El oficial principal Santiago Angel Arlía, de 44 años, recibió un balazo en la cara en la vereda del inmueble de Montevideo 448 y se convirtió en la víctima número 43 que la fuerza sufre en lo que va del año. Arlía estaba estacionando su automóvil en la acera del edificio en cuyo sexto piso vive su madre, cuando aparecieron sorpresivamente dos hombres armados.
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Para el personal de la comisaría 2a. de Quilmes que investiga el caso, en principio, el hecho comenzó como una «salidera de banco» y terminó cuando descubrieron que era policía. Arlía había salido a las 14 del edificio del Departamento Central de la Policía Federal, en Moreno 1550, en el barrio porteño de Monserrat.
Allí había terminado su turno de trabajo en la división Despacho de la Superintendencia de Comunicaciones, que funciona en el quinto piso de la central policial. En su Volkswagen Polo se dirigió, ya vestido de civil, hacia un banco de la zona de Bernal donde cobró la jubilación de su madre, en su carácter de representante para esa gestión, tarea que hacía todos los meses. Se sospecha que tras cobrar el dinero fue seguido por los delincuentes.
Los ladrones esperaron que el policía estacionara el Polo en la calle Montevideo para encañonarlo y exigirle el dinero. Allí intentaron obligarlo a que entregara todo el dinero en efectivo que sabían que tenía en su poder. Arlía se habría identificado como policía cuando los ladrones lo amenazaron y éstos no vacilaron en dispararle un tiro que dio en la cara.
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