22 de mayo 2008 - 00:00

Brasil producirá 20% más de etanol para combustible

El debate sobre los beneficios de que los países se dediquen a producir biocombustibles cada vez es más áspero. El alza del petróleo disparó el interés por concentrarse en este producto y colocó principalmente a Brasil en el centro del análisis.

Los críticos, como Fidel Castro o el presidente peruano Alan García, culpan a los biocombustibles del encarecimiento de los alimentos que está elevando peligrosamente la temperatura social en los rincones más pobres del planeta. La situación, dicen, empeorará a medida que Estados Unidos, el mayor consumidor de energía del mundo, sustituya durante la próxima década 20 por ciento de su gasolina con etanol.

Pero, a la vez, los productores defienden el cultivo. Un caso ilustrativo es el del agricultor brasileño Paulo Simarelli, que no se arrepiente de haberse subido al carro del etanol.

La destilería que arrienda sus 120 hectáreas para plantar caña de azúcar paga mejor, explica, que el algodón que su familia cultivó durante casi medio siglo en las mismas tierras del estado de San Pablo. «Todo el municipio dejó el algodón y nos pasamos a la caña, porque da más dinero. La destilería se ocupa de todo y me paga», dijo desde Leme, a 190 kilómetros al noroeste de San Pablo.

Agricultores como Simarelli ayudaron a convertir a Brasil en el segundo mayor productor de etanol del planeta, casi al mismo nivel de Estados Unidos.

Los defensores de los biocombustibles también piensan en Estados Unidos, pero como una oportunidad de negocios.

«El desarrollo de los biocombustibles en América debe ser entendido dentro del contexto global de las tendencias de producción y de consumo de energía», dijo el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en un estudio titulado «Un modelo de energía limpia en el continente americano».

Por ahora, el mercado estadounidense es poco atractivo debido a los subsidios a la producción doméstica de etanol de maíz y los fuertes aranceles a las importaciones. Pero las condiciones de acceso podrían cambiar, puesto que Estados Unidos necesita unos 132.500 millones de litros de etanol para 2017, más del doble de la producción global actual.

Países como Guatemala, el quinto mayor exportador de azúcar del mundo, aceleraron la producción de etanol hasta 170 millones de litros anuales y tienen un ojo puesto en el Norte.

«Es una oportunidad de negocios para toda la región», explica Aída Lorenzo, gerente de la Asociación Promotora de Combustibles Renovables del país centroamericano.

Colombia está desarrollando su industria de etanol de caña y tiene, según el BID, potencial para fabricar además biodiésel a partir de oleaginosas. Perú, otro productor de azúcar, ya está destilando y la Argentina, un líder mundial en cultivos de soja, tiene enormes perspectivas.

Cualquier debate sobre biocombustibles, dicen sus defensores, debe distinguir entre el etanol brasileño fabricado con caña de azúcar y el estadounidense producido con maíz.

El uso de maíz sería hasta ocho veces menos eficiente que la caña de azúcar. La demanda y los subsidios en Estados Unidos empujaron los precios el grano al máximo de una década, estremeciendo los mercados en medio mundo.

«En el corto plazo es muy probable que la rápida expansión de la producción de biocombustibles a nivel mundial tenga efectos importantes en el sector agrícola de América Latina y el Caribe (...) poniendo en riesgo el acceso de los sectores más pobres a los alimentos», advirtió en abril el Fondo de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Los pobres gastan 75 por ciento de sus ingresos en comida. En América latina, donde según la FAO, la cantidad de alimentos es 30 por ciento superior a la demanda: más de 50 millones de personas se van a la cama con hambre.

Brasil insiste en que el etanol que destila desde hace tres décadas a partir de caña de azúcar es sostenible y no amenaza la seguridad alimentaria. ¿Y la crisis? Es culpa de los subsidios agrícolas del Primer Mundo y de que hay más bocas que alimentar en el planeta, dicen.

André Nassar, director general del Instituto de Estudios sobre Comercio y Negociaciones Internacionales de San Pablo, habla de una «relación íntima» entre petróleo y las materias primas agrícolas debido a los subsidios y al encarecimiento de los fertilizantes.

«¿Quieres saber qué va a ocurrir con los precios de los alimentos? Sigue los precios de la energía», dijo.

El asesor de Naciones Unidas para la alimentación, Jean Ziegler, dijo que los biocombustibles son un «crimen contra la humanidad». Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional, dijo que plantean un «problema moral».

La Comisión Económica para América latina y el Caribe (CEPAL) calculó que la inflación en los precios de los alimentos fue en 2007, de 15 por ciento. Eso representó 15 millones de nuevos pobres.

Aun así, el director general de la CEPAL, José Luis Machinea, explica que los biocombustibles son sólo parte de una ecuación que incluye, en primer lugar, el aumento de la demanda de alimentos en China e India y problemas climáticos que deprimieron las cosechas en algunos países.

«Decir que los biocombustibles son los malos de la película me parece que no es acertado. Tienen un impacto, pero no se puede decir que todo esto se deba a los biocombustibles», dijo recientemente.

Brasil, que comenzó a producir etanol en la década de 1970, mezcla hasta 25 por ciento en su gasolina y ocho de cada diez nuevos automóviles son capaces de rodar usando sólo con etanol.

Además es uno de los pocos países del mundo con suficientes tierras para expandir su producción de biocombustibles de caña que, aseguran, este año crecería entre 15 y 20 por ciento.

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