Dicen en el campo...

Campo

• ... que no es discutible que este fin de enero está siendo más que agitado. La cantidad de «heridos» y «contusos», tanto en la filas oficiales como en las de la dirigencia, lo demuestra claramente. Y eso que no está dicha la última palabra aún. El «arma» fue la carne, aunque sólo actuó como disparador ya que, en realidad, solamente sirvió para blanquear una cantidad de situaciones, del sector oficial y del gremial que, seguramente, van a ir decantando en los próximos días. Por ejemplo, casi quedó al desnudo la interna entre funcionarios lavagnistas y kirchneristas, especialmente tras las declaraciones del ex ministro, Roberto Lavagna, que conmocionaron la «pingüinera», constituyendo la gota que colmó el vaso y provocando inesperados cambios de funcionarios en los últimos días, tal el caso del Banco Nación y sus empresas satélites, por citar sólo un ejemplo. En Agricultura no fue mejor. Es que no pocos -dentro y fuera del gobierno (más específicamente en Economía)- miran con desconfianza al todavía titular del área, Miguel Santiago Campos, ya que le atribuyen el haber estado al tanto de que las principales entidades del sector no iban a firmar el acuerdo si, como sucedió, se sacaba la negociada rebaja de las retenciones del acuerdo. Los cuestionamientos surgen, dicen, por no haberle avisado esto a la titular de Economía, y su jefa, Felisa Miceli. Los que abonan esta teoría, la respaldan además en el hecho de que en la última reunión preparatoria en la SAGPyA, tras el largo e insustancial monólogo frente a las entidades, Campos se retiró de la negociación dejando sólo al flamante subsecretario, Fernando Nebbia. A éste, a su vez, no le estaría yendo mucho mejor entre sus ex compañeros de Economía. Por esta causa y también, igual que a Campos, por considerárselos «lavagnistas».

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• ... que, entre tanta teoría conspirativa y tanta mirada recelosa, no llamó demasiado la atención la serie de entrevistas que durante la semana se mantuvieron en la sede del Palacio de Hacienda, con los eventuales posibles sucesores de Campos que ya parece no contar siquiera con el respaldo de su esponsor original: el devenido kirchnerista, gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá. Tanto es así que en el grupo de tres candidatos, que serían los más factibles, figura Oscar «Cacho» Navas, uno de los pocos que sigue al lado de Solá desde Agricultura, donde se desenvolvía en el área de financiamiento. Ahora a cargo del fideicomiso del BAPRO. Consultado sobre la posibilidad del pase a la Nación, parece que Solá dio el OK, tal vez esperando así mejorar un poco la magra performance de su promocionado anterior. El otro que, aunque lo niega vuelve a estar en la terna, es el ex subsecretario de Agricultura durante la gestión Lebed-Duhalde, el tabacalero norteño, Marcelo Quevedo Carrillo, quien, a pesar de provenir del ruralismo de CRA, para este nuevo intento vuelve a aparecer respaldado por su propio gobernador, Eduardo Fellner, quien, a su vez, es hombre de gran confianza del propio presidente Kirchner, aunque Quevedo también cuenta con la simpatía de Miceli, que lo conoció durante su estada como director del Banco Nación donde aún sigue o, al menos, seguía hasta hace unos días. El terceto se completa con otro hombre de las finanzas, Julio Martín, también de confianza de Miceli, ya que fue uno de los principales asesores agropecuarios en el Banco Nación, antes de pasar a Leasing, y que en su haber cuenta haber manejado la fundación del INTA durante la presidencia del organismo de Guillermo Moore de la Serna. Los que más saben del tema, aseguran que las mayores chances están entre el primero y el tercero, aunque el veredicto, sin intervenciones de «ninguna» índole, dicen que será de la propia Miceli, así como la determinación del momento para los cambios.

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... que parece que la ministra quiere, finalmente, lograr un equipo que le solucione problemas y no que se los cree, y lograr un poco de calma después de tanto desmadre de actitudes y, especialmente de palabras, lo que la incluyó, a pesar de su aparente inamovible sonrisa de las fotos. Es que la cancha se embarró demasiado, al punto de no saberse claramente quién le hace las operaciones a quién. Naturalmente, las altisonantes declaraciones de Aníbal Fernández («El gobierno no es embaucador», ¿entonces quiso decir que los que habían mentido sobre la negociación de las retenciones eran los dirigentes?), el cegetista Hugo Moyano (que llegó a reflotar la cincuentista calificación de «oligarquía vacuna» para los productores), o del piquetero-legislador, Luis D'Elía no ayudaron demasiado a « refrescar» los recalentados ánimos de las bases agropecuarias que, a su vez, tienen jaqueada a buena parte de sus dirigentes, quienes no saben muy bien qué actitud adoptar frente a los enojos oficiales y los de sus propios representados. Justamente esas diferencias, que se vieron reflejadas en las distintas actitudes frente al acuerdo oficial, son las que hacen prever a varios, la ruptura del frente agropecuario que se venía manteniendo en los últimos años, al menos, entre las cuatro principales entidades nacionales del campo.

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• ... que tanta alteración por los precios de la carne y, por ende de la hacienda, sumada al silencio oficial (más el de las entidades, consignatarios, funcionarios provinciales, etc.), sigue haciendo pasar inadvertidas las irregularidades que están ocurriendo en el norte del país donde, se dice, ya rondarían 5.000 los vacunos faenados por no contar con la documentación probatoria de su origen. El hecho, que cobraría magnitud de escándalo en otras circunstancias, en este caso va pasando sin pena ni gloria excepto, claro está, su terrible significado respecto de la sanidad animal. «A este paso, las retenciones que por ahora son un problema económico, van a terminar siendo también un problema sanitario», dijo un especialista, aludiendo a las diferencias de precios en la frontera y a las alteraciones que se producen en cuanto a la vacunación de los bovinos.

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