Un desafío mayúsculo

Ambito BIZ

Las universidades vienen realizando esfuerzos desde hace años para imaginarse el futuro de la educación superior. Algunas propuestas son bien conocidas, como la de la Universidad de Stanford a través de su plataforma Stanford2025; el MIT, con su proyecto Future of Education, o el Centro sobre el Futuro de la Educación, de la Universidad de Harvard.

Es probable que muchos de estos ejercicios prospectivos deban ser repensados al término de la pandemia. Varios procesos se han acelerado. Otros, han revelado sus límites. ¿Qué cabe esperar para la educación superior en los próximos años? No conviene hacer futurología. Pese a todo, es posible vislumbrar tendencias que de algún modo ya están contenidas en los procesos actuales, y que podrían tomar cuerpo y consolidarse:

Instalación de la enseñanza bimodal: los primeros análisis desarrollados por la universidad a la que pertenezco revelan que la mayoría de los alumnos añora la presencialidad. Sin embargo, esto no significa que todos ellos deseen volver a un esquema de presencialidad total. Esto se repite en otras universidades. En este escenario, cabe augurar la conversión de muchos programas y asignaturas presenciales a un régimen mixto. Dentro de esta tendencia, es probable que observemos una distinción entre aquellas universidades que preferirán seguir apostando a la educación presencial (con una blenderización acotada) y aquellas que se volcarán más masivamente a la educación online, envalentonadas con el aprendizaje de la pandemia.

La amenaza de la inequidad creciente: lo anterior pone en evidencia la importancia de acceder a condiciones de infraestructura y tecnología para el acceso a la educación superior del futuro. En países como el nuestro, esto implica sortear la tan mentada “brecha digital”. Según datos del informe preliminar de la Evaluación Nacional del Proceso de Continuidad Pedagógica, casi 6 de cada 10 alumnos de nivel secundario estatal carecen de acceso a PC con conectividad de uso exclusivo en sus hogares. En el nivel privado, en cambio, 7 de cada 10 tienen este acceso garantizado. De no existir políticas públicas para remediarlo, la brecha habrá de ampliarse aún más, potenciando, a su vez, la segmentación entre universidades para los distintos perfiles de estudiantes.

Cambios en el régimen de internacionalización. La Argentina ha sido históricamente uno de los países con menor afluencia de alumnos extranjeros (menor al 5%, según IESALC-UNESCO). En contraste, los datos de la OCDE indican que, de los más de 5 millones de estudiantes universitarios que estudian fuera de su país de residencia, el 50% se distribuye sólo en 5 países (EE.UU., Inglaterra, Francia, Alemania y Australia). Este escenario ya está viviendo profundas modificaciones. Cabe esperar una reconfiguración, no sólo en lo relativo a la participación de otros países en el reparto, sino –principalmente- al modo en que se desarrollará esta internacionalización. Hoy, el intercambio se realiza a través de los COIL, cursos virtuales compartidos entre estudiantes de distintas universidades.

Nuevos roles y perfiles: la experiencia actual demuestra que, para garantizar una buena experiencia de aprendizaje, es preciso realizar inversiones no sólo en hardware y software, sino también en el diseño de los cursos mismos. Ciertas figuras, hasta ahora semiocultas, están cobrando creciente relevancia. Es el caso, por ejemplo, de los diseñadores instruccionales o gestores de plataformas. En cuanto a los docentes, la experiencia ha demostrado la necesidad de una fuerte y permanente capacitación. Es posible que esta actualización (y la fuerte dedicación que supone) conspire contra el desarrollo del estudio y la investigación.

Las universidades son organizaciones conservadoras. Sacará ventaja quien sepa ver estos y otros cambios y encontrar un “nicho” adecuado con suficiente agilidad. Todo esto sin perder la identidad ni la calidad. Como país, podemos lograrlo, pero se trata de un desafío mayúsculo, que exige reflejos y una urgente sinergia público-privada.

(*) Doctor en filosofía y vicedecano de la escuela de educación de la Universidad Austral.

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