... todavía no termina de entenderse bien el impacto de las nuevas medidas económicas y no son pocos los que prevén que, con el nuevo tipo de cambio para la importación, se van a producir aumentos en los precios de varios agroquímicos de los básicos, cuya materia prima se importa o directamente el producto final viene de afuera. Tampoco está del todo claro el tema del IVA al gasoil. Por lo bajo, en sectores oficiales se reconoce que muchos productores tienen un crédito IVA estructural y de ahí que en las huestes que comanda Héctor Constantino Rodríguez, el titular de la AFIP, se esté estudiando un mecanismo para «devolverle» este crédito a los productores. La posibilidad sería más que positiva para el sector, pero nadie quiere entusiasmarse con la idea. Dicen que si la AFIP tiene demorada la devolución de varios miles de millones de dólares a los exportadores (hablan de alrededor de u$s 8.000 millones), que es un sector mucho más concentrado en, comparativamente, pocas empresas y, en general, grandes ¿qué alternativa pueden tener los productores agropecuarios que mayoritariamente son PyMEs y están atomizadas?
... este no es el único inconveniente con el organismo recaudador. La gente del campo cree que, en realidad, los tributaristas oficiales no conocen mucho del sector y por eso nunca quisieron meterse demasiado con los temas del campo y sus agroindustrias. Esto justificaría que aún no esté oficialmente en marcha el «caudalímetro», mecanismo propuesto por el propio sector molinero organizado para evitar buena parte de la evasión en harinas. El instrumento está aprobado desde el '98 y algunas empresas ya lo tienen instalado, pero parece que desde entonces se discute quién debe hacerse cargo de los controles desde el área oficial, ¿Agricultura o la AFIP? Naturalmente, pareciera que esta última, aunque toda la gestión para la aprobación del instrumento la hizo la SAGPyA e Industria hace más de 3 años. Otros sostienen que la demora se debe a una fuerte presión de algunas provincias que cuentan con plantas molineras, aparentemente, algunas de ellas no demasiado regulares, al menos en materia impositiva.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
... si se intenta aplicar este año la reglamentación de semillas a «rajatabla», el área de siembra para los cultivos anuales puede caer, al menos, 40%, lo que implicaría un recorte de cosecha superior a los 20 millones de toneladas. El tema es que no existiría la cantidad necesaria de semilla fiscalizada para afrontar tal demanda que, sólo en trigo y soja, representaría alrededor de 200 toneladas de simientes. Por un lado, y aunque son los principales semilleros los que impulsan y respaldan las lógicas normas (defensa de patentes, reconocimiento de inversiones en desarrollo e investigación, etc.), parece que no se previó semejante volumen de demanda. Por otro lado, si bien los productores no deben tener restricciones para la utilización de granos de su cosecha para uso propio, se estima que apenas 20% de ellos estarían en condiciones de cumplimentar las exigencias de documentación sobre el origen de esa semilla. Otros destacan, además, que los organismos oficiales no están en condiciones de inspeccionar las más de 600.000 hectáreas que deben ser afectadas para la obtención de este volumen de semilla fiscalizada, especialmente, tras la disolución del INASE, el ex Instituto Nacional de Semillas que ahora volvería a recrearse, aunque con una figura algo distinta.
... el incremento de producción de soja que conlleva el avance en el uso de las variedades transgénicas en el mundo, puede deter-minar una significativa caída en los precios internacionales de la oleaginosa durante los próximos años. De ahí que sean crecientes los proyectos de diversificación en el aprovechamiento de este grano, a fin de incrementar su demanda y sostener los valores. Entre los más avanzados se encuentra, naturalmente el bio-diesel, y de ahí la muy buena recepción que habría tenido el vicegobernador de Santa Fe, Marcelo Muniagurria, en su reciente visita a autoridades y organizaciones de productores de Estados Unidos y Brasil (países que, junto con la Argentina, son los 3 principales productores mundiales) para trabajar conjuntamente en esta línea. Algunos, incluso, ya comienzan a hablar de la «OPES», una especie de OPEP, pero sojera.