5 de noviembre 2026 - 19:16

El limón tucumano cerró una campaña de recuperación, entre el barro y la falta de gas

El NOA habría superado los 1,9 millones de toneladas y la exportación de fruta fresca creció cerca de un 20%. Las lluvias castigaron caminos y el tamaño de la fruta, el gas faltó en pleno invierno y el sector ya mira con preocupación un Niño que llega fuerte para la próxima temporada.

La citricultura es uno de lo principales pilares de al economía de Tucumán. 

La citricultura es uno de lo principales pilares de al economía de Tucumán. 

La campaña citrícola 2026 bajó la persiana en Tucumán con un saldo que el sector define como de recuperación porque hubo más fruta, mejores precios y más limones viajando al exterior que el año pasado. Pero fue también una temporada dura, atravesada por meses de lluvias que convirtieron las fincas en puro barro y por cortes de gas que pusieron en vilo a las plantas industriales en el momento de mayor molienda.

Roberto Sánchez Loria, presidente de la Asociación Citrícola del Noroeste Argentino (ACNOA), consultado por Ámbito, hizo un balance que mezcla alivio y cautela. Según explicó, la temporada tuvo contratiempos pero las empresas lograron cumplir con lo que se habían propuesto e incluso un poco más. El dirigente estimó que la exportación quedó alrededor de un 20% por encima de la de 2025 y que la producción regional superó con holgura los 1,9 millones de toneladas. El salto, precisó, se concentró en la fruta fresca, mientras que el volumen destinado a la industria se mantuvo en niveles parecidos a los del año anterior.

Cuánto se produjo y dónde

Las proyecciones técnicas elaboradas por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) junto a las empresas del sector calcularon para Tucumán unas 1.731.000 toneladas de limones, a las que se suman cerca de 250.000 toneladas de Salta y Jujuy. En total, el NOA rondaría los 1,98 millones de toneladas, un crecimiento aproximado del 12% frente al ciclo anterior. Tucumán aporta así casi nueve de cada diez limones de la región.

La base productiva tucumana, de todos modos, es más chica que hace unos años. La provincia cuenta hoy con unas 40.900 hectáreas netas de limoneros de dos o más años, lejos de las cerca de 50.000 que llegaron a contarse antes de la crisis de sobreoferta, cuando las empresas debieron erradicar miles de hectáreas y dejar otras sin mantenimiento. El relevamiento técnico advierte además que casi un tercio de las explotaciones tiene plantaciones de más de 20 años y que unas 2.600 hectáreas muestran un manejo productivo deficiente.

Un otoño bajo el agua

El clima fue el gran protagonista de la temporada porque en febrero llovió en 23 de los 28 días y el cuadro se repitió en marzo y abril. En junio, otra seguidilla de precipitaciones obligó a frenar la cosecha en las quintas cuando apenas se había levantado el 40% de la fruta; los envíos al exterior pudieron sostenerse gracias al stock acumulado en los empaques.

Debido a la persistente nubosidad y falta de horas de sol se demoró el engorde de la fruta y las empresas registraron calibres entre un 5% y un 7% más chicos que en el mismo período del año anterior, además de una menor concentración de jugo y ácido en los primeros cortes. La humedad también elevó la presión de plagas y enfermedades, y complicó el cumplimiento de los intervalos entre tratamientos sanitarios. En algunas zonas, las lluvias llegaron a triplicar los registros habituales.

Roberto Sánchez Loria, presidente de la Asociación Citrícola del Noroeste Argentino.

Roberto Sánchez Loria, presidente de la Asociación Citrícola del Noroeste Argentino.

Para Sánchez Loria, sin embargo, el principal daño no estuvo en el volumen sino en la logística porque los caminos internos de las fincas quedaron intransitables y sacar la fruta fue una tarea lenta y costosa, con camiones que debían circular con menos carga. Aun así, aseguró que la fruta exportada mantuvo los estándares de calidad que exigen los mercados.

El fenómeno de El Niño, que se fue consolidando en el Océano Pacífico a lo largo del invierno, asoma ahora como la mayor amenaza para la temporada que viene. Los organismos internacionales anticipan un evento muy intenso, con su etapa más sensible entre diciembre y marzo, justo cuando la fruta de la próxima campaña esté en pleno desarrollo. Las primeras señales ya se notan porque desde comienzos de septiembre se contaron unos 20 días de lluvia en las principales zonas productoras, cinco veces más que en el mismo lapso del año pasado. Por ahora, el monitoreo técnico indica que la floración de los limoneros se comporta de manera similar a la de la campaña anterior.

Precios que volvieron a sonreír

Del lado comercial, la temporada fue la mejor en años. La tonelada de fruta fresca, que había cerrado 2024 en torno a los U$S570 millones, arrancó 2026 por encima de los U$S800 millones, el valor más alto desde 2020. Lo explican la menor oferta de España y Turquía, la caída de la producción mundial y la escasez de jugo, aceite y cáscara en los mercados internacionales tras años de stocks abarrotados.

