La acción oficial para paliar este nuevo hecho incluyó el tendido de «un puente aéreo» que habilita la comunicación y asegura la provisión de elementos vitales para los pobladores. En tanto, sigue funcionando el puente ferroviario, que consiguió sortear los embates climáticos y la furia de los caudales. El gobierno de Juan Carlos Romero procuraba restablecer, además, el normal abastecimiento de agua potable, energía eléctrica y telefonía celular, cuya provisión se había puesto en riesgo a raíz de las intensas precipitaciones. En la actualidad, la alternativa de comunicación incluye un tramo de vía terrestre (por ómnibus hasta la Ruta 81), que se vincula con la ferroviaria y, finalmente, con la vía fluvial (mediante una embarcación que cubre unos 30 kilómetros).
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