La noticia del cierre de la fábrica Indumentaria Catamarca (ICSA) parecía un hecho consumado porque los trabajadores ya habían sido notificados de que la planta bajaría sus persianas a fines de agosto, tras un largo proceso de ajuste que había reducido su plantel de 150 a apenas 20 personas. Sin embargo, a último momento, tras una reunión con el gobernador Raúl Jalil la compañía anunció que continuará operando y que sostendrá alrededor de 30 puestos de trabajo.
Del encuentro participaron los empresarios Claudio Drescher, dueño de Jazmín Chebar y presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, y Eduardo Kozak, propietario de Grisino. Según trascendió, el mandatario provincial pidió que la firma no cerrara y ratificó su intención de acompañar a las industrias que emplean mano de obra intensiva para cuidar el empleo privado. La firma es la unión de cinco marcas que fabrica las prendas Jazmín Chebar, Billabong, Grisino, Gepetto, Azzaro, Claro, Lacoste y Puma.
Lo que todavía no está resuelto es la letra chica del rescate porque la provincia y la empresa negocian qué forma tomará ese apoyo y uno de los ejes centrales de la discusión pasa por los costos logísticos. Uno de los más relevantes se relaciona con que producir en Catamarca implica trasladar la mercadería a los principales centros de consumo del país a lo largo de unos 1.000 kilómetros, un costo que erosiona la rentabilidad del negocio.
Trascendió que Jalil ofreció colaborar para aliviar ese gasto, además de facilitar gestiones vinculadas a servicios y otras herramientas que pueda aportar el Estado provincial, aunque el mecanismo concreto -si serán beneficios impositivos, asistencia financiera directa u otro instrumento- aún no se definió.
El propio gerente general de la empresa, Julio Serrano, había explicado en una entrevista que los motivos del cierre que parecía inevitable, se relacionaban de manera directa con la caída del consumo de indumentaria y la acumulación de stock, dos factores centrales de quebranto del negocio. También había señalado que la reducción de personal se hizo de manera gradual desde comienzos de 2026 para poder cumplir con los pagos a los trabajadores desvinculados.
Para el gobierno de Jalil, evitar el cierre tiene un valor que excede lo económico porque se trata de una señal política de cara a las elecciones de 2027, en un contexto en el que la eventual caída de ICSA podía arrastrar a otras textiles instaladas en la provincia bajo el mismo esquema de promoción industrial, como R&A -fabricante de camisetas de fútbol- y Derwil, dedicada a la producción de medias. En conjunto, el sector textil catamarqueño emplea a unas 1.500 personas.
Un derrumbe generalizado
El caso de ICSA es un capítulo de un proceso más amplio de achicamiento del entramado productivo, que golpea con particular intensidad a las economías regionales del norte argentino. Según el último informe de la consultora Politikon Chaco, elaborado en base a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, en mayo de 2026 había 477.463 empresas empleadoras activas en el sector privado de todo el país, un 3,3% menos que un año atrás. Es la caída interanual más pronunciada de los últimos veintisiete meses consecutivos con descensos, con una velocidad que viene acelerándose desde septiembre de 2025.
Medida desde noviembre de 2023, mes previo al inicio de la actual gestión nacional, la pérdida de empresas empleadoras en el país asciende a 30.385 firmas, una caída del 6%. Por sector, el derrumbe es más pronunciado en la construcción (-9,3%) y la industria manufacturera (-8,1%), el rubro en el que se inscribe la actividad textil.
Catamarca es, dentro de ese panorama nacional, uno de los distritos más afectados. La provincia perdió 7,6% de sus empresas empleadoras en el último año y, si se toma como referencia noviembre de 2023, la caída trepa al 14,2%, equivalente a 464 firmas menos. Es decir, una de las bajas relativas más profundas entre las 24 jurisdicciones del país, solo detrás de Tierra del Fuego y La Rioja.
Precisamente La Rioja, la provincia vecina que comparte con Catamarca buena parte de su historia de promoción industrial textil, exhibe el cuadro más severo de todo el país, con una una caída interanual del 16,1% en mayo -la más alta entre todos los distritos- y un derrumbe del 19,1% respecto de noviembre de 2023, lo que implica la desaparición de 510 empresas empleadoras en poco más de dos años y medio. Ninguna otra provincia argentina perdió, en términos relativos, tantas firmas empleadoras en ese período.
Ambos casos comparten un mismo patrón, al tratarse de provincias que durante las últimas décadas construyeron parte de su base productiva en torno a regímenes de promoción industrial -muchas veces ligados al sector textil e indumentaria- que hoy enfrentan la combinación de una fuerte caída del consumo interno, costos logísticos elevados por la distancia a los grandes centros urbanos y la retracción de los instrumentos de fomento que en su momento sostuvieron esas inversiones. El caso de ICSA, con su historia de creación post-pandemia, su pico de 150 empleados y su reducción a apenas 30, es una muestra a escala de ese proceso más amplio de desindustrialización que atraviesan las provincias del norte.
El fenómeno, de hecho, no se limita a Catamarca y La Rioja porque golpea de manera generalizada al Norte Grande, la región que integran las provincias del NOA y el NEA. Según los datos de Politikon Chaco, Misiones perdió 8,9% de sus empresas empleadoras en el último año (814 firmas) y 11,7% desde noviembre de 2023 (1.113 firmas); Chaco retrocedió 5,6% interanual (458 firmas) y 12,5% en el período largo (1.094 firmas); Corrientes cayó 6% interanual (495 firmas) y 11,8% desde el inicio de la actual gestión nacional (1.032 firmas). Salta, Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán muestran bajas algo más moderadas, pero ninguna escapa a la tendencia negativa.
En la comparación de mayo 2026 contra noviembre 2023, seis provincias del país exhiben caídas de doble dígito en su cantidad de empresas empleadoras, y la mitad de ellas -Catamarca, Chaco, Corrientes- pertenecen a esta región. La preocupación de los gobernadores también pasa porque los desempleados no encuentran nuevas fuentes de trabajo, excepto en el universo de las aplicaciones de servicios, lo que comenzó a generar un humor social negativo que podría impactar en los comicios del año próximo.