Carne: medidas postergan crecimiento de ganadería
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El frigorífico Marilú Damiano apuesta a la carne premium y las exportaciones en plena retracción del consumo
Consumo comparativo por país demuestra la baja incidencia de las carnes sustitutas en el país.
Todo este efecto precio se ha visto potenciado en la República Argentina como consecuencia de la devaluación y su incidencia sobre los salarios en relación con los productos transables internacionalmente.
Asimismo, la situación política se torna particularmente vulnerable si se tiene en cuenta que la Argentina es el país que más carne por habitante consume en todo el mundo. De allí, el desesperado esfuerzo del gobierno por mantener el precio de la carne vacuna bajo mediante retenciones a las exportacionesy luego la prohibición lisa y llana de exportar. Sin embargo, estas medidas están lejos de ser una solución adecuada al problema. Al reducir drásticamente el precio interno de la carne, se reducen también drásticamente los incentivos para producirla.
Adicionalmente, la prohibición de exportar contribuye a cerrar los mercados externos cuya apertura tanto ha costado al país, lo que disminuye sustancialmente el ingreso de divisas por exportaciones así como el desarrollo de un sector pujante con un altísimo empleo indirecto, especialmente en el interior del país.
Sin mencionar el efecto político en las negociaciones internacionales sobre restricciones y subsidios a la actividad agropecuaria. Como es sabido, la incidencia de la inseguridad jurídica es enorme en el sector ganadero en razón del prolongado período de producción que requiere poner un bife a disposición del consumidor.
Desde esta perspectiva política, una solución técnica adecuada al problema debería incluir un precio interno reducido en beneficio de los consumidores locales, una política pro exportadora en beneficio de los productores y trabajadores directos e indirectos. Una parte importante del interior del país vive en función de la actividad agroganadera.
Mantener un precio relativamente bajo de la carne vacuna en el mercado doméstico sin desalentar las exportaciones requiere disminuir parcialmente la demanda local de carne vacuna incrementando la oferta de otras carnes a buen precio.
La Argentina tiene el consumo anual más alto del mundo de carne vacuna por habitante, 65 kilos, seguido por Estados Unidos con 44 kilos y Uruguay que consumía 45 kilos y ahora consume sólo 24 kilos. El consumo de cerdo, por su parte, es increíblemente bajo, consumiéndose 6 kilos por habitante por año de los cuales 4 kilos por habitante por año son chacinados.
La Argentina es seguramente el más eficiente productor mundialde carne vacuna a pasto, pero en las actuales circunstancias de competencia por la tierra entre la agricultura y la ganadería, la única forma de aumentar la producción es con el engorde y/o terminación a corral. Lejos de ser esto una desventaja, constituye una ventaja importante en el contexto actual dado que el grano está subsidiado en el mercado doméstico por efecto de las retenciones a las exportaciones de granos.
Ahora bien, el factor de conversión de grano en kilo de carne del ganado vacuno es mucho más alto que el de las aves o inclusive el ganado porcino. En la actualidad, se necesitan aproximadamente 6 kilos de granos para producir 1 kilo de carne vacuna, mientras que para producir 1 kilo de carne de cerdo o pollo se necesitan algo más de 3 y 2 kilos de grano respectivamente.
El cerdo y la avicultura tienen una ventaja adicional dado que son de multipariciones anuales, contra la monoparición del ganado vacuno, y tienen un período de producción relativamente menor. Mientras que un cerdo demora solamente 180 días desde su nacimiento hasta que esta listo para su consumo, siendo este plazo aún menor el caso del pollo, el ganado vacuno requiere como mínimo 2 años hasta su terminación.
De esta forma, ya están naturalmente dadas las condiciones de mercado para una sustitución importante de carne vacuna por carne porcina o de pollo. Una reducción artificial del precio de la carne vacuna, que no es sostenible en el mediano y largo plazo, no hace otra cosa que posponer el desarrollo de los sectores productores de cerdo y aves, obstaculizando la tan necesaria sustitución.
Además de la reducción de la demanda local mediante sustitución por otras carnes, también es posible aplicar otras medidas destinadas a mantener el precio interno de la carne a niveles accesibles sin tener que recurrir a medidas restrictivas de las exportaciones.
Bajo el sistema de comercialización de media res actual los distintos cortes son distribuidos por igual en las diferentes carnicerías del país. Como todas ellas reciben la media res, ello lleva a que cortes de exportación relativamente caros sean asignados por igual tanto a las carnicerías ubicadas en zonas de alto poder adquisitivo como a las ubicadas en zonas de recursos bajos. El resultado es que los cortes que no se comercializan internacionalmente, como la nalga y el asado, se venden más caros en las zonas de bajos recursos dado que allí existe un exceso de demanda de esos cortes.
Al mismo tiempo, las carnicerías ubicadas en zonas de alto poder adquisitivo no alcanzan a satisfacer la demanda de cortes de mayor calidad como el lomo que es un corte de exportación.
La asignación óptima de los cortes requiere que la comercialización se haga por cortes y no por media res para que cada carnicería pueda adquirir aquellos cortes que son más demandados. El resultado esperable será un incremento en el precio de los cortes de exportación y una reducción en el precio de los cortes destinadosal mercado local.
De esta manera, aun cuando el promedio del precio de la carne se mantenga la brecha entre cortes de exportación y cortes domésticos se incrementará. Pero, en todo caso, el precio relevante será el de los cortes domésticos y no el de los cortes exportables cuyos consumidores pueden y prefieren pagar un mayor precio.
Hay dos temas que no podemos dejar de mencionar si se pretende mantener una política que promueva la exportación al mismo tiempo que defiende a los consumidores del mercado interno:


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