snuggie, lo que muchos llaman “batamanta”. Esas ventas suponen ingresos por u$s200 millones.

Ball

5| Koosh ball

En la década de 1980, a Scott Stillinger se le ocurrió crear una bola gomosa rodeada de fibras de colores. La llamó Koosh Ball y por su módico precio de u$s5 fueron furor durante años. De hecho hoy se siguen vendiendo grandes cantidades todos los años y en todo el mundo. Un juguete simple y efectivo.

Stillinger ya venía facturando una buena suma cuando apareció Hasbro y compró la Koosh Ball por u$s100 millones en 1997. La revista Time lo nombró como uno de los mejores juguetes de todos los tiempos.

Mascota

6|Pet rock

Un caso muy particular y vintage. A fines de 1975, el estadounidense Gary Dahl charlaba con amigos en un bar y éstos se quejaban del cuidado de sus mascotas. Así fue como se le ocurrió crear y comercializar a Pet Rock: una piedra como mascota, tan simple como eso.

En la navidad de 1975 Pet Rock fue el regalo estrella. A un precio de u$s3,95 y se vendieron por montones, y Dahl embolsó u$s 3 millones de la noche a la mañana. Una piedra dentro de una caja, acompañada por un “manual de instrucciones” con indicaciones de como “cuidar” a la mascota, y que hasta enseñaba trucos como sentarse y quedarse quieta que, según el manual, la piedra podía hacer por sí sola.

“La gente está tan malditamente aburrida de todos sus problemas que las piedras les transportan a un viaje de fantasía”, confesó a la revista People.

Dahl falleció en marzo de 2015 a los 78 años. Pero su creación se sigue vendiendo hasta el día de hoy y en la web se la consigue hasta por casi u$s20. Pero ahora viene con puerto USB.

Vaquita

7| Trunki

Los viajes con niños siempre son una situación a resolver. Por eso Rob Law creó Trunki, una valija de cuatro ruedas pensada principalmente para ellos, pero que en la actualidad, debido a su éxito, ya tiene versiones para adultos.

Trunki combina un diseño innovador y divertido, y sus cuatro ruedas facilita el traslado para que puedan llevarla los más pequeños como equipaje de mano. Es también un instrumento de juego para las largas recorridas por terminales de aviones y trenes, y para las esperas.

Tal fue su éxito que para 2011 se calculaba que el 20% de la población inglesa de entre 3 y 6 años tenía una. Desde que se lanzó en 2006 ya se vendieron más de 2 millones de unidades y unos 100 países diferentes.

Carteles

8| Post-it

Finales de los años setenta. Art Fry, químico de la compañía 3M e integrante de un coro de iglesia, está harto de perder el separador de páginas de su libro de cánticos eclesiásticos. Pensó en que sería útil tener una cinta adhesiva que se pudiera despegar sin problema y sin estropear las páginas de los libros.

Entonces, se le vino a la mente que, en 1968, su compañero Spencer Silver había creado un adhesivo con acrílico que no llegó a producir debido a su escaso poder de sujeción, ya que él lo que buscaba realmente era un pegamento muy fuerte para la industria aeroespacial.

Art Fry pensó que en ese invento inicialmente ‘inútil’ podía encontrar una buena solución para su problema y así no perder las páginas de su libro de cantos. Con ese adhesivo tan poco resistente y sin dejar residuos, pensó en que se podía utilizar para colocar boletines de noticias que se pudieran cambiar regularmente y sustituir así el clásico panel de corcho.

La idea fue útil y decidieron pulir el producto para lanzarlo al mercado. La cautela se impuso a la euforia y lanzaron una primera tirada escasa el año 1977 bajo el nombre de Post-It, que no tuvo gran éxito. Una ingeniosa estrategia de marketing, que se basó en regalar Post-It para que la gente los probase, caló entre la gente y en 1980 ya se vendía en todo Estados Unidos. Un año después, llegó al viejo continente.

Hoy en día, lo que nació como una casualidad y con su característico color amarillo, tiene tal popularidad que la Real Academia Española ha incluído en su diccionario la palabra ‘pósit’.

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