Los números del comercio exterior acompañaron ya que en el primer semestre, Tucumán vendió al mundo por U$S456,3 millones, un 17,9% más que en igual período de 2025, y el complejo del limón y sus derivados explicó casi el 59% de ese total. La provincia proyecta cerrar el año cerca de los U$S900 millones exportados. Los principales destinos siguen siendo la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia, y el sector suma ahora la habilitación de Panamá, que podrá aprovecharse recién en la próxima temporada. China e India aparecen en el horizonte como mercados difíciles, que demandarán tiempo. De todos modos, la cáscara deshidratada, un derivado en el que Tucumán produce casi el 90% del total nacional, se vendió a precios entre un 20% y un 25% inferiores a los de temporadas anteriores.

El cliente que más pesa

Estados Unidos se consolidó como el principal mercado del limón tucumano porque en el primer cuatrimestre del año encabezó la lista de destinos del complejo de cítricos agrios, por delante de Irlanda, Países Bajos, Rusia e Italia, en un período en que las ventas externas del sector alcanzaron su mejor marca en dos décadas: U$S108 millones y algo más de 50.000 toneladas, con subas del 36% en valor y del 50% en volumen.

En el primer semestre, Estados Unidos compró casi el 19% de todo lo que Tucumán vendió al exterior, unos U$S85 millones, con un alza del 4,3% interanual. Allí no solo llega fruta fresca: el país del norte es también uno de los grandes compradores del aceite esencial y del jugo concentrado que salen de las plantas tucumanas.

En los embarques de fruta fresca que las empresas despacharon en contenedores por la terminal de Zárate, uno de cada cuatro tuvo como destino Estados Unidos; el resto fue a Europa. El cambio es notable si se recuerda que el mercado estadounidense estuvo cerrado durante 17 años y recién se reabrió en 2018, con un primer envío de apenas tres contenedores. En 2024, por primera vez, Tucumán le vendió más limones a Estados Unidos que a la Unión Europea.

Ese protagonismo tiene su contracara debido a que desde abril de 2025 rige el arancel adicional mínimo del 10% que el gobierno de Donald Trump aplicó a las importaciones argentinas, que encareció la fruta y se sumó a los gravámenes que ya pagaban el jugo y el aceite. En el caso del jugo, además, las exportaciones siguen atadas a un acuerdo con el Departamento de Comercio estadounidense que fija un precio mínimo de referencia para evitar una investigación antidumping. El sector, de todos modos, compite en mejores condiciones que Sudáfrica, uno de sus principales rivales en ese mercado, que enfrenta un arancel bastante más alto.

El gas, el dolor de cabeza

La industria limonera depende del gas natural para moler la fruta y secar la cáscara, y este año el suministro estuvo en duda desde el arranque. Una resolución nacional recortó hasta un 35% la capacidad de abastecimiento industrial para el NOA respecto de 2025, y con la llegada de la ola polar de junio las plantas llegaron a quedarse sin suministro. La alternativa, el gas natural licuado importado, cuesta hasta seis veces más.

En su momento, ACNOA advirtió que una paralización de la industria pondría en riesgo las exportaciones, el ingreso de divisas y unos 50.000 empleos directos e indirectos. Con el diario del lunes, Sánchez Loria relativizó el impacto porque la interrupción fue breve, provocada por la caída de las temperaturas, y aseguró que luego las entregas se normalizaron.

Salta y Jujuy, el otro polo

Fuera de Tucumán, la citricultura de Salta y Jujuy aportó alrededor de un cuarto de millón de toneladas de limones y sigue ganando visibilidad. Durante el invierno, el limón jujeño figuró junto al tucumano entre los principales abastecedores del Mercado Central y se destacó por su calidad y presentación. A diferencia de Tucumán, donde el limón es casi un monocultivo citrícola, en ambas provincias la actividad está más diversificada con naranjas, mandarinas y pomelos.

Jujuy, además, atrajo inversión extranjera: la californiana Limoneira, uno de los gigantes del limón en Estados Unidos, se asoció con un grupo argentino e incorporó Finca Santa Clara, un establecimiento con unas 485 hectáreas de limoneros en esa provincia.

El balance de ACNOA describe una recuperación lenta pero sostenida, después de varios años de sobreoferta mundial que hundieron precios y obligaron a achicar la superficie. Desde 2025, sostiene la entidad, los stocks industriales se estabilizaron y el negocio intenta normalizarse. La preocupación ahora pasa por los costos, ya que los productores advierten que los insumos, los fletes y la logística subieron más rápido que el precio de la fruta, y que la mano de obra es el componente más sensible en cada paritaria. Con un Niño que promete un verano muy húmedo, las miradas estarán puestas en su evolución e impacto.

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