4 de agosto 2008 - 00:00
Un agosto con desafíos para Sapag
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El peronismo acelera en las provincias y busca ordenarse frente al mal momento del Gobierno
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La Suprema Corte bonaerense exigió que se cubran sus cuatro vacantes y presentó un proyecto de autarquía financiera
La agenda pivotea entre la recomposición de las relaciones con el matrimonio de Cristina y Néstor Kirchner -empañadas por el voto de los legisladores nacionales del Movimiento Popular Neuquino en el conflicto con el campo-, el cierre de la negociación de la prórroga de los contratos petroleros, el nombramiento de los máximos magistrados del Poder Judicial, la concreción de la licitación por la central hidroeléctrica de los Chihuidos, reabrir la discusión salarial con los gremios estatales y resolver el empantanado tema de las viviendas.
Si bien el gobernador reaccionó con velocidad y se alineó sin tapujos cuando se avizoró que los Kirchner se abroquelaban en su caparazón y amenazaban con resistir el embate de la oposición y de importantes sectores del propio peronismo, la pareja de Olivos le deslizó su malestar por el voto contrario de los diputados José Brillo, Hugo Acuña y Alicia Comelli primero, y del senador Horacio Lores después. Pero los diputados le permitieron al kirchnerismo tener el quórum suficiente para tratar y conseguir por mayoría el apoyo al proyecto de ley sobre retenciones que mandó la Presidente. «Sin embargo, eso no se entendió», se razona con alguna amargura en la Casa de los Torreones de la capital neuquina.
Sin grises, pero sin muchas alternativas en esta difícil encrucijada de la administración provincial, dependiente de los auxilios financieros de Nación y de la buena predisposición de la Presidente para cerrar con éxito los dos puntos más importantes de la agenda del gobernador, que le permitirán afrontar con éxito el resto de los desafíos: cerrar los acuerdos con las petroleras para extender las concesiones y lograr que aparezcan los inversores para Chihuidos.
Del petróleo y del gas, Sapag espera que ingresen en la caja provincial unos u$s 800 millones, casi dos tercios de un presupuesto. Esta suma se desprende de los u$s 500 millones en concepto de anticipos que habrán de poner las empresas que extraen crudo y gas en la denominada Cuenca Neuquina y otros u$s 300 por mejoramiento de las regalías, al reconocerle Nación que el petróleo neuquino debe pagarse u$s 49 y no u$s 42, como se les abona a otras provincias, por ser de mayor calidad.
La hidroeléctrica significará, de arranque -habrá que ver después los mayores costos-, una inyección de u$s 1.000 millones en una obra que irradiará puestos de trabajo directos e indirectos que superan los generados por todas las construcciones realizadas en la capital provincial en los últimos 10 años.
Para esas dos jugadas claves, Sapag precisa del apoyo presidencial, que sólo admite incondicionales. Pero tampoco puede descuidar el frente interno del MPN, donde enancado en la crisis del modelo kirchnerista aparecen los reflejos de un sobischismo envalentonado.
De allí entonces que Sapag trate de mantener contra todas las tempestades el camino intermedio que eligió desde antes de asumir, el 10 de diciembre. Alejarse del sobischismo, pero no demasiado, para no quedar girando en el vacío en su propia base de sustentación política, que es el partido al cual representa y que se mantiene en el poder sin alianzas extemporáneas, aunque se recicle interiormente -como el PRI mexicano- en sectores antagónicos, pero que se unifican -al igual que el peronismo de donde proviene- apenas huelen que pueden perder el control de los negocios del Estado.



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