Oficialismos, obligados a repensar gestiones y a blindar boleta propia

Ambito Nacional

El día después de las PASO sirvió para la catarsis de los gobernadores derrotados. Caídas impensadas en Chaco, Santa Cruz y La Pampa fuerzan drástico giro en la campaña.

Todavía con evidentes trazos de cansancio que arrastraban de la madrugada del lunes, la mayoría de los gobernadores oficialistas ensayó ayer una digestión pública de la derrota en las PASO y coincidieron en una definición: sólo un cambio de rumbo en las gestiones y una mejoría en las condiciones de las economías locales en los próximos dos meses podrían revertir un resultado el 14 de noviembre o, al menos, acortar distancias.

Más allá de las palizas esperables en Córdoba, Mendoza y CABA, la multiplicación de los triunfos de las listas de Juntos por el Cambio en distritos impensados como La Pampa, Chaco y Santa Cruz, emblema del kirchnerismo, desdibujó la expectativa con la que los oficialismos que gobiernan esos distritos habían llegado a las elecciones de este domingo. Incluso, las victorias del Frente de Todos que gobierna en Catamarca, La Rioja, San Juan y Formosa, o la de un aliado como el Frente Cívico de Santiago del Estero (vota gobernador en noviembre) o el Frente Renovador de Misiones, terminaron bajo análisis y obligaron a un replanteo que excede las consideraciones que manejará desde hoy la Casa Rosada a partir del masazo, especialmente, en la provincia de Buenos Aires.

Pero mientras continuaban las interpretaciones sobre las derrotas, y también sobre los márgenes de las victorias acotadas, los gobernadores buscaron exhibir una reacción fuerte ante el sombrío panorama. Muchos, incluso, mascullaron entre sus colaboradores más cercanos su malestar por el impacto en sus distritos de una crisis que no consideran propia: “Las elecciones nacionales se comportan de una manera diferente a las provinciales. Y acá hubo una tarjeta roja para el Presidente, que terminamos pagamos todos”, leyó un hombre cercano a los despachos de uno de los mandatarios que, paradójicamente, había logrado este año una abultada victoria en las elecciones locales.

El mandato, de aquí al 14 de noviembre, es “cuidar las boletas” propias más que nunca. “Blindarlas frente a las esquirlas nacionales”, desafió el mismo armador y anticipó la necesidad que plantearon en cadena varios gobernadores de “reorganizar y revisar” la estrategia de campaña para no repetir en las generales el bochorno del domingo.

Miradas

“Es momento de análisis, todavía, no hay planes concretos para salir a ganar más votos”, señalan laderos de un gobernador peronista. En distritos donde el PJ gobierna desde 1983 ven con sorpresa que Juntos por el Cambio haya superado su supuesta adhesión con 30 puntos de techo. Y llevan el planteo más allá de noviembre. “Quizás nos estamos quedando en el tiempo, y nos cuesta leer a la sociedad”, mencionan en tono autocrítico. “¿Qué es Perón para un pibe de 16 años que votará en 2023?”, sigue la reflexión. Más pragmatismo, una posible salida. ¿Menos marcha, más equilibrio?

Otro punto de vista, de corte más cercano a la matemática que a la construcción política, es qué pasará con el universo de aquellos que no fueron a votar en las PASO y que sí lo harán en las generales. O cómo harán los ganadores de las internas de Juntos por el Cambio para que los votos de las otras ramas no se dispersen en otros espacios. Por ejemplo, en Santa Fe: ¿podrá Carolina Losada retener las voluntades de las tres listas contra las que compitió y mantener el 40%? ¿O las de su perseguidor Maximiliano Pullaro, identificado también con el Frente Progresista por su pasado como ministro podrán mudarse de espacio? En JxC esta situación se da en 17 provincias.

Sobrevivientes

En el hundimiento general del Frente de Todos, hubo sobrevivientes. Acaso, el máximo ganador en ese lote es el tucumano Juan Manzur, que anotó doblete: derrotó con holgura en la interna a su vice Osvaldo Jaldo en una pelea clave por el poder del PJ provincial, y a su vez le sacó 13 puntos de ventaja a Juntos por el Cambio.

También pudieron celebrar el riojano Ricardo Quintela y el Catamarqueño Raúl Jalil, en ambos casos con guarismos superiores al 50%. Sin embargo, la ola amarilla obliga a ambos a no bajar la guardia. “No nos podemos confiar, tenemos que seguir trabajando”, dijo Jalil. “Nosotros estamos con mucha obra nacional, rutas cloacas, viviendas, impensadas en el gobierno anterior de Mauricio Macri. Hay mucha obra provincial y municipal”, explicó Jalil y su victoria, y llamó a “construir una agenda pospandemia” para revertir los resultados nacionales.

En sentido similar, Quintela afirmó: “No se triunfó todavía porque en noviembre tenemos que redoblar los esfuerzos”. Y pidió “ampliar esta ancha avenida del justicialismo y convocar a todos aquellos compañeros que se sentían de lado”. En otro orden, las victorias norteñas llevarán a pedidos de “mayor protagonismo” dentro del Frente de Todos.

Otras victorias PJ, aunque más ajustadas, se dieron en San Juan y Salta. Mientras que Sergio Uñac volvió a triunfar en el distritos cuyano, esta vez por apenas cuatro puntos, en Salta el FdT dio vuelta la elección por escaso margen con la llegada de los últimos votos del interior provincial para la lista que encabezó Emiliano Estrada. No obstante, el gobernador Gustavo Sáenz se mostró (tras haber ganado la elección provincial en agosto con su armado transversal), como un actor añadido al FdT y no como su cara visible. De hecho, ayer mencionó que el “voto fue un claro mensaje al gobierno nacional”.

Asimismo, en Santiago del Estero el FdT no se presentó, de alguna forma reemplazado por el Frente Cívico (con el PJ incluido en la alianza). Y el mandatario Gerardo Zamora es otro de los vencedores destacado entre los afines a la Casa Rosada. El 55% le da optimismo para noviembre, cuando los santiagueños deberán votar también para el cargo de gobernador, con Zamora con posibilidades de ser reelecto.

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