28 de enero 2004 - 00:00

Intendentes de la discordia

Va desde los acercamientos al ex intendente rosarino Hermes Binner (PS) y al mediterráneo, Luis Juez (Partido Nuevo) -que inquietaron, respectivamente, a los administradores peronistas Carlos Reutemann y José Manuel De la Sota-, hasta el odio acérrimo al radical Héctor Roquel, de Río Gallegos, por arrebatarle la intendencia, que supo ser suya, al peronismo santacruceño.
La política microfísica que aplicó el kirchnerismo para ganar poder frente al duhaldismo y el resto de las corrientes del PJ, y que hizo furor en las elecciones provinciales del año pasado, tuvo una de sus patas fundamentales en los intendentes que se iban alineando con la mentada «renovación».
Kirchner jugaba un acertijo político de silencios y frases estratégicamente libradas a los grabadores de la prensa que pusieron los pelos de punta a más de un compañero gobernador.
El caso más claro fue el santafesino, donde aseguraba apoyar a Jorge Obeid para la gobernación, pero, al mismo tiempo, no cesaba de alabar al entonces intendente Binner, quien por entonces también se candidateaba para gobernador.
A
De la Sota, por su parte, se le corta la respiración cada vez que su archirrival Juez es recibido en la Casa Rosada. Todo plan con que es favorecido el intendente de la capital cordobesa es vivido como un retroceso político en la Casa de las Tejas.
Es por eso que el interés demostrado por los funcionarios nacionales hacia la Federación Argentina de Municipios (FAM) no es un hecho de menor importancia que merecería pasar inadvertido por el observador político. De hecho, el mayor dolor que debió sufrir Kirchner en persona fue la pérdida por parte de sus herederos peronistas de Santa Cruz de la intendencia de Río Gallegos.

